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MALVINAS: UNA GESTA INCONCLUSA VI

Publicado el 31 de octubre de 2018 // 19.00 horas, en Bogotá D.C.

Argentina Indefensa

MALVINAS: UNA GESTA INCONCLUSA VI

El submarino argentino se hundió en noviembre del año pasado, después de una inexplicable explosión en el perímetro amplio de la zona de exclusión alrededor de Malvinas, área unilateral de pugnacidad que persiste 35 años después del enfrentamiento armado entre Argentina y Gran Bretaña, por la soberanía del disputado archipiélago. Una zona marítima localizada en el camino a las riquezas y posición geoestratégica de la apetecida Antártida. Todo es misterio en torno al sumergible ARA San Juan, siniestrado y desaparecido sin que aparezca una mínima respuesta eventual y creíble de una suerte que por lo menos, hasta ahora, ya se sabe trágica. Esa tragedia es el ápice de la situación no solo de  la Armada argentina sino de todo su dispositivo militar para la defensa. La  estrategia de “desmalvinización”, que se inició para los  argentinos en el mismo momento en que finalizó el conflicto y aún con la presencia de las fuerzas armadas a cargo de la admistración del país. Un proceso que se profundizó en los tiempos de democracia y no  se detuvo hasta el momento.

Escribe: Néstor DÍAZ VIDELA

La Argentina carece hoy de defensa estratégica: sin una marina creíble, con la inexistencia de una fuerza aérea capaz de cumplir con los mínimos de su misión institucional debido a la inexistencia casi absoluta de equipos de vuelo para el combate y con un ejército también reducido a la mínima expresión y con la mera carga de sus símbolos históricos. Estos últimos acumulados durante las invasiones inglesas de 1806 y 1807, antes de la guerra de independencia y, después, con las gestas sudamericanas que encabezó José de San Martín. En el plano político, la debacle de la estructura  defensiva argentina e incluso la  de su seguridad interior se encuentra “en esqueleto”, como se decía en el siglo XIX para referirse a una fuerza armada desarticulada y carente de toda posibilidad de respuesta ofensiva o defensiva.  En el plano civil de lo político, no se observa en el conducción del país una tendencia siquiera balbuceante de  reconstruir el poder militar del país.

Incluso debe advertirse que lo que han dicho algunos integrantes del actual tandem de control y orientación argentina -entre ellos la dirigente Elisa “Lilita” Carrió- en el sentido de que en la actualidad Argentina “no tiene hipótesis de conflicto”, tal como lo afirman de manera de manera oronda no solo ella sino una buena parte de los argentinos de a pie, es un velo de conciencia para afrontar los riesgos geopolíticos que se le plantean. Nada más erróneo -en especial para los riesgos en un futuro mediato- pues los conflictos se presentan no necesariamente siguiendo una línea recta sino que a veces siguen una dirección de lógica cuántica -por decirlo de alguna manera- y es por eso que pueden aparecer de manera imprevista. La historia, si se repitiese, es porque las generaciones que tuvieron la responsabilidad de tomar previsones, no lo hicieron. Lo que sucede en la Patagonia con el grupo subersivo RAM, que se pretende empeñado en una reivindicación de los presuntos  derechos de los llamados pueblos originarios, es apenas una mínima señal de alerta.

El simple hecho de que los británicos mantengan su zona de exclusión alrededor de Malvinas, planteada para la guerra, dice en primer término que para los ingleses el conflicto no está cerrado, más allá de los papeles que se hayan firmado durante el gobierno ominoso de Carlos Menem, un hombre considerado con válidas razones como un “traidor a la patria”. Fue este ex presidente, condenado por la justicia y  hoy refugiado como paria electo en el senado argentino, quien dio en su momento los mayores golpes para la disolución de las fuerzas armadas, aunque no fue el único que carga con el estigma en tiempos de democracia. En segundo término, debe decirse que para Gran Bretaña su proyección desde Malvinas está sobre el territorio antártico y sobre la misma Patagonia oriental, para la que nunca desaparecieron las amenazas potenciales. Nunca desde el final del siglo XIX, cuando la Argentina la incorporó a su soberanía concreta y estuvo a punto de ir a la guerra con Chile por ese extenso territorio delimitado al oeste por la cordillera de Los Andes, en tres ocasiones y hasta bien avanzado el siglo XX.

Eso significa que los  peligros sobre la misma integridad argentina, aunque no aparezcan en primera plana, sí lo están en términos eventuales y con suficiente espesor. Hoy existe en la Patagonia la ominosa presencia de una base china operada por personal militar activo de ese lejano país y sobre el cual los argentinos no tienen acceso. El marco de situación debería  llenar de una vergüenza que han demostrado no tener -aunque sí muestran patrones de irredimible cinismo- la lista de gobiernos argentinos surgidos en democracia desde 1983. Lo que conmueve sin reversa es la indiferencia y la anomia de la clase dirigente argentina ante la indefensión intencionada del país, para evitar la posibilidad de un “partido militar”. La indiferencia suicida al respecto es hoy generalizada frente a la evidencia de un país que está desarmado en los hechos y de manera integral. Aunque también debe señalarse que la desvergüenza y la descalificación hacia esa dirigencia alcanza para quienes encabezaron el último tramo de la última administración militar. En ese corto periodo final previo al retorno de la democracia, los uniformados de alto rango, que no fueron al combate,  intentaron ocultar y desconocer a los héroes que en el  aire, las aguas y el campo de batalla malvinense, habían honrado el uniforme y la bandera albiceleste.

Defensa hecha ante una potencia imperial de la Otan, así como en defensa y prevención de las amenazas presentes al tiempo que por venir, tanto sobre el territorio continental de América del sur como sobre la Antártida. Lo ominoso de la situación construida durante casi 4 décadas es tal que se muestra en hechos sonrojantes como fue el ocurrido cuando se produjo la visita del presidente Barack Obama a la Argentina, casi al final aún reciente de su mandato: no hubo un solo avión en condiciones de la hoy ilusoria Fuerza Aérea Argentina para escoltar al Air Force One. Durante el enfrentamiento del Atlántico sur la Argentina tuvo en disposición de combate y apoyo logístico más de cien aviones. La desaparición del submarino ARA San Juan no es casual en el hundimiento también generalizado de Armada argentina. Todo hizo suponer en principio que lo ocurrido con la nave es otro capítulo repetido, fruto de la corrupción y el desguace del arma en proceso paulatino y continuado. Pero ahora se sabe que el submarino estaba en operaciones secretas, con personal naval táctico a bordo -de élite- para operaciones de superficie y por fuera de la estructura de desplazamiento bajo el agua. Navegaba, además, en el borde de la zona exclusión británica y eso hace que todas las hipótesis al respecto queden abiertas (aresprensa). 

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Actualizado: miércoles 25 abril 2018 17:35
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