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LOS KIRCHNER: EL HAMPA COMO RAZÓN DE ESTADO IV

ACTUALIDAD //  Publicado el 28 de octubre de 2018 //  11.15 horas, en Bogotá D.C.

 

.LOS KIRCHNER: EL HAMPA COMO RAZÓN DE ESTADO IV 

 

Mientras en Quito, Ecuador, el legislativo promovía y logró quitar la estatua de Néstor Kirchner porque esa presencia significaba un “imposible moral” para la mirada de los ecuatorianos, en los juzgados de Buenos Aires hacían fila ante los juzgados -en figura literaria- los empresarios que participaron de la gigantesca cadena de saqueo al estado argentino. A ellos los acompañaban los primeros ex funcionarios “arrepentidos”, con pretensión de ser candidatos eventuales a una suavización de la condena insoslayable. La cantidad de pruebas acumuladas sobre la exacción a los recursos públicos por parte de la que fue familia presidencial, que pesa también sobre sus secuaces, ya tenía suficiente volumen a partir de años de acumulación en denuncias, pruebas y señalamientos. Pero la aparición de las anotaciones de sus rondas de recaudación en los cuadernos de un chofer y maletero de uno de los integrantes de la pandilla, abrió de manera definitiva las compuertas del dique de complicidades. Esa relación cerrada que hacía del silencio la mejor arma para sostener la perdida impunidad de los jefes de la hermandad mafiosa, con ínfula proceral: Néstor -el de la estatua en Quito- y Cristina Fernández, su viuda. Lo último que ocurrió en lo amplio, histórico y complejo de este proceso de la Argentina, es que los Estados Unidos le retiraron las visas a todos los personajes sub júdice en esta ya célebre causa. El amplio grupo delictivo busca en las elecciones de 2019 la posibilidad de volver a controlar los resortes -y las arcas- del Estado. 

Escribe: Néstor DÍAZ VIDELA 

El matrimonio presidencial, que tuvo una década larga para operar en la tremenda rapiña sistémica, sistemática, serial e histórica, quedó restringido a uno de sus miembros en la cúspide, desde hace casi una década, por la muerte del ex presidente. El resto de la pandilla permanece casi completa aunque muchos de ellos ya están encarcelados y procesados. Una parte de los pillos, desde hace pocas semanas, ya se ha declarado arrepentida y sus integrantes están brindando a la justicia sus confesiones. Pero los cabecillas prominentes no se resignan a haber perdido las fuentes del latrocinio y apuestan sus posibles opciones de futuro cercano para volver al control del Estado y, claro está, se supone que a las mismas andanzas que llevaron adelante con bastante éxito. Se calcula que durante los doce años al frente de la administración del país, los Kirchner conformaron el sistema para depredar el erario por la cuantía de unos 36 mil millones de dólares, por lo bajo, en tanto que estimaciones menos restringidas aunque de credibilidad suficiente, aseguran que lo robado a testa descubierta y sin sonrojos evidentes, podría alcanzar entre los 90 mil y 190 mil millones de dólares. 

El asalto prolongado al tesoro nacional argentino -durante esa década larga- fue sistémico porque se constituyó un mecanismo regular, reiterado y eficiente para la exacción continua; sistemático por el orden circular y también eficaz que tenía la forma de recaudar el dinero sucio. Fue serial porque los módulos de corrupción tenían vasos comunicantes tanto estables como continuos en unidad de operación permanente, por la vía de los ministerios y las otras agencias del Estado, a través de varios niveles de responsabilidad. Fue además histórico porque aunque la corrupción argentina es de antigua data -al menos desde hace 6 décadas en los máximos niveles de la administración pública- nunca había llegado a los niveles de compromiso mafioso y montos de giga magnitud, que redituó el esfuerzo de los Kirchner para enriquecerse y enriquecer a los cercanos. La impunidad parecía rodear la mega operación delictiva y constante que tuvo como objetivos al Estado y a la credibilidad de los argentinos, como víctimas conscientes del ejercicio torcido y enmascarado en el discurso ideológico, esto con el llamado “relatoreivindicativo en lo social. 

