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LECCIÓN ALEMANA: EL POPULISMO Y LA CORRUPCIÓN MANCHAN AL FÚTBOL

Publicado el 07 de julio de 2010 / 22.15 hora de Bogotá D.C.

LECCIÓN ALEMANA: EL POPULISMO Y LA CORRUPCIÓN MANCHAN AL FÚTBOL 

La eliminación de la selección argentina por los germanos volvió a poner sobre la mesa el tema de las lógicas atípicas que mueven al fútbol argentino y su consecuente y permanente caída en términos de resultados y aspiraciones. Sería inexplicable la persistencia de la presencia de Diego Maradona en la orientación del conjunto rioplatense si no se sospechase que existen intereses y circuitos no explícitos que acompañan los procesos estructurales de la organización máxima del fútbol de ese país. La desdorosa presencia de "barras bravas" en Sudáfrica es otra evidencia vergonzosa en el mismo sentido. La catástrofe ocurrida para la Argentina y sus pretensiones deportivas no señala intención de enmienda. Por el contrario, todo indica que Diego Maradona será ratificado para infortunio tanto de la gente pensante -que también existe en la Argentina- como de quienes respetan las tradiciones de ese fútbol.  

Escribe: Edgardo "Cuqui" LÓPEZ  

Argentina fue un equipo que llegó cuestionado a este mundial de Sudáfrica. La eliminación y la pérdida definitiva de credibilidad de esta idea ¿idea? que encabezó Diego Maradona tenía sus días contados y Alemania puso las cosas en su lugar, después de un breve, fugaz, lapso de atmósfera populista y triunfalista en la primera fase del Mundial. 

Salvo, claro está, que el azar y el error hubiesen tenido mayor intervención en este proceso no era una aventura prever la catástrofe. Hubo azar y error en los primeros pasos de la participación argentina en esta cita universal y mucho más durante las eliminatorias, pero ese cuadro viable para la magia y el recurso religioso debía terminar y desde el inicio se podía advertir que lo más probable era que terminase mal, como en efecto sucedió. Pero una derrota por 6-0 frente a Bolivia no fue azar ni error durante el periodo eliminatorio sudamericano. Fue una alerta premonitoria.  

Esto, no porque sea malo ser quinto, octavo o décimo en un conjunto donde se miden 32 selecciones del mundo. No. Lo que ocurre es que a los argentinos tanto como a los brasileños lo único que les sirve ser campeones en justas como la que está a punto de culminar. El resto es fracaso y catástrofe. En ese marco no hay condiciones para aceptar medias aguas. Es todo o nada.  

Es importante señalar que esta etapa nefasta debiera cerrarse para el señor Maradona, no para la mayoría de sus jugadores. El grupo B en el que se insertó la Argentina por sorteo tuvo en realidad a Nigeria como único oponente para la medida y estatura de Argentina en una competencia de máximo nivel como lo es el Mundial. Ni Corea ni Grecia fueron en el papel rivales para poner en blanco y negro tanto limitaciones como virtudes de lo que planteó ¿planteó? Maradona en el campo de juego.  

Más allá de que es cierto que la Selección de Argentina ganó los tres partidos de la primera ronda y eso comenzó a alentar una esperanza y la ilusión de ese equipo tratado de manera emocional, con efusividad de barrio incluso confianzuda de Maradona, podría llegar hasta el límite de las exigencias. Cualquier mirada cruda, en ese momento, se hubiese detenido en los antecedentes y en un presente, incluso, en el cual las formas revelaban unas inconsistencias insalvables en el fondo.  

Aun con individualidades que pueden desequilibrar y volcar el resultado de cualquier partido, ponían en evidencia que el conjunto argentino no estaba en condiciones de llegar más allá de un sitio intermedio entre muchas otras selecciones que llegaron a Sudáfrica, pero no a colocarse entre la élite del mundo. Podía, como se vio incluso con un gol ilegítimo de Carlos Tévez, superar a un México que no pudo dar todo lo que tenía, aunque con mejor fortuna y actitud los mexicanos hubiesen desnudado a la Argentina antes de llegar al compromiso con los alemanes.  

Este grupo de Maradona no tenía la fortaleza del que enfrentó a México hace cuatro años en Alemania, ni los mexicanos de Javier Aguirre tuvieron la consistencia del equipo azteca que enfrentó a los rioplantenses en el Mundial anterior. Nunca se mostró esta Argentina como un equipo sólido, condición básica que sí exhibió, por ejemplo, el rival que lo eliminó de Sudáfrica y el Brasil de Dunga, incluso eliminado ante la práctica Holanda.  

EL PESCADO SE PUDRE POR LA CABEZA 

Bloques y equilibrio de conjunto nunca se mostraron por parte de la Argentina de Maradona, la cual por esa falencia de todo momento dejó, antes de su debacle frente a Alemania, la sensación de un grupo que tenía una estantería insegura y en proceso de armado permanente, frágil e inestable.  

