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MALVINAS: FUERON HOMBRES, NO "CHICOS"

Publicado el 14 de junio de 2016 / 22.53 horas, en Buenos Aires

Una Gesta Inconclusa IV

MALVINAS: FUERON HOMBRES, NO “CHICOS

Fue una confrontación destinada a los héroes. Esto más allá de la intensa y continua campaña mediática para generar una imagen deformada de la Argentina en su decisión estratégica por recuperar el archipiélago malvinense, y de lo ocurrido en combate durante el conflicto del Atlántico sur, hace 34 años. La justicia de los reclamos que llevaron al enfrentamiento entre las fuerzas armadas de ese país y las de Gran Bretaña, esta última con el apoyo de la OTAN, siguen tan vigentes como antes del sangriento y corto enfrentamiento.  En tiempos inmediatos y durante las acciones se trató a los soldados argentinos de ingenuos, torpes e incluso cobardes. En apariencia, estuvieron desprovistos de equipo y condiciones militares para afrontar un desafío semejante e incluso no pocos suponen que esos soldados eran contrarios a la decisión política de recuperar ese territorio con las armas de la República. Lo cierto es que los uniformados argentinos cumplieron con sobrado valor su obligación de defender el suelo y las posiciones. Después se trató de trivializar sobre los motivos que llevaron a la conducción argentina a tomar esa decisión militar sobre las islas y luego, también hasta ahora, se ha tratado de desconocer todo derecho posible de los intereses argentinos y por extensión latinoamericanos, al rechazo de la peligrosa presencia extracontinental en las islas con soberanía aún en conflicto, por ahora de nuevo diplomático. El 14 de junio se cumplieron 34 años del silencio de las armas, pero el cuadro de situación, causas y consecuencias, no se han cerrado.

Escribe: Néstor DÍAZ VIDELA

En principio y después de más de tres décadas, debe señalarse que no hubo “chicos de la guerra” como se pretendió señalar, en especial por parte de las izquierdas y de ciertos sectores de la dirigencia tradicional argentina. Fueron hombres jóvenes en su mayoría, pero dispuestos y preparados para la defensa de su país, quienes cumplieron con el deber encomendado, incluso con entrega de la vida propia, como en efecto ocurrió. La mayoría eran conscriptos, bisoños en experiencia de combate, pero todos estaban en edad reglamentaria y cumpliendo con las leyes del servicio militar obligatorio. De tal forma que para nada eran unos atolondrados muchachos “arreados” bajo órdenes insoslayables de un gobierno castrense. Fue ejecutado ese plan durante un gobierno de facto, es cierto, pero en cumplimiento de añejas hipótesis de conflicto con la potencia mundial que fue desafiada.

Nada estuvo por fuera de lo que estaba previsto y que era obligado para hombres de honor, al vestir el uniforme brindado por el estado argentino. Así, el pundonor fue lo que enmarcó la entrega de la tropa en la lucha y también la de sus jefes en operaciones. Los relatos sobre el heroísmo de esos jóvenes en los combates sobrevinientes, a partir del 2 de abril de 1982 y hasta la caída de Puerto Argentino el 14 de junio de 1982, habla a las claras de la determinación de esos soldados y de los mandos inmediatos que los guiaron en el campo de batalla.  Las referencias sobre el valor en combate no son las de la historia militar argentina. No, se trata de los libros y los reportes de los británicos que actuaron en los teatros de operaciones de tierra, mar y aire. Es sabida la entrega y la valentía de los oficiales y suboficiales de la Fuerza Aérea Argentina en su histórico bautismo de fuego, así como de las terribles pérdidas que les causaron sus equipos de vuelo a la armada del imperio y al resto de las fuerzas invasoras en general.

Aunque lo importante de señalar aquí es la fiereza de los hombres del ejército, la gendarmería y la infantería de marina argentinas en lo dispuesto para la defensa en el terreno. Un libro como “No Picnic” escrito por el general Julian Thompson, comandante de los marines que participaron en las acciones, demuestran el coraje con que las tropas argentinas los enfrentaron, generando en los mismos ingleses primero sorpresa y confusión, para después convertir esos sentimientos en admiración inevitable hacia sus enemigos del momento. No era para menos, pues la prensa británica y su gobierno de manera abierta o entre bambalinas, barrían con sucia propaganda antes y después. Sin embargo, eso no pudo acallar la evidencia que reflejaron sus militares en los escritos sobre lo ocurrido en el gélido frente de batalla. Ellos, los ingleses, relataron las incontables veces en que fueron rebasados o se vieron impedidos en su avance por la férrea resistencia de esas tropas que en la etapa previa consideraban en minusvalía y suponían con deseos de abandonar la lucha emprendida.

