logo_aresprensa_notas
LEGADO DE SANTOS

Publicado el 10 de agosto de 2018 // 09.30 hoas, en Bogotá D.C.

Se Fue el controversial presidente

LEGADO DE SANTOS 

Se fue Santos y eso para muchos es un alivio. Muchos son para nada pocos. Podría decirse que son más o menos los que le ganaron el plebiscito sobre la “paz” que él tejió y los que permitieron que la fuerza política que llevó adelante las banderas de su sucesor lo eligieran por encima de los otros. Él sólo, Santos, ganó ese sentimiento en su contra aunque también aportaron al infortunado destino los oportunistas que tampoco fueron pocos, en especial entre la clase política, aunque no creyesen en ese proyecto político en el que el marginado presidente arriesgó y perdió casi todo su capital simbólico. Tanto como para irse con con picos profundos de los más altos índices de impopularidad de mandatario alguno en tiempos recientes, aunque al final del mandato algo repuntó para evitar el ahogo. No todo esto es por culpa de quien ahora es expresidente, pero sí ha sido suficiente como para que se haya generado un sentimiento de generalizado rechazo a su figura y acción de gobierno. Ni siquiera los caricaturistas y humoristas que tienden a rescatar lo que es positivo de su gobierno, ese esfuerzo por mejorar el panorama de violencia medular e histórica del país, pueden evitar el ironizar sobre su obra y personalidad.

 Escribe: Néstor DÍAZ VIDELA  

Santos se fue y es probable que con el paso del tiempo la pugnacidad vigente fruto de su enfoque sobre la realidad, selle la grieta colombiana, porque la pugnacidad no fue culpa de los otros sino que la generó la propia gestión de Santos. Eso de una valoración benevolente sobre su gestión es la esperanza de quienes con esfuerzo siguen creyendo en Santos. Incluso el Nobel Mario Vargas Llosa tiene esa elusiva esperanza. Es probable entonces que la historia se escriba con menor virulencia sobre lo que deja la estela pugnaz que sigue a la administración larga de Juan Manuel Santos. Él lo sabe y también por eso le obsequió a su sucesor la estrecha posibilidad de menor tiempo en la primera magistratura del país. Debe recordarse ahora que Santos disfrutó sin contrición de dos mandatos consecutivos. Ese es Santos, un hombre de grandezas personales en los discursos y pequeñeces inexplicables en la acción directa. Él ha dicho que no le gusta la reelección que disfrutó al igual que lo hizo su antecesor, Álvaro Uribe, pero en la primera parte de su gobierno no dio un solo paso en contra de su propia reelección. 

Ese es, debe reiterarse, Juan Manuel Santos, conocido por todos quienes lo han sufrido, incluido su primo hermano Francisco quien pidió de manera repetida no confiar en él, porque “yo lo conozco”. Quien lo sucede es un hombre que aparece bien intencionado y estructurado, pero no todos confían en él, como tampoco confiaron en Santos cuando el dedazo de Uribe definió quién sería su sucesor para el periodo que comenzaría en 2010. Más allá de lo formal sobre la manera como Iván Duque llegó a ganar la postulación en su capilla política, nadie duda que el dedo de Álvaro Uribe también aquí se movió de forma determinante en dirección a su ungido, como gran elector que es ese otro expresidente en el inicio de este siglo que aún es nuevo. Alguna vez los dos viejos orientadores emblemáticos de El Tiempo, Enrique y Hernando Santos, le preguntaron a uno de sus colaboradores de confianza sobre la razón del odio que sentían tantos colombianos por esa familia. La respuesta fue ambigua porque se trataba de un rechazo poco explicable aunque marcado. 

Ahora eso ya no importa, puesto que de lo que no cabe duda en el momento presente es que Juan Manuel podría ser el más detestado entre todos ellos. Le seguiría en tirria entre sus impugnadores su hermano Enrique. Es cierto, la mayor parte de quienes rechazan a ambos con las vísceras, más que con la razón, tienen motivos ideológicos o intuiciones que escapan a una racionalidad menos prevenida. Es que pocos perdonan a los que son “traidores de clase”, o que a eso se parecen, y el respeto escaso o el desprecio cargado de impugnación a ese tipo de personajes viene desde el fondo de la historia. Se recuerda al respecto lo que hizo Julio César en su guerra contra los galos. De allí viene esa frase famosa del guerrero: “Roma no paga traidores”. Hay quienes señalan que el samovar ideológico previo en el que se cocinó el proceso de La Habana fue pergeñado por ese hermano, con quien comparte impopularidad por la misma razón que es la naturaleza de los rábulas y también de los traidores a secas. 

De todas formas, ese temperamento mezquino que se le señala al mandatario que dejó la administración y que es parte de su leyenda personal así de negra -en compañía de otros ingredientes como el cinismo y la hipocresía- no es un patrimonio exclusivo del karma personal de Santos. Si se hurgara sin esfuerzo en la historia reciente son esos ingrediente de hiel algo que adorna a la mayoría de quienes asumen el riesgo de la acción política y pretenden quedar en la historia. Aunque está claro que lo referido persigue a Santos desde siempre y con mayor énfasis ahora. Es por eso que desconocer algunos de sus logros, eso sí, sería una injusticia. En circunstancias de difícil control de contexto internacional, debió sortear las consecuencias de una caída de la piñata petrolera a la que no sólo él había apostado. Empero, pudo maniobrar en la crisis, sin que pudiese evitar las raspaduras. El alto endeudamiento externo y la extrema carga tributaria son parte de las consecuencias, y un desafío para su sucesor, porque compromete el futuro inmediato del PBI y la confianza perdida de la inversión extranjera, vale decir del crecimiento interno esperado. 

