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MALVINAS, UNA GESTA INCONCLUSA VII

ACTUALIDAD  //  Publicado el 13 de junio de 2019  //  23.45 horas, en Bogotá D.C.

 

MALVINAS, UNA GESTA INCONCLUSA VII

 

Hace un año y medio se hundió en circunstancias no aclaradas hasta hoy de manera plena, el submarino argentino ARA San Juan, a gran distancia de la costa continental pero dentro del ámbito geopolítico al que pertenecía la nave en tanto área de tensión que nunca ha desaparecido, desde el enfrentamiento entre las fuerzas argentinas con las británicas. El misterio relativo puede considerarse una página agregada a lo ocurrido en junio de 1982 en esa zona del mundo pues ese buque de ataque, en malas condiciones de navegabilidad, era una de las pocas piezas que le quedaban a la marina de guerra del país después de lo acaecido en Malvinas. La capitulación de las fuerzas armadas de ese país ante Gran Bretaña, oficializada en Puerto Argentino el 14 de junio, fue de largo plazo y aún no se cierra. Lo ocurrido con el sumergible, aunque de manera indirecta, es parte ampliada de aquel drama que se prolonga para los  sudamericanos sin solución de continuidad. Lo es porque la derrota del contingente desplazado en el inicio de abril de aquel año con la intención de recuperar la soberanía de Buenos Aires sobre el archipiélago y aventar la amenaza de la presencia europea directa y armada sobre el continente y el mar adyacente que incluye el área antártica, se mantiene ahora con más radicalización por parte de la potencia colonial y con mayor riesgo hacia el futuro tanto inmediato como en el largo plazo.

 

Escribe: Néstor DÍAZ VIDELA

 

Pero lo más grave de ese cuadro es que la línea de casi todos los gobiernos en democracia ha sido mantener una mirada esquiva que es cómplice con los intereses coloniales de los británicos de manera específica y en general hegemónicos  mundiales sobre ese espacio. Peor  aun, el desguace de la capacidad argentina de defensa y disuasión es la frutilla del postre, en la resignación ante los poderosos del mundo y la mansa aceptación del vasallaje de una parte importante de la dirigencia argentina. El gobierno vigente y el pasado no han sido la excepción en la saga vergonzante. La administración vigente de Mauricio Macri acaba  de permitir el vuelo comercial hacia las islas desde el Brasil, con escala en la ciudad de Córdoba, sin exigencias de contraprestación como hubiese correspondido. En tanto que la anterior presidencia de Cristina Fernández permitió la instalación de una base de observación satelital china, sin que la  Argentina pueda ejercer poder soberano sobre la misma. No han sido las únicas muestras de sumisión después de esas casi cuatro décadas transcurridas desde la confrontación bélica en el Atlántico sur.

Desde el cierre de aquel enfrentamiento armado, los gobiernos -incluido el gobierno militar que tomó la  decisión de recuperar el archipiélago- tomaron el camino de emprender un proceso de degradación material, ideológica y de principios, proceso al que se llamó “desmalvinización”. Ha sido una alusión indirecta y de manejo coloquial extendido en medios y población, eludido en lo explícito por parte de las autoridades de manera verbal o en documentos, pero vertical en los hechos. Comenzó con el ocultamiento de los combatientes a su regreso  y de un tortuoso procedimiento para el reconocimiento de sus derechos, alcanzados con dificultad a lo largo de los años. Siguió con la eliminación del servicio militar obligatorio en los años 90, bajo la  presidencia del tristemente célebre de Carlos Menem, y en esa misma administración en tiempos de democracia con la disolución de la evolución de la balística propia, el desmantelamiento de la  Fábrica militar de aviones y el intento de poner freno a la industria nuclear, muy avanzada por entonces y hasta hoy en la Argentina.

La reducción de la capacidad de defensa hasta la impotencia en la que hoy se encuentra ha llegado al extremo de que el país carezca de pilotos entrenados, incluso para hacer volar un avión de la presidencia, que hoy tampoco existe. El personal de la aviación militar que se cubrió de gloria en la gesta malvinense y redujo de tal forma la logística y poder ofensivo  británico de esa fuerza en los hechos militares de mayo hasta junio de 1982, no tiene hoy equipo siquiera para el entrenamiento de sus hombres y el aporte de los aviones “Pampa” en las distintas brigadas de combate distribuidas en el país ejercen una evidencia simbólica, apenas, con lo que fue una poderosa fuerza aérea argentina. Esto sin dejar de lado que fue este país el primero en América Latina en fabricar aviones de combate a reacción, el famoso “Pulqui” de fines de los años 40, cuando muy pocos países en el mundo después de Alemania, los  producían. Debe recordarse que el daño producido por los aviadores argentinos hizo pensar en rendirse, en dos ocasiones, al  almirante jefe de la fuerza invasora británica ante la feroz resistencia de los argentinos.

CAMPO SANTO ARGENTINO - DARWIN

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Así lo insinuó John Forster Woodward en sus memorias de guerra.  Es  que ellos, los ingleses, nunca  pensaron encontrar el fuste de guerrero de los soldados argentinos, en el conjunto de sus cuadros y armas. La Fuerza Aérea no fue una excepción en el enfrentamiento y los relatos surgidos después de la controntación, en  especial los del enemigo británico, así lo señalan. “No picnic” se llama el libro del brigadier Julian Thompson al respecto y ese título dice de lo que encontraron los británicos en el combate, que ellos suponían sería un paseo militar. Eso fue lo que llevó a la convicción de las hegemonías -no importa si estas son británicas, norteamericanas, israelíes u orientales- sobre la necesidad de reducir a la Argentina a la impotencia vigente. Debía impedirse que el país pudiese no solo defenderse en un área estratégica para las apetencias -allí están la Antártida y las patagonias, tanto argentina como chilena, además es el paso natural entre océanos- sino que renunciase para siempre en el reclamo sobre la presencia europea como amenaza desde Malvinas no solo hacia el Cono sur sino sobre toda Sudamérica.

En efecto, la base construida por Gran Bretaña en nombre, por ahora, de la Unión Europea tiene capacidad ofensiva, sobre todo el subcontinente y la Antártida incluida. La Argentina nada exigió a un Londres debilitado, en la actual coyuntura del Brexit, para la reanudación de los vuelos entre el territorio continental y Puerto Argentino. La vergonzosa genuflexión en ese punto ha sido reiterada ahora por el gobierno de Mauricio Macri. El territorio de Malvinas sigue llevando la marca de las tumbas de los héroes que ofrendaron sus vidas en cumplimiento del mandato constitucional argentino de entregar sus vidas en defensa de la Nación y de su integridad geográfica, aun cuando gobiernos vasallos miren hacia el costado o sigan vulnerando el derecho histórico argentino a su integridad. Aún tienen el señor Macri y sus funcionarios el tiempo y el espacio constitucional e institucional para representar de manera digna las aspiraciones de su pueblo. Sería lamentable que sus políticas los confirmen en la lista conformada durante casi cuatro décadas, de traidores a su patria (aresprensa).   

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VÍNCULOS: EL PEOR BOLIVAR  //  SOL NEGRO PARA MACRI II       

Actualizado: viernes 14 junio 2019 00:42
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