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MALVINAS: UNA GESTA INCONCLUSA III

Publicado el 14 de junio de 2012 / 19.45 horas, en Buenos Aires

MALVINAS: UNA GESTA INCONCLUSA III 

Se están cumpliendo treinta años de las aciagas jornadas en las que Argentina debió cargar con la derrota militar de su campaña de recuperación del archipiélago malvinense, luego de la rendición de la guarnición establecida en Puerto Argentino y en toda la extensión de las islas, al no poder contener la ofensiva aeronaval y terrestre del Reino Unido, iniciada al promediar mayo de 1982. Los mayores combates, desarrollados durante la última quincena de junio y hasta el 14 de ese mes,  demostraron no obstante que para Gran Bretaña la nueva ocupación de las islas no fue un paseo militar y que el alto costo que debió pagar era mejor que se mantuviese en secreto y así ha sido desde entonces. Esto mediante una norma que prohíbe a los británicos hacer público al margen de los canales oficiales lo que pasó en términos de pérdidas inglesas. Prohibición vigente hasta dentro de  medio siglo.  

Escribe: Néstor DÍAZ VIDELA 

Después del hundimiento del crucero General Belgrano, el 2 de mayo de 1982, fuera de la zona de exclusión alrededor de las islas establecida por los mismos británicos y como respuesta a las necesidades políticas de la hora de la primera ministra Thatcher, se diluyó toda posibilidad de negociación que incluía la avanzada que llevaba adelante el Perú, país que en el contexto fue el único que de manera concreta apoyó tanto el esfuerzo diplomático como el militar de los argentinos. Todo el espacio de interacción posible a partir de entonces, se delegó en las armas y en las operaciones por tierra mar y aire ocuparon el mes y medio siguiente del conflicto.  

Los feroces combates de Goose Green, a partir del 28 de mayo y los últimos en la peniplanicie de Puerto Argentino, en los dos días finales de enfrentamiento dejaron en claro que era completamente errónea la percepción previa de los británicos sobre la capacidad de respuesta y disposición para el combate de las fuerzas armadas argentinas. Hubo unidades tales como el batallón de infantería de marina (BIM) 5 de Tierra del Fuego, que siguió luchando varias horas después de que se decidió interrumpir la resistencia, con el aniquilamiento subsecuente de varias de las unidades terrestres y de élite que desplegaron los británicos para el asalto sobre la capital del archipiélago.  

De manera oficial el gobierno británico ha negado siempre la verdad en cifras de las pérdidas que le acarreó el esfuerzo bélico para recuperar el terreno de las islas y aunque no han podido ocultar el hundimiento de sus buques, por parte de la fuerza aérea, además de la aviación naval y del  ejército argentino, salvo lo ocurrido al portaaviones Invencible, sí han construido muros de silencio sobre la dimensión de los golpes que sufrieron durante los enfrentamientos directos. Los relatos de combatientes ingleses, los libros que esos hombres publicaron en el curso de estos treinta años y los intercambios epistolares y presenciales entre oficiales y jefes de ambos bandos, puso a las claras las dimensiones del heroísmo de las tropas argentinas en esos días de combate abierto, a despecho de las campañas de “desmalvinización” que se desplegaron, una vez que cesaron los combates.  

NO FUERON EMPANADAS 

En la suma quedó claro que para los ejércitos del mundo desarrollado y con experiencia en conflictos mundiales, lo que sucedió en el campo de batalla de Malvinas debe hacer pensar seriamente y varias veces, antes de intentar un enfrentamiento con efectivos latinoamericanos. Éstos demostraron que no tienen el “pecho frío” y se juegan en la confrontación hasta el límite, asumiendo la responsabilidad que el país les ha delegado. Lo anterior tiene mayor espesor en las consideraciones si se tiene en cuenta que quienes enfrentaron a los ingleses no eran soldados profesionales, salvo los mandos, sino conscriptos; vale decir, jóvenes que estaban allí en cumplimiento de las obligaciones de su servicio militar.   

El cuadro de situación pareciera a la medida de lo que afirmó el Libertador José de San Martín, hacia 1845, “los argentinos demostraron que no son una empanada que cualquiera puede llevarse a la boca”. Esa expresión la manifestó el retirado general desde Europa en sus últimos años de vida, después de levantado el bloqueo que la flota anglofrancesa le impuso al Río de la Plata y a Buenos Aires. La defensa de las aguas por parte del gobernador Juan Manuel de Rosas hizo que San Martín, además de decir lo que dijo, le obsequiara el sable de su campaña libertadora a Chile y Perú al jefe de la defensa. Ese mismo comportamiento tuvieron los hombres que enfrentaron a los británicos en Malvinas. 

