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LUCÍA MORÓN EN SEXTANTE

Publicado el 10 de abril de 2018 // 16.15 horas,en Bogotá D.C.

LUCÍA MORÓN EN SEXTANTE

El momento inicial quizá más difícil en la vida para el pintor joven,  es definir la línea de  labor por lo abstracto o lo figurativo. La dificultad del qué decir y cómo hacerlo para tornar accesibles las claves de lectura y de lo que pueda interpretarse de la obra, es uno de los mayores quebraderos de imaginación por parte de quienes abrazan el noble oficio del pintar.  No pocos optan, en lo que hace a la eventual recepción de la imagen hecha arte, por otra forma de legitimidad: no les importa, o muy poco, la reacción del observador ante el trabajo visual. En especial si se presenta una actitud de rechazo o de incomprensión que, para el caso, son percepciones similares. Una parte de los pintores trabajan sin pensar demasiado en la cabida que tenga el producto final en quienes aprecian un cuadro, incluso no faltan artistas que prefieren la  repulsa a la gloria. Lucía Morón es una joven artista venezolana radicada ya hace tiempo en Bogotá, que dejó atrás esas cavilaciones de partida y sale con paso firme a luchar por el siempre esquivo aprecio del público hacia el trabajo del artista que arranca. Prefiere, por  ahora, tentar suerte con al construcción abstracta y se observa a simple vista que eso es “lo de ella”, porque el sensorium que deja su material,  a la vista en diversos formatos, es positiva.

No es que lo figurativo carezca de complejidades en la factura de un cuadro. Si se le pregunta a cualquier pintor, sobre cómo resuelve el problema de las manos en la representación humana, es casi seguro que dirá: eso es delicado. O también cómo se relaciona el color verde con otros matices para que esto no sea discordante en la composición. O incluso cómo definir los componentes de un buen bodegón para que sea eso y no un simple conjunto de panes y frutas en una naturaleza muerta. Todo para saber  en el conjunto lo difícil del decir en imagen sin renunciar en el intento y dedicarse a trabajar en una agencia de publicidad Ocupación esta última tan digna como la del arte. Lucía Morón parece una mujer de largo oficio cuando se ven sus cuadros abstractos y el prevenido criterio a priori cambia de manera drástica cuando se sabe que siendo una artista aún muy joven, se presenta una asimetría con la madurez que demuestra en su trabajo y la pulida labor sobre la tela, en apariencia con calculado desorden.

La acreditada galería Sextante de Bogotá la apoya en el crecimiento de su carrera, tanto que ya expuso su  trabajo en la muestra de Artbo del año pasado y no ha sido su única salida al espacio de la feria internacional de arte del país andino. Además, ha participado en Europa de otra exposición de alto vuelo. Esta misma casa de exhibiciones en Bogotá le ha facilitado el uso de su taller -Arte 2 Gráfico- para que experimente y produzca su factura en grabados, que en pequeño y mediano formato componen también la exposición que acompaña a las pinturas de gran dimensión expuestas en esa galería, las que estarán a la vista hasta finalizar este abril de 2018. Allí aparecen trazos en grafito, aguafuerte y el prolijo cruce de líneas hechas con pinceles de pelo largo, que en la composición abstracta de Morón hacen diferencia con los conocidos “chorreados” de Jackson Pollock, ese otro abstracto contemporáneo que sigue señalando derroteros a las nuevas generaciones. Los cuadros mayores  de la novel artista tienen la extraña virtud de proponer perspectiva y algo de anarquía en la observación del otro”, el espectador.

OBRA

El efecto se logra al superponer los trazos de esmalte en el lienzo crudo, trazos que pueden ser sinuosos en una geometría compleja que se logra con los referidos pinceles que evitan y se diferencian no solo de  lo que  pretendía Pollock, sino además para lograr la perspectiva que se busca. En eso, el material que propone Morón se asemeja a la construcción propia de lo figurativo, sin rozar siquiera la posibilidad de  figura alguna o la eventual presencia de fondos y distancias con el manejo de la luz. Claro está que entre los creadores abstractos que la precedieron con solvencia, la pintora admite una marcada inclinación por el ruso Kazimir Malévich, el padre del suprematismo, quien en la primera mitad del siglo XX  propuso un sistema de construcción del mundo con lenguaje cósmico, vía artes visuales. Los rusos definieron una buena parte de la propuesta estética en lo no figurativo durante el inicio de la pasada centuria. Ni siquiera el realismo socialista que afirmó José Stalin sobre pilas de cráneos -tal como lo hizo su predecesor Atila- logró frenar esa forma del decir en libertad a través de la representación pictórica.

LUCÍA MORÓN

La artista venezolana residente en Colombia ya tiene recorrido en escenarios de primer nivel para que el público y los coleccionistas digan lo que deben decir con opinión y valor de cambio, como corresponde. Alguna de las piezas de su autoría ya está en una colección europea como resultado de las exhibiciones en el viejo mundo. La apuesta por los jóvenes en el arte es un juego al futuro propio de quien arma colecciones con determinadas tendencias y valoraciones, que no puede anticipar la prueba de hipótesis de la estadística sino esa mirada anticipatoria que debe tener quien opera en el mercado del arte internacional. Morón bien sabe que construir una nombradía en este oficio es un ejercicio constante de talento y de paciencia con largo aliento. Lo primero es un esfuerzo en permanente despliegue de trabajo e investigación, lo segundo es un empeño agregado que debe hacer mixtura con lo anterior. Talento para elaborar el texto de la obra y tener argumentos para expresar lo que quiere el artista, paciencia para aplicarse al trabajo del taller que exige  la perseverancia del artesano y, sobre todo, la mirada por arriba de las cosas aunque sin perder detalles que definen al artista.     

Morón propone con sus obras de  lenguaje abstracto decir una verdad como producto de un instante. Una suerte de  fotografía espontánea de la realidad que aspira a captar en un “click” la esencia de las cosas inscritas en las leves  coordenadas  del espacio-tiempo, que son las que se perciben en lo raso de los sentidos. En este caso con una lógica que no es la de la percepción mecánica, como lo hubiera expresado Newton con sus ecuaciones de la fuerza sobre la masa, sino como las que hubiesen construido Heisenberg o Max Born, sobre el “principio de indeterminación” de la física cuántica. Porque debe decirse que en la intención de construir perspectiva con un trazo en apariencia anárquico de Lucía Morón, también está presente el orden en la sinapsis de la neurona y el universo propio del cerebro, en relación isomórfica con la complejidad del universo macro que se observa con la ayuda del telescopio. Ya lo decía el milenario Kybalión: como es arriba es abajo, y aunque esa síntesis no siempre se comprenda con los procesos de la razón, la intuición sabe que allí hay un orden interno que representa a la vida (aresprensa) .    

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VÍNCULO DIRECTOARTBO: MÁS ALLÁ DE UN FIN  DE SEMANA //  www.aresprensa.com/2017/blog/category/pcartesvisuales/                      
Actualizado: martes 10 abril 2018 17:25
artes visuales arte abstracto

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