Además, deja al país en asimetría ante eventuales negociaciones futuras con la caja financiera internacional. Sin embargo, se mantuvo a los trancazos la posibilidad de empleo formal relativo en un país donde el nivel de informalidad supera con holgura el porcentaje de quienes trabajan en blanco. Regularizó la situación de la masa pensional aunque no pudo neutralizar esa bomba de tiempo que es el sistema jubilatorio y que tampoco es un problema exclusivo de Colombia. No pudo y después tampoco quiso reformar a una justicia que fue su cómplice. En el periodo de casi una década de su gobierno se incrementó el ingreso por turismo, consecuencia del descenso de la criminalidad común o con máscara ideológica, pero es poco ante el contrapeso de la balanza que es el desmadeje institucional que deja su proceso de acuerdo con un sector de la subversión y el envalentonamiento de los violentos, en algunos casos alentados por el espejo roto venezolano. Es su gran estrella eso de lograr que la mayor organización de estímulo a la violencia se desarmara -al menos eso parece de manera parcial- pero no es ello el mérito exclusivo del señor Santos. 

Ha sido una onda histórica heredada, que comenzó en el fortalecimiento de la capacidad ofensiva de las fuerzas armadas, durante la administración Pastrana, el arrinconamiento de la subversión y las restantes formas de violencia, en el periodo de Álvario Uribe y después llegó el corolario de Santos, en su negociación con las Farc. Todo un ciclo de dos administraciones previas que terminó en el desarme y renunciamiento de la acción armada por parte del principal grupo ilegal e ilegítimo del país, ahora en fase de transición política. Es en este punto donde se encuentra el punto clave que puede salvar o hundir a Santos en la consideración que hará la posteridad. Porque no cabe duda que la formación subversiva y criminal que fueron las Farc, se sentaron a negociar su inclusión en el juego democrático y su reingreso al escenario social, debido a la derrota militar que les propinó el Estado y su brazo de fuerza legítima. Es por tal razón que resulta inaudito para esos no pocos que condenan al mandatario saliente, que la administración Santos los hubiese favorecido de tal forma como si la vencedora de la sangrienta y larga contienda hubiese sido la subversión. 

El otorgamiento de concesiones por fuera de toda racionalidad aceptable es lo básico que se le reclama desde la orilla pugnaz de la grieta y nada hace suponer que ese reclamo se invierta. No al menos por ahora. Es como si toda la negociación de La Habana desde la institucionalidad hubiese tenido en actitud y como transversalidad esa perversa doctrina del abolicionismo penal, que avanza en el país y la región. Una forma cuántica de aceptación del absurdo y de un entendimiento que es propio de lo que ocurre con la materia en la dimensión subatómica. Una manera de abordar la realidad que se apartó de la lógica y de la física clásicas y necesitó de lógicas complementarias, a las que siguieron las lógicas difusas y las paraconsistentes, para tratar de comprender el caos como orden que no se entiende a la simple observación, de aquello del universo que no se ve pero ahí está. Aunque, claro, algo va de lo poco comprensible que ocurre en lo profundo de los átomos, tema de las ciencias formales, y otra es lo que corresponde a la normatividad de lo social. 

Toda la estructura social de lo moderno se ha construido con base en premisas claras que vienen desde Aristóteles: quien comete delitos es un delincuente y merece una penalidad regulada por la norma institucional. El abolicionismo penal como doctrina que crece en América Latina y uno de cuyos abanderados es el criminólogo y exmagistrado argentino Eugenio Zaffaroni -muy conocido en Colombia por los operadores y pensadores del Derecho- señala que un delincuente no es tal sino que es una víctima del sistema y por eso quizá antes que una penalidad merezca una compensación. La víctima real del delincuente en ese alambique doctrinario de la sin razón, queda en la parte invertida de la polaridad perversa y entra a formar parte de los culpables, que son la sociedad y el Estado. No es necesario hacer ecuaciones complejas para entender que eso de articular el delito político con el narcotráfico y el secuestro, es abolicionismo penal. También lo es el brindar una compensación parlamentaria a los criminales, sin haber transitado el peldaño de los tribunales, incluso los transicionales, al igual que ningunear a los que sufrieron la acción de los asesinos. El conjunto huele a la atroz concepción abolicionista y su lógica invertida que ve al mundo al revés (aresprensa). 

----------

VÍNCULOS DIRECTOSMANA SANGRE DE PUEBLO EN NICARAGUA // ¿DIEZ MILLONES LE ROBARON A "HUACHO"?
Actualizado: sábado 11 agosto 2018 10:59
Related Articles: SANTOS: DIFÍCIL ETAPA COMPLEMENTARIA PETRÓLEO PARA ASEGURAR REELECCIÓN DE SANTOS TROPEZÓN POLÍTICO DE SANTOS EN LA VI CUMBRE EN CONTRAVÍA: UN RIESGO QUE TOMA EL GOBIERNO DE JUAN MANUEL SANTOS VICTORIA DE SANTOS: EL SISTEMA AJUSTA TUERCAS EN COLOMBIA EL LEGADO DE CORAZÓN AQUINO
juan manuel santos colombia

Visitas acumuladas para esta nota: 246

¡SÍGANOS Y COMENTE!