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LAS FISURAS EN EL MANDO DE LAS FARC

Publicado el 01 de julio de 2008 / 15.00 hora de Bogotá D.C.

LAS FISURAS EN EL MANDO DE LAS FARC

El impacto que produjo la noticia sobre la muerte del máximo dirigente de la agrupación irregular colombiana, ha dejado un espacio de atención relativa a la presunción, bien afirmada, de una sutil fractura interna en la conducción de las FARC. Tal circunstancia se conocía desde hace bastante tiempo. Pero, en estos momentos,  tal disensión podría profundizarse en la coyuntura del reflujo de la agrupación y de la crisis consecuente que ha generado la pérdida de moral del combatiente irregular. Lejos está ya la expectativa de una victoria militar sobre la fuerza legal del Estado y la toma del poder por las armas. Hoy la agrupación, considerada terrorista, afronta una hora crucial y definitiva para su presente inmediato, además de un futuro incierto. Las culpas que se espetan entre los cabecillas del Secretariado tradicional, aquellos que aún permanecen activos,  y el corte de comunicaciones entre ese grupo de conducción, que va más allá de un elemental problema de escuchas técnicas de sus enemigos, están señalando el, para ellos, drama del quiebre y desgajamiento del mando estratégico. Las tendencias de la cúpula tienen que ver, en uno de sus vectores, con la cultura del narcotráfico y, en otro segmento  -el tradicional- con los principios ideológicos iniciales del grupo, que devinieron en fundamentalismo ideológico. 

Escribe: Rubén HIDALGO

 

La desaparición de Pedro Antonio Marín, quien era conocido con los nombres de guerra de "Manuel Marulanda"  y "Tiro Fijo", fue un factor aglutinante de las actuales tendencias de la organización al margen de la ley. Fue, además, su principal mito y, al tiempo, mito fundacional, pues fue ese mismo hombre quien fundó, a principios de los años 60, con otros colegas de desplazamiento por la violencia que vivía el país desde los años 40, el brote de organización armada campesina que después se llamó FARC. Fundación que se produjo en 1964, para mayor precisión.

La presencia de Pedro Antonio Marín hacía menos evidente las distancias entre las diferentes tendencias de los jefes, incluidos en especial los del llamado Secretariado de la organización. En los últimos tiempos estas distancias se habían profundizado al calor de la lucha y de la ofensiva del Estado, que agudizó la administración de Álvaro Uribe, con su esquema político de la Seguridad Democrática.

Ese esquema ofensivo  tuvo su etapa preparatoria durante la gestión de Andrés Pastrana, entre 1998 y 2002,  vía fortalecimiento de la capacidad de las tropas oficiales, bajo el denominado Plan Colombia el cual incluía, además del apoyo económico directo al plan de guerra, el respaldo tecnológico y de equipos para el combate. El retroceso de la vieja guerrilla marxista ortodoxa y de raigambre campesina comenzó a fines de 1998 e incluyó la ruptura y aniquilamiento de las formaciones de hombres que en el primer lustro de la presente década habían rodeado a la capital del país.

 

 

CULPAS PARTICULARES

Después de ese reflujo estratégico, que comenzó con la toma de Mitú en noviembre de 1998, los recientes golpes que recibió la organización ilegal,  y que incluyen la misma desaparición física de alias "Tiro Fijo", profundizaron la sensación de retroceso y búsqueda de culpables en el área de conducción.

 

Tal percepción sobre el cuadro de situación que afronta la agrupación ilegal, se hizo apenas visible cuando Rodrigo Londoño Echeverri, alias "Timoleón Jiménez" y  "Timochenko", al hacer pública la muerte del máximo cabecilla histórico de la organización criminal, habló de una expectativa de triunfo "pese a la adversidad",  en este momento de su vieja confrontación con el Estado y  con la sociedad colombiana. El alias de Timochenko que ostenta el exestudiante de medicina Rodrigo Londoño, hace alusión al mariscal de la Unión Soviética, Semión Timoshenko, un militar ucraniano que fue reemplazado por Georgy Zhukov, en 1942, en el mando de las tropas que defendían a Stalingrado. Fue, a diferencia de Zhukov, un mimado de Stalin y un mariscal de derrotas.

Las diferencias de percepción del cuadro situación que afronta el mando de las FARC, pueden esquematizarse así:

  • El propio Timochenko recibió consenso para su marginamiento o degradación simbólica, por la pérdida de los frentes irregulares armados que operaban sobre el centro del país en la región del Magdalena Medio, en la segunda mitad de la década pasada. Eso originó un verdadero ostracismo del cabecilla, entre los territorios fronterizos de Venezuela y Colombia y el corte del flujo de recursos para su sostenimiento.

 

  • Una situación similar ha sufrido alias Iván Márquez, quien los últimos meses del año pasado y los primeros del presente ofició como una suerte de enlace con el gobierno de Venezuela y personajes afectos de la clase dirigente colombiana, la senadora Piedad Córdoba, entre ellos. A Márquez, cuyo verdadero nombre es  Luciano Marín Arango, se le ha enrostrado la disolución y pérdida de los contingentes de las FARC sobre dos grandes áreas sobre las que tuvo responsabilidad: el Bloque Occidental en el Urabá y el Bloque Caribe, sobre la costa del mismo nombre. En sus comienzos, Márquez había iniciado su carrera delictiva con éxito en el Putumayo, al sur de Colombia con fronteras sobre Perú y Ecuador.  Eso le dio méritos para asumir mando en las  áreas donde después fracasó. Se considera que, hasta su aparición mediática en Venezuela, era el hombre, con responsabilidad, más aislado en el ostracismo. Mantenía, hasta su reaparición, un exilio dorado en Venezuela.

