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MALQUERIDOS POR LAS FARC

Publicado el 11 de noviembre de 2015 / 15.30 horas, en Bogotá D.C.

MALQUERIDOS POR LAS FARC

Mientras con gran despliegue mediático y golpe emocional el gobierno de Colombia destacó hace pocas semanas el nuevo acuerdo con las Farc sobre el marco de justicia a la que deberían someterse los subversivos, como uno de los últimos pasos para hacer viable una paz integral, se conoció una relación confidencial de quienes desde el lado del gobierno y en el curso de los más de dos años de intercambio y pulso negociador, se han ganado la simpatía o la tirria de los jefes impugnadores del Estado. Un detalle que no es menor, pues en lo cotidiano de un proceso tan largo y agotador como ese el tire y afloje es el aceite que mueve las palancas de poderes y juegos de desgaste del adversario, para ganar posiciones. Es natural así que tanto unos como los demás muestren un sentimiento que podría llamarse al menos de “respeto” y, en algunos otros, antipatía acrecentada a la que se supone existe por origen, dado que los bandos enfrentados y con resentimientos ganados a lo largo de la confrontación de medio siglo, construyeron un edificio subjetivo de contradicciones y descalificaciones. Las revelaciones al respecto podrían generar una inicial sorpresa: el mayor respeto por parte de los armados al margen de la ley es para los militares colombianos que integran tanto la mesa principal como los de las subcomisiones agregadas, algunos de ellos en actividad, los principales en retiro efectivo.

En otro segmento tampoco faltan las sorpresas puesto que los civiles son los que mayor desconfianza o distancia le producen a los ilegales. Encabeza esa lista Sergio Jaramillo, quien secunda la dirección del grupo negociador que encabeza Humberto de la Calle y es una suerte de cabeza intelectual en lo político, que actuaría como soporte del rol político que de la Calle cumple por derecho propio.  Se le señala a Jaramillo un desborde intelectual que aparece ante los voceros de las Farc como humillante y, en ese giro, los hombres de la subversión lo señalan como una especie de aristócrata que ellos rechazan por sensibilidad de piel y estructura de pensamiento

Otro de los que produce tirria suprema a los jefes de la subversión es el general hoy en retiro y antiguo jefe de la policía, Óscar Naranjo. No es el tema estrictamente policial y lo historia de enfrentamientos entre el organismo policial con las unidades de la subversión, ni el papel de Naranjo como oficial de inteligencia en la lucha contra el narcotráfico. Ellos ven en Naranjo un “personaje oscuro” de quien aún no sale a la luz quién sabe cuál motivación que origina los rencores. Este alto oficial fue uno de los más destacados uniformados durante la gestión del expresidente Álvaro Uribe, y continuó al frente de la Policía Nacional de Colombia durante un largo lapso con el sucesor Juan Manuel Santos. También fue asesor del gobierno mexicano en el tema de la lucha antidrogas.

(a) IVÁN MÁRQUEZ JORGE ENRIQUE MORA RANGEL

En cambio, tiene gran aceptación para los integrantes del secretariado comprometido con la negociación de La Habana, un hombre como el general Jorge Enrique Mora Rangel, quien comandó al núcleo duro de la fuerza armada colombiana en la etapa más ofensiva de la confrontación con la subversión hoy en plan de negociación. Los jefes irregulares ven en Mora no solo un a “par de los fierros” con quien pueden hablar de “igual a igual” y sin pelos en la lengua, sino que lo consideran un interlocutor “transparente” en lo que hace a las posiciones diferenciadas y al manejo de las tensiones, distancias y acercamientos propios de cualquier negociación de este talante.   

Un personaje sobre quien también dirigen sus dardos más descalificantes los voceros y protagonistas de las Farc en La Habana es el fiscal general de la Nación, Eduardo Montealegre. A este alto funcionario no solo lo ven como "falso y cínico" sino además un oportunista sin límites quien pretendería aprovecharse del grupo subversivo en una etapa de postconflicto, ofreciéndose de manera velada como un candidato de máxima instancia para ellos, si el proceso de paz concluyese de manera positiva y esta carta de lo que hoy es subvresón pudiese disputar oportunidades en la arena política plena. Montealegre cargaría con un "karma" agregado si esta información oficiosa fuese cierta, además de los cuestionamientos que se le hacen a dia por su gestión al frente del ente acusatorio y los señalamientos sobre el uso de la Fiscalía con interés político personal.        

Otro que carga los mayores odios y consideraciones fuera de tono, escuchadas en los pasillos adyacentes a las mesas de discusión y negociación, es el presidente Juan Manuel Santos, a quien consideran un verdadero “tartufo” e hipócrata. Un mentiroso y potencial traidor, representativo de todo lo malo que ellos le señalan a la dirigencia del país.  En ninguno de los tres casos de protagonistas que reciben los ataques verbales entre bambalinas de los ilegales existen valoraciones que le cambien el color a la desconfianza y el resquemor extremo de estos adversarios de mesa.  En todo caso, llama la atención que sean civiles quienes reciben las andanadas, en tanto que los hombres de uniforme generan en ellos -en los subversivos- mayor confianza y es con ellos con quienes se sienten más cómodos en el momento de hablar e interpelar

Es sugestivo que no haya mayores descalificaciones para el trabajo de Humberto de la Calle, quien ha tenido incluso desplantes con sus interlocutores y los ha dejado también más allá del borde la mesa. Por ejemplo, como cuando señaló que el debatido acuerdo sobre justicia transicional estaba “en proceso”, en contraposición a la declaración del grupo armado ilegal que señaló que el documento de 75 puntos al respecto “estaba cerrado”. Sobre este interlocutor eminente, los subversivos guardan un sugestivo silencio y las especulaciones al respecto no tienen límite. Hay quienes esbozan la posibilidad de que de la Calle cumpla un rol de Estado importante en la llamada “etapa del postconflicto”, con aceptación de quienes hoy son subversivos y mañana podrían llegar a ser un grupo político en la superficie y con aspiraciones de un protagonismo de primer nivel. Pareciera que, al menoslo respetan (aresprensa).  

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