Mario Cisnero Óscar Silva José Ardiles
Héroes caídos*

 

Fue una buena lección contra la permanente semblanza del imperio, en la que se supone que los latinoamericanos siempre agacharán ante ellos la cabeza y que no pueden enfrentarlos de igual a igual, tal como lo hicieron en la ocasión esos soldados en sus diferentes jerarquías. Valga ese libro, que no es único, sobre el ejemplo de altivez dado con largueza por los argentinos en los helados territorios, el mar y el aire, que fueron escenarios de las fieras batallas. Los ejemplos de heroísmo sobraron. Fue el caso de aquel subteniente sanjuanino, Óscar Silva, quien cayó aferrado a su fusil pesado y no lo soltó aún muerto, siendo enterrado con su arma. O lo que demostraron los efectivos el BIM 5, batallón de infantería de marina que resistió con fuego cerrado el avance británico hasta varias horas después que el comandante de la guarnición en Puerto Argentino decidió deponer las armas y la resistencia. A esa unidad, por pundonor militar que reconoció el adversario, se le permitió llegar a la concentración de tropas rendidas en la capital malvinense, marchando erguidos| y con todo su armamento. Nada menos.

Vale reiterar que, salvo los jefes y mandos inmediatos, el grueso de las unidades dispuestas estaba constituida de manera exclusiva por conscriptos, a diferencia de los ingleses que eran todos profesionales. Lo hecho tan solo por esto hombres sería suficiente para desmentir lo que lanzaron en contra de ellos -de manera malévola y hasta hoy- las fuentes de manipulación de los vencedores de coyuntura. Pero ahí no termina el relato ficto. Gran Bretaña mintió incluso en el terrible número de muertos que sufrió y lanzó directivas y normas hasta ahora vigentes, que pretenden imponer silencio militar y testimonial sobre lo que en verdad ocurrió con su aventura de recuperar los territorios. Sus bajas en verdad cuadruplicaron las cifras oficiales y se ocultaron los daños que sufrió su portaviones insignia, en tanto flota invasora, curiosamente llamado “Invencible”, el cual debió ser retirado de forma secreta de la zona de operaciones por haber quedado fuera de servicio tras el ataque de la Fuerza Aérea Argentina, aunque los británicos hasta hoy también lo niegan.

En lo que hace a las bajas británicas, sólo el batallón de infantería de marina ya mencionado y al mando del entonces capitán Carlos Hugo Robacio, desmanteló dos unidades completas de la Royal Navy, alrededor de 500 hombres, que incluían a mercenarios gurkas. Esto ocurrió entre las noches del 13 al 14 de junio, sobre los montes TumbledownSapper Hill y William, en los alrededores de la capital malvinense. Alguna vez desde su exilio en Francia, el libertador general José de San Martín afirmó: “los argentinos no son una empanada que cualquiera puede llevarse a la boca”. Lo dijo hacia 1846, pocos años antes de su muerte, cuando la Argentina afrontaba y resistía con las armas un bloqueo naval anglofrancés, que terminó con la retirada del invasor y el saludo con 21 cañonazos de los europeos a la bandera del país que pretendían doblegar.  Hoy, después de 30 años de democracia restaurada, dos expresidentes del país -Carlos Menem y Cristina Fernández- afrontan la condena de la historia por “traición a la patria”, debido al desmantelamiento y degradación de las fuerzas armadas del país, además de la corrupción rampante que encabezaron. Una bofetada a la memoria de sus héroes y de su libertador (aresprensa).

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El sargento primero Mario Cisnero, del comando de tropas especiales, murió el 8 de junio de 1982; el subteniente Óscar Silva cayó en el madrugada del 14 de junio de 1982 y el primer teniente José Ardiles fue el primer piloto argentino en caer derribado, el 1 de mayo de 1982.  

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