La cifra alucinante de recursos robados de los fondos públicos y en detrimento del pueblo que eligió al grupo mafioso, solo puede ser entendida desde la patología social embanderada por el mencionado relato ideológico. Una suerte de esquizofrenia social extendida que generaría una ascesis justificatoria del crimen -simulada con cinismo o creida por una suerte de fe desacralizada- “por el bien del pueblo y de la revolución”. Además de ser legitimante por autoafirmación, porque el juego democrático habría admitido que la cleptocracia rampante ejecutase la apropiación ilegítima de esa parte de la hacienda pública que sí debería ser sagrada en ritmo de modernidad si estuviese dirigida al bien común, tal como también debería ser sagrado el derecho a la vida. Otra reacción mecánica de la patología colectiva es la negación contra toda evidencia del señalado crimen para, en el paso siguiente, denunciar la “persecución política” de los culpables. Esa reacción de los corruptos y delincuentes enmascarados, cubiertos con la piel de oveja de la ideología no solo es local y propia de la Argentina, también es internacional y lo es, en especial, en América Latina. Un personaje como el expresidente colombiano Ernesto Samper firmó hace poco una declaración con otros de su perfil en el continente, señalando de manera oblicua esa presunta persecución. 

El ex primer mandatario colombiano tiene razones suficientes para salir adelante con esa solidaridad cantada y perversa. Otro socio de complicidades internacionales cubierto por el relato ideológico fue el inefable buen viejo, don José “Pepe” Mujica, el mismo que asesinó de forma heroica y por la espalda a un policía en sus años de correrías guerrilleras por Montevideo, allá por los años 70 del siglo XX. Pero resulta que esos “perseguidos”, y ya muchos presos en la Argentina, lo son por la justicia y a plenitud de evidencias contundentes, con pedidos de desafueros sobre sus refugios o “aguantaderos” legislativos, para que terminen de responder ante los tribunales. Cristina Fernández es por ahora senadora en ejercicio y ha resistido un primer asedio ante ese poder público, planteado por los jueces. En igual situación se encuentra su hijo el diputado nacional Máximo Kirchner y la hija, Florencia, quien no tiene fueros de parlamentaria que la puedan cubrir de impunidad. Es que a diferencia de las mafias tradicionales que evitaban que hijos y mujeres pudiesen quedar comprometidos en los ilícitos -y por eso los mantenían por fuera de sus oscuros negocios- los Kirchner hundieron hasta la médula a sus herederos. 

La fortuna declarada de Máximo de es al menos tres millones de dólares, algo bien curioso para un hombre que nunca trabajó, y la hija cineasta, sufrió la congelación de una fortuna de unos cinco millones de dólares, guardados en una cueva bancaria. Extrañeza agregada por otra persona a la que tampoco se le conocía actividad productiva alguna hasta el momento de la acción judicial, que le incautó a Florencia los millonarios fajos de dólares en efectivo y resguardados en la bóveda bancaria, en empaques al vacío y termosellados. Las operaciones mafiosas no ahorraron extensión ni métodos. La plata mal habida circulaba por los diversos circuitos, tanto ilegales como legales, para el lavado y la salida a superficie del dinero: alambicadas inversiones inmobiliarias y hoteleras, circuitos financieros locales e internacionales, paraísos fiscales y lotes de billetes en efectivo transportados en maletas y consignados tanto en cuentas como, se supone, en caletas bajo tierra. Así lo hacían también las mafias del narcotráfico colombiano, al igual que los irregulares armados quienes haciéndose llamar guerrillas eran y son en verdad narcotraficantes. Las operaciones judiciales han estado rastreando territorio en la búsqueda de la hipotética fortuna aún enterrada y han llegado hasta la patagónica provincia de Santa Cruz.

Allí iniciaron los Kirchner su saqueo y ensayaron el método que luego extendieron al resto del país. Un sistema que nunca pudo ser tan sofisticado como para ocultar las magnitudes del latrocinio. Hoy esa provincia petrolera está quebrada y presenta una imagen similar a la que exhibe la Venezuela bolivariana. Vaya curiosidad: la gobernadora es la hermana del fallecido expresidente, fundador de la dinastía y autor intelectual de las fechorías gigantes que siguieron herederos, familiares y allegados en varios círculos de confianza. Se trata de Alicia Kirchner, quien triunfó en unas elecciones de dudosa legitimidad por la ventura de un alambicado sistema local que permite afirmar la continuidad del poder mafioso al no haber en esa jurisdicción patagónica favorabilidad electoral directa. La omerta no dejó detalles al azar aunque sí dejó por todos lados las huellas suficientes de sus desvaríos en contra del patrimonio de los ciudadanos. Fue por eso que se acumularon en contra las pruebas y el descubrimiento de los innumerables delitos, desde los políticos a los económicos en un arcoiris negro que cubrió la mayor parte de los horizontes institucionales y sociales (aresprensa).  

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VÍNCULO DIRECTOSOL NEGRO PARA MACRI  //  LEGADO DE SANTOS 
Actualizado: lunes 29 octubre 2018 09:53
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