Era claro, no fallaban algunos de sus jugadores por carencia de sustancia y argumentos futbolísticos, fallaban en el campo por las erróneas responsabilidades asignadas en el momento del juego, fallaban también los tiempos y la oportunidad de los cambios. Esa vulnerabilidad siempre a punto de estallar, lo hizo cuando se la exigió en el momento supremo. La vulnerabilidad era sustantiva: Argentina fue inconsistente desde la cabeza.  

Alguna vez el expresidente Juan Perón dijo que ciertas organizaciones son como el pescado: comienzan a podrirse por la cabeza. Eso sucedió con la selección argentina, un remedo de ciertas estructuras históricas del movimiento político que dirigió el caudillo argentino y que terminaron degradadas y en condiciones de catástrofe. Pero esa analogía tiene una diferencia, la cabeza no venía descomponiéndose en el proceso, siempre lo estuvo.  

Eso era lo que todo el mundo ya sabía, faltaba la ratificación empírica tal como sucede en el experimento científico. Los alemanes pusieron en funcionamiento su laboratorio y el inconsistente experimento Maradona se fue al suelo.  

Bastian Schweinsteiger, ese muchacho con apellido de cerveza rubia, volante mixto y figura del Bayern München, tuvo la tarea de carbonero de controlar a Messi, pero la estrategia del conductor teutón Joachim Löw fue la marca escalonada. Si no era el marcador principal era cualquier otro: la inmovilización de Messi, ayudada por la mala posición en el campo que le indujo Maradona durante todo el Mundial, hicieron el resto. 

Los errores de concepción del seleccionador argentino son en gran medida responsables del opacamiento del astro argentino durante el certamen. Messi es un repentista y receptor de pelotas cerca del área de riesgo, allí radica el eje de su talento, alimentado por hombres como Andrés Iniesta y "Xavi" (Xavier) Hernández, en el Barcelona. No es un recuperador retrasado ni un armador de juego que fue lo que se le asignó en esta Selección, para infortunio del joven astro.  

El plan de anular y congelar las incoherentes posibilidades de juego argentino funcionó a la perfección. A partir del cumplimiento de ese planteamiento estratégico germano el resto de la "blitzkrieg" ocupó todo el terreno. Por eso el gol debía llegar temprano, con el aprovechamiento del infatilismo y desorientación en la zaga argentina. La marca a Klose, autor del primer gol alemán, no podía hacerse a su espalda. Tampoco un arquero como Romero, quieto en la valla y con pose para foto de la caída o con oficio de estatua, tenía otra opción que la de afirmar la superioridad del rival. 

IMPOTENTE MONTONERA 

El plan de juego germano fue coherente con la falta de propuesta argentina. El rosario en la mano no podía seguir ayudando a Maradona si se tiene en cuenta que el fútbol no es otra cosa que una cuestión humana de planeación, concepción estratégica y táctica y disposición adecuada en el campo de juego. 

Además, tal como lo señala el precepto religioso, Dios ayuda cuando el hombre se ayuda a sí mismo. El recurso metafísico no opera por sí solo. No para estos casos, cuando se carece de fundamento para realizar con eficiencia la tarea. La aventura Maradona volvió a frustrar a la Argentina como ya lo había hecho en 1994, con el agravante esta vez de que con su racimo de desaciertos frustró también a un puñado de brillantes jugadores.  

La relación de estos desaciertos e impericia bien puede continuar. Por ejemplo: en el pasado inmediato ya se veía que Argentina carecía de medio campo, el espacio donde se elabora y aplica lo planeado, claro, si hubiese planeación. 

Maradona se había inmolado en tal sentido cuando hizo la elección de los 23 que viajaron a Sudáfrica. Prescindió en ese momento de los jugadores Estéban Cambiasso y Javier Zanetti. Este último ha jugado en, al menos, 5 posiciones diferentes y es el capitán del Inter de Milán, actual campeón de Europa. El orientador del Inter, José Mourinho, lo considera imprescindible en cualquier selección de fútbol seria del mundo. En su elección errónea y excluyente Maradona se castró y se privó de un medio campo posible. Cualquiera advertiría la evidencia en contra. Cualquiera, menos Maradona. 

Pero esto tiene su lógica. Todo parece indicar que los excluídos no estaban dispuestos a participar en los negocios en gris que bajo la batuta de Diego Maradona se generan en su propio beneficio para todo aquel que pretenda figurar en la plantilla de la selección argentina.  

De esa manera, un solitario Javier Mascherano fue condenado en el partido contra Alemania a perseguir de manera infructuosa a volantes, delanteros y hasta defensas alemanes que pasaban raudos a su lado aprovechando su solitaria impotencia para la contención y todos los espacios abiertos que dejaba en el terreno esa Argentina al garete. Tampoco podía hacerlo Nicolás Otamendi, improvisado como marcador cuando su oficio es la defensa, la retaguardia. 

