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LOS FIGURONES DE DAVOS

Publicado el 26 de enero de 2018 // 19.00 horas, en Bogotá D.C.

LOS FIGURONES DE DAVOS

Tal como sucede cada año, quienes deciden lo que  se debe hacer con el timón del mundo y algunos convidados de menor trascendencia, se encontraron en Davos, Suiza, para dar algo de luz sobre lo que se dispone por fuera de  la galería. Es una suerte de ritual en un escenario que en lo habitual sirve  de montañoso y nevado balneario invernal. Allí se encuentran presidentes, expertos y ministros de economía de las potencias reales, también las potencias petroleras y también los menos potentes que buscan salir en la foto, puesto que se supone que al menos eso los hace aparecer como importantes y tenidos en cuenta. Allí, para el cierre, llegó Donald Trump, apenas cumplido su primer año en la Casa Blanca, mientras que su principal rival, el ruso Vladimir Putin, recibía en Moscú y en la víspera del encuentro mundial al argentino Mauricio Macri, nervioso buscador de inversiones para su país cuya economía aún no despega de manera plena.  Pero, además, apareció en el escenario de figurones el presidente colombiano Juan Manuel Santos, siempre convencido de  que su negociación cerrada con las Farc solo merece aplausos y está blindada de críticas, so pena de exclusión como vindicta para quienes supongan algo diferente.

Los temas sobre los riesgos en el porvenir inmediato y la invasión tecnológica irrefrenable, con la necesidad absoluta e insoslayable de las plataformas y aplicaciones para que el progreso siga siendo eso, fue parte de la agenda. Los temores ponen la alerta sobre el delicado equilibrio inestable en lo geopolítico y el temor de que alguien con poca paciencia y gatillo fácil someta al mundo a una eventual tragedia generalizada. Las aprensiones son para nada exageradas y el mismo Papa, antes de llegar a Sudamérica la semana, pasada, volvió a llamar la atención sobre el peligro latente y próximo, tal como lo hizo en anteriores ocasiones. Las áreas de alerta van desde Turquía hasta Irán y desde Europa central hasta el extremo Oriente, sin dejar por fuera a Yemen en la península arábiga, cuyo conflicto podría ser un brote expansivo. El terrorismo musulmán, aunque debilitado, no deja de asomarse y todo eso repercute en un mundo que tiene optimismo sobre la evolución económica del momento, no sabemos mañana.

La industria turística muestra en estadísticas crecientes que más de mil millones de personas se movilizaron el año pasado en busca de esparcimiento y bienestar; el precio del petróleo tiende también a buscar su equilibrio hacia arriba y el hambre parece disminuir en muchos sitios del mundo que por tradición aparecieron siempre azotados por este  drama. En ese último rubro la excepción vergonzosa es Venezuela. En el último lustro la población del país caribeño ha visto disminuir la ingesta de calorías por persona hacia abajo de las dos mil diarias, que es el límite universal para señalar la presencia del flagelo del hambre. Además, esta sociedad padece una pobreza que lacera a casi un 90 por ciento de su población, mientras su gobierno mantiene un ministerio de la felicidad. La situación de este país ya muy aislado en el plano internacional, fue un tema de abordaje antes de Davos, por el presidente ruso Vladimir Putin y Mauricio Macri, pues para este último Venezuela represente una amenaza regional. Lo mismo estima el colombiano Juan Manuel Santos. El salario mínimo venezolano alcanza hoy a unos seis dólares mensuales.

La reunión está organizada por el Foro Económico Mundial (WEF) para que a los figurones les vaya bien durante las reuniones programadas o alternas a la agenda, o que eso parezca, mientras en los países de los mandatarios sonrientes sucede a veces lo contrario No vale pena hacer nombres, pero ocurre que más allá de la mencionada foto del optimismo es poco el beneficio de estas reuniones para las sociedades que más necesitan de diferentes auxilios e incluso tampoco son grandes los resultados para los que nada necesitan, salvo el favor  de hacer aparecer a los chicos al lado de los grandes, con ampulosas declaraciones y los consabidos fuegos de artificio retórico. En lo concreto, Donald Trump ratificó su política de aislamiento productivo, debilitamiento del dólar y cierre de puertas o de apertura condicionada incluso  para sus aliados, en materia económica. También el  tema ecológico quedó maltratado, aunque sobre el tema la buena noticia la dio Francia, al anunciar abandono del uso carbón en su país y los vehículos con uso de combustibles fósiles a partir  de la próxima década.

En otro plano y al margen de ironías lo cierto es que los organizadores de Davos intentaron aprovechar la buena onda en que se encuentra la economía mundial para hacer sonar más fuerte las alertas sobre las amenazas no controlables del clima y otros aspectos del ambiente, así como también los riesgos del avance y uso de las nuevas tecnologías -los robots autónomos y letales, por ejemplo- además de las ya señaladas escaladas eventuales de los puntos en conflicto caliente del planeta. El “Informe sobre riesgos globales” sondea esas sombras que están ahí, a poco de las fronteras del optimismo y que señalan un estrechamiento de la buena voluntad para profundizar expectativas de paz, allí donde existen enfrentamientos vigentes o potenciales inmediatos. De hecho, hay un temor generalizado en el sentido de un probable aumento de la actual puja económica y política entre las potencias más importantes. En el mismo documento ya se habla no solo de un eventual conflicto generalizado sino de una evidente erosión de las instituciones mundiales y locales.

Otro tema de análisis en esta reunión de Davos, que concluyó este viernes y se inició el pasado martes 23, es la profundización del abismo de la desigualdad, de la mano de la actual mejoría del contexto económico en colusión con el avance tecnológico, el empleo marginal y “en negro” -entre otros factores por la llamada tercerización del trabajo- que postergan las expectativas de igualdad de oportunidades y fomentan la pobreza estructural. Se calcula que dentro de una generación, cuando los llamados millennials se sumen a la producción, las fuentes formales de empleo se habrán ya reducido de manera drástica por la robotización  de las labores que requieren la mano de obra tradicional. Se estima que las únicas labores rentables y buscadas serán en  futuro próximo aquellas que puedan sumar valor agregado y, por lo tanto, el desafío de una educación calificada  debe retomar la primera línea en la preocupación de  sociedades y Estado por el futuro.  Dentro de ese marco Donald Trump despidió a todos ratificando lo que entiende por eso de “Estados Unidos primero” (aresprensa). 

Actualizado: viernes 26 enero 2018 18:13
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