Aquel 14 de junio de 1982 dejó la sensación de que por momentos la contraofensiva de las fuerzas coloniales pudo ser detenida e incluso rechazada. Eso también contenía un serio riesgo y éste fue la determinación de la conducción política en Londres, cuya cabeza visible era la primera ministra Margaret Thatcher, de utilizar incluso armamento nuclear contra el país sudamericano si la resistencia argentina ponía en peligro la exigencia de vencer impuesta a los británicos. 

Esa es una amenaza aún vigente pues, a contrapelo de la repulsa internacional al respecto, nadie descarta que las hipótesis que se manejan desde la capital inglesa aún mantengan esa idea si el conflicto se reencendiera en el Atlántico Sur. Lo que incluye la certeza de que las Malvinas bien pueden ser un depósito de arsenal nuclear

Esto de por sí se convierte en un revulsivo que parte de la presencia inglesa en las islas y debe hacer repensar a los países del entorno latinoamericano  que hoy están en condiciones de hacerlo, sobre sus propias políticas de desarrollo nuclear. La sola sospecha de que Gran Bretaña tenga hipótesis de ese tipo sobre la región -y eso incluye a su depósito  en las islas en disputa- se suma a las razones que fortalecen la exigencia de que el territorio debe ser descolonizado y los ingleses deben cesar su ejercicio de soberanía en ultramar, pues esto representa una severa amenaza vigente y futura para toda Sudamérica.  

Es por eso y por otras poderosas razones que debe señalarse a la gesta militar de las islas en 1982 como una obra inconclusa y así seguirá mientras ese enclave colonial permanezca tal como sigue o se siga estimulando la noción perversa de “la autodeterminación” de su escasa población con pasaporte británico.  La actual posición británica, en efecto, agita la delirante idea de la autodeterminación de los ingleses en un territorio al que contranatura se considera inglés

PELIGRO PARA SUDAMÉRICA 

De manera simultánea, se alientan las inversiones de capital para la explotación de recursos en áreas terrestres y marítimas bajo conflicto, tanto como se aspira a minar las posiciones de unanimidad en el rechazo de América Latina sobre ese espacio insular, intentando de manera sibilina atraer nuevamente a Chile y a Colombia para convertirlos otra vez en caballo de Troya de su intención de mantenimiento de la situación de rémora colonial, insostenible en este tiempo como argumento ante la comunidad internacional.  

El mecanismo para fijar esa idea de mantener la continuidad de la alambicada argumentación es el estatus de “territorio de ultramar”, aprobado por la comunidad europea. Eso significa, ni más ni menos, de que existe un límite territorial, a través de las islas Malvinas, entre América Latina y Europa, con todos los peligros que esto conlleva.

En efecto, un agravamiento de la situación en el Medio Oriente y por efecto de sus repercusiones potenciales hacia Europa, trasladaría el cuadro y sus derivaciones imprevisibles  a la América del Sur. Esto no es nuevo pero se mantiene esa sombra de manera larvada desde hace más de un siglo y medio. Esto es, desde que nace la iniciativa de constituir un estado con territorio propio para el pueblo judío.  

Aquel propósito se alcanza en 1947, pero desde entonces el nuevo estado de Israel no ha tenido un día de paz y nadie asegura que esta se pueda alcanzar en breve lapso. Mientras tanto no se alcance esa paz la deriva significa una amenaza potencial por repercusión en todo el territorio de América Latina, en particular para sus grandes espacios aún no desarrollados y asimilados de manera integral, tal como lo son la Patagonia argentino-chilena, la cuenca amazónica y el espacio abierto de los llanos colombo-venezolanos. 

No debe olvidarse que fue Gran Bretaña mediante pacto con la comunidad sionista la gran impulsora, desde 1917, de la creación de un estado hebreo en Palestina  asegurándose con ello su victoria sobre Alemania, un año después. Pero está visto que la inestabilidad que genera la presencia del estado Israel en todo el Medio Oriente y el potencial conflicto nuclear que guarda esa eventualidad, puede llevar a la hegemonía mundial a volver a abrir la caja de pandora de otras expectativas territoriales, tal como se pensó cuando la creación de patria judía era sólo un proyecto, en la segunda mitad del siglo XIX (aresprensa).

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