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"LOVING VINCENT", UNA OBRA MAESTRA

Publicado el 28 de noviembre de 2017 // 11.45 horas, en Bogotá D.C.

LOVING VINCENT”, UNA OBRA MAESTRA

La película es una obra mastra por donde se la mire: sobre la pantalla, en la concepción, en la realización previa a la presentación y en cualquiera de los detalles que pretendan añadírsele. Debe decirse además que aunque muestre un despliegue mayor de  técnica y  exigencia posibles al realizador y a su equipo de trabajo, la evidencia del talento queda desbordada. Se trata de “Loving Vincent”, una película que insumió cinco años de trabajo intenso, pues es lo que requería la compleja idea antes de que pudiese ser realizada. Pero el  despliegue de maestría fílmica nada tiene que ver con la tradición que al respecto tiene Hollywood. Nada más distante del chisporroteo del centro mundial de la tecnología aplicada al cine. Este es casi un trabajo de artesanos, de orfebres en toda la medida, que son capaces de trasladar al movimiento y el sonido, la luz y el color, todo lo que puede brindar el respaldo tecnológico.

El frente de labores que requirió a centenas de personas, entre ellos 125 pintores que elaboraron la base gráfica de lo que se aprecia en pantalla, acumularon el mérito de trasladar el trazo y la factura del arte de Vincent van Gogh a una realización que mezcla con solvencia múltiples géneros: la caricatura, las artes plásticas, la historia y el género negro en lo argumentativo. En este sentido, la obra de Dorota Kobiela deja la sensación superior de que es difícil repetir mayor satisfacción ante la escena recreada, después de ver lo hecho con “Loving vincent”. Los artistas convocados elaboraron más de 62 mil cuadros al óleo, para dar vida a la historia tejida sobre la muerte del mítico plástico holandés que abrió las puertas de las vanguardias en el tramo final del siglo XIX e influyó hasta hoy, de manera directa e indirecta, la mayor parte de las corrienes vinculadas con el arte de la pintura.

El argumento cinematográfico recrea una historia elaborada en ficción, un año después de la muerte trágica del pintor, que tiene como protagonistas al cartero Roulin y a su hijo Armand, con el objeto de que le sea entregada a Theo  el hermano de Vincent, su última carta. Para la elaboración del guión se trabajó sobre las 800 misivas, 120 pinturas y las historias personales de quienes formaron parte de la vida cotidiana de van Gogh en la etapa final de su vida, y para ello Armand -en la trama- viaja a Auvers-sur-Oise, localidad central en la historia porque allí vive Gachet, el médico que estuvo cercano en los momentos previos y en la misma agonía del artista, cuya muerte se atribuyó a un suicidio. Esa trama central se complementa en la duda de Armand sobre un deceso autoinferido y en la investigación  que él mismo lleva adelante, lo cual permite saber en detalle cómo fueron los días postreros de van Gogh y sobre los tormentos que lo aquejaron.  

La película, con origen geográfico en el Reino Unido, está dirigida por la polaca Dorota Kubiela, quien aparece acompañada por Hugh Welchman. Kubiela es además la guionista de la obra, aunque el británico Welchman también aparece en ese rubro fundamental. Este realizador ya había ganado un Oscar en el 2008 por un cortometraje que también lo impulsó a una mayor nombradía y prestigio: “Pedro y el lobo”. Para Kubiela, esta obra centrada en la muerte de van Gogh es su ópera prima en lo que hace a un largo metraje pero ya ha realizado varios trabajos en cortos por los que alcanzó premios en Europa.  No es el único Oscar que ronda en el elenco pues ahí está también la nominada a la estatuilla, Saoirse Ronan (“Brooklyn”), quien interpreta a la esposa de Gachet, Marguerite. Los restantes actores llevaron lo suyo para la obra cinematográfica. Por ejemplo, aparece Douglas Booth (“Noé”), como Armand Roulin, entre otros.   

Pero nadie verá a un actor o actriz en carne viva. No. Sobre la actuación aparecen la espesa pintura y el trazo al desgaire propios de las obras del mítico artista, que se montó sobre la imagen actuada. De tal manera que el espectador no hace otra cosa que ver 12 cuadros por segundo del estilo pictórico van Gogh, que es el número de fotogramas elaborado sobre el movimiento de la figura humana. Un trabajo descomunal que explica el tiempo invertido en el desarrollo de producción previo a la edición y presentación. Se acudió para ello  a la técnica de la historieta y el dibujo animado, que si se complementa con la trama policial que se describe en el libro, dice sin otras explicaciones de la maestría que se conjuga en la línea integral del filme. Kubiela  debió ceder parte de sus responsabilidades como directora para concentrarse en la orientación de ese grupo de más de un centenar de pintores quienes elaboraron la base estética imprescindible para los fotogramas.  

La vida de van Gogh estuvo marcada por los sinsabores, la falta  de reconocimiento público pero la admiración y emulación de muchos de sus colegas contemporáneos y de un reducido núcleo que creció de manera ininterrumpida después de su desaparición trágica. Las tendencias depresivas constantes y la búsqueda permanente de un aislamiento relativo, así como una obsesiva vocación hacia el trabajo creativo a través del pincel y de la tela, encuadraron la impronta de una vida que se malogró a una edad temprana: 47 años. La calificación policial de suicidio fue casi un juicio de valor para las autoridades de la época, que buscaron las causas del disparo autoinferido en esas característica de su temperamento, juzgado como locura en ese tiempo, fines del siglo XIX. La agonía del pintor agudizó el sufrimiento personal al cual quería poner fin y que fue su marca de vida. Se fue del mundo ignorando que su obra revolucionoria sería un gozne insoslayable en la pintura contemporánea (aresprensa). 

Actualizado: martes 28 noviembre 2017 10:56
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