Hubo además, en el descontrolado tablero de la disposición argentina, dos supuestos mediocampistas, Maximiliano (Maxi) Rodríguez y Ángel Dimaría, distanciados de las áreas decisivas no podían contener el avance en masa de la caballería blindada alemana , compuesta en formación impecable para la ofensiva, por Philipp Lahm, Lukas Podolsky, Miroslav Klose y Mesut Özil. Los alemanes sabían que si apretaban a la Argentina haría agua por todos los flancos. Hicieron todo bien en el plano táctico y estratégico mientras la Argentina se convertía en "sparring" de su rival, como si fuese un partido de entrenamiento de los alemanes frente a un equipo de barrio.  

La Argentina dio lástima y el hecho de que fuese un drama previsto no atenuó la sensación que genera la minusvalía frente al poderoso rival de circunstancia. Al final de cuentas y para la sumatoria de números negativos que han sufrido los argentinos con esta parte de la saga Maradona, los alemanes mostraron que se agigantaron ante una Argentina endeble por sustracción de materia y no eran invencibles. El resultado de la semifinal ante España lo pone en evidencia. 

En este punto cabe recordar un hecho histórico para trazar un paralelo. En los primeros días de la Segunda Guerra Mundial la caballería polaca, a caballo, enfrentó a los tanques alemanes. Fue una carnicería, pero quedó en alto el romántico heroísmo de la impotencia de los guerreros polacos.  

El paralelo en este caso fue tragicómico. El aplastamiento alemán convirtió a la mala formación y disposición argentina, casi en la imagen de una montonera del siglo XIX frente al ejército de línea. Los esfuerzos de algunos de los jugadores argentinos y la visión de un Messi borrado del campo, jugando cara al suelo, dicen de una anestesia semejante a la del cuadro histórico referido, pero sin heroísmo. En lugar de esa virtud para alimentar la literatura y la historia sólo apareció la impotencia de los actores en el campo, enmarcado en el desgreño de lo que debió ser una conducción estratégica. 

SOSPECHOSO BANCO TÉCNICO 

El triste caso Messi en esta Selección, ya reseñado, es paradigmático para definir las competencias al respecto del orientador argentino. Ese conductor que designó y mantuvo la AFA contra toda evidencia aunque con el apoyo de algunos, quizá amplios, sectores de la población argentina. 

No debe asombrar a nadie lo ocurrido, ¿cuáles son los méritos deportivos de quienes acompañan a Diego Maradona en el banco, como asesores técnicos? La pregunta seguirá flotando en el aire sin respuesta posible. Nadie podría responderla de manera precisa, salvo con una certeza: son amigos personales del seleccionador argentino quizá con más argumentos en conocimientos extradeportivos para su vida privada, que específicos en la misión por la cual la AFA les paga salario.  

En esto no puede aducirse que la presencia de Carlos Salvador Bilardo desmiente el cuadro reseñado de los amigos de Maradona en el banco del cuerpo técnico. Bilardo está al margen de ese oscuro cuadro y el gesto adusto de Sebastián Verón entre los suplentes, sin utilizar en los tiempos decisivos, podría abundar en mayores detalles al respecto. La sospecha de que todo este cuadro de fractura y derrumbe está alimentado por la corrupción que generan los negocios por debajo de la mesa, corre por todas las redes de información underground creíbles de América Latina.  

No nos aprovechamos de unas circunstancias en negro de la selección argentina y de las aspiraciones de un sufrido pueblo por una justa alegría. Lo real es que nunca la Agencia de Prensa Ares, desde estas columnas, apoyó la presencia de Diego Maradona en la conducción técnica de un grupo de jugadores distinguidos y destacados en todo el mundo, frustrados por una conducción inepta y de dudosa impecabilidad.  

Nos consideramos liberados de una responsabilidad complaciente y alcahueta. Ares siempre condenó la tozuda y poco brillante decisión de la AFA, coherente con la mentalidad premoderna de Diego Maradona, que acompañan no pocos argentinos. 

No obstante, sí estamos de acuerdo en que todo pueblo tiene el director técnico que se merece para su selección de fútbol. Lo que se vio en la llegada de los albicelestes a Ezeiza hace evidente que esa condición necesaria de la mentalidad moderna, la autocrítica como paso previo para trascender las crisis, no reina en el imaginario de muchos argentinos. 

El populismo en general no es bueno para nadie por la atmósfera de catástrofe y corrupción que siempre lo acompaña y finalmente precipita, menos podría serlo para untar al fútbol con semejante mancha. Pero ahí está. Lo seguimos viendo después del derrumbe argentino frente a Alemania en este Mundial de Sudáfrica, precipitado no por las circunstancias azarosas del juego sino por una mentalidad endeble de un conjunto institucional, colectivo e individual  que parece no dar para más que la derrota sin decoro (aresprensa.com).

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