CULPAS ESPECÍFICAS

Pero el verdadero distanciamiento y tensión derivada, ha estado encabezado por Alfonso Cano y el Mono Jojoy. Este último  ha tenido y tiene responsabilidades de vanguardia pues a su cargo ha estado el desarrollo del llamado "Plan Estratégico", con el cual las FARC habían planeado tomar el poder. Ese Plan ya suma una demora, aproximada, de una década en su cumplimiento. El primero, por su lado,  es hoy el máximo dirigente de la organización.    

 

  • Guillermo León Sáenz, alias "Alfonso Cano", acusa a Jorge Bricerño Suárez, alias "Mono Jojoy"*, de varios de los fracasos de los últimos años en la confrontación militar. Entre ellos, la ruptura del cerco sobre Bogotá y la caída de los jefes que llevaban adelante esa operación, entre los años 2000 y 2004. También lo señala de ser culpable de la fuga de su lugar de cautiverio en la selva, en abril de 2007, del policía John Frank Pinchao. Además, de haber hecho caer a la organización clandestina en el verdadero "papelón" de la entrega del niño Emanuel Rojas, a fines del año pasado, quien en realidad se encontraba en un hogar de tránsito del gobierno colombiano. Ese problema de conducción provocó el ridículo de los presidentes Hugo Chávez y Néstor Kirchner -este último apenas culminado su mandato en la Argentina- y del cineasta Oliver Stone. Todos ellos formaban parte del grupo internacional que, entre diciembre y enero pasado, integraron el tinglado propagandístico y de recepción de un reducido número de secuestrados, entre los que se debió encontrar el mencionado infante.        

 

  • Jorge Briceño, por su lado, acusa a "Alfonso Cano" de falta de pericia en el control operativo de sus hombres, y tal incompetencia se habría hecho evidente en la masacre efectuada sobre el núcleo de rehenes, legisladores colombianos del Valle del Cauca, que las FARC mantenían secuestrados desde el año 2002 y que fueron ultimados entre abril y mayo de 2007. Tal situación, originó una repulsa universal por la barbarie de la acción a mansalva sobre civiles cautivos e indefensos. Debe aclararse que ese holocausto no fue un error circunstancial de la banda armada -un daño colateral- sino que es parte de su política sobre la población civil y, en particular, sobre aquellos que mantiene bajo secuestro. Es probable que a la denuncia generalizada sobre esa  práctica, violatoria del derecho internacional humanitario y las leyes básicas de la guerra,  es a lo que alias "Timochenko" denominó en su arenga fúnebre como  "asquerosa campaña mediática en contra de las FARC".

 

  • Dado el fracaso de la ofensiva sobre Bogotá, bajo la conducción de JojoyAlfonso Cano había reclamado al denominado Secretariado -compuesto por nueve miembros- y antes de asumir la conducción máxima de la banda, que la nueva arremetida sobre el Estado debería hacerse desde las regiones del suroriente del país, cuyo epicentro es Cali, y en cercanías de las localidades de Pradera y Florida sobre la cordillera occidental del país. Vale precisar que esa es el área de presencia militar ilegal de Cano y allí se encuentra el tercer polo en importancia del desarrollo industrial, agrícola y humano de Colombia. A ese reclamo, por razones de peso específico y gravitación personal, se habría  opuesto Briceño, al menos hasta el momento de la muerte de "Tiro Fijo". Cano se le señala en su contra, además, de haber llegado a la cúpula de las FARC no por mérito militar sino por afectos del desaparecido ideólogo y hombre de primera línea histórica, Jacobo Arenas, ya desaparecido**

Este último punto de fricción interna tiene, por otro lado, una arista de gran valor cualitativo para los planes alternos de la banda armada: la exigencia del grupo  para despejar de acción  militar oficial ese sector territorial de Colombia, con eje en Pradera y Florida. El argumento de que ese requerimiento está orientado a la posibilidad de negociaciones para la liberación de secuestrados,en realidad se derrumba en su consistencia debido a que, en verdad, estaría articulado con sus estrategias de guerra, en términos de la llamada "combinación continua de todas las formas de lucha".

 

Ninguno de los dirigentes máximos de las FARC son proclives a la negociación para otra cosa que no sea sus objetivos principales: el doblegamiento de la sociedad colombiana y la toma del poder. Sus dos principales líneas de concepción son por igual radicales, una en lo político y otra en lo militar. Nadie debe hacerse ilusiones al respecto (aresprensa.com).

 

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*En el habla popular colombiana la expresión "mono" endilgada a una persona no tiene connotaciones peyorativas, tal como sí ocurre en otros países de Sudamérica. El colombiano del común le llama "mono" o "mona" a la persona rubia.

 

** El verdadero nombre de Jacobo Arenas era Luis Morantes y murió en 1990, es probable que de cáncer. Fue el segundo al mando de las FARC después de Tiro Fijo y hasta su muerte. 

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Rubén HIDALGO

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