logo_aresprensa_notas
MARIO VANEMERAK: EL MARADONA QUE CONOCÍ

Publicado el 11 de junio de 2010 / 08.20 hora de Bogotá D.C.

MARIO VANEMERAK: EL MARADONA QUE CONOCÍ 

Diego Maradona, quien fue y sigue siendo ídolo de la afición argentina y es referente de ejemplos malos y buenos para todo el mundo, tiene una personalidad controversial que nadie niega. La discusión sobre las variaciones en la personalidad de Maradona, sobre todo cuando está expuesta a la presión mediática, con frecuencia ensombrece y también oculta algunas constantes de su vida cotidiana y de su historia personal o como deportista. En todo caso, nadie niega dos de esas constantes: una, su gloria como capitán de la selección albiceleste con la que conquistó la Copa de México 86, la otra es su proverbial generosidad con sus relacionados cercanos, en especial sus compañeros de equipo. Un hombre que lo conoció bien fue Mario Vanemerak, quien compartió vestuario con el jugador que hoy es orientador técnico de la Selección que disputará posibilidad de título en el Mundial de Sudáfrica, además de viajes, concentraciones y partidos como preseleccionado de aquel equipo que fue a México y resultó campeón mundial.  

Escribe: Mario Vanemerak  

Compartí con Diego Maradona dos años de vida deportiva. Fue en la etapa previa al Mundial México 86, con el equipo que salió campeón del mundo, derrotando en el último partido en forma indiscutida a la invencible Alemania. En concentraciones agobiantes como lo son todas, pero llenas de optimismo en un conjunto que ni los mismos argentinos de esa época miraban con suficiente confianza, pude conocer de cerca la dimensión humana de un Maradona quien, sin impostar comportamiento, tenía conducta líder. 

Su palabra y su consejo se escuchaban y se acataban, pues en ese momento ese compañero de equipo ya era un astro indiscutible. Si había una posibilidad de alcanzar la cumbre para la Argentina que en ese momento se preparaba y aspiraba a clasificar y llegar a la final mexicana, no cabía duda que sería de la mano de Diego Maradona, como en efecto ocurrió.  

Era una intuición y una seguridad en la bruma del momento, pues toda previsión debía corroborarse con los hechos, que la presencia de ese jugador -un muchacho como éramos todos en esa época y como lo son ahora los que aspiran y sienten lo mismo que sentimos nosotros hace 25 años- era un pasaporte para cruzar las dificultades y aliviar las angustias de aquellos momentos. La clasificación de ese año previo al del mundial de México fue ni menos ni más angustioso que los que siempre acostumbra Argentina en sus eliminatorias.  

Estuvimos estacionados en Bogotá durante más de dos meses, para aclimatar al juego de altura las condiciones físicas de los preseleccionados. En esas circunstancias, Maradona ratificaba una y otra vez su generosidad con el grupo y la entereza ante sus rivales. Esa actitud formó una cadena de anécdotas. 

La Argentina de 1985 tuvo partidos definitivos ante el Perú, una selección que ya había eliminado a la Argentina en empate 2-2, en 1969 dirigida por el "maestro" Adolfo Pernera, y así la privó de asistir a México 1970. En 1985 frente a los incas, se repitieron circunstancias similares. En el enfrentamiento de Lima, Maradona fue asediado de manera infernal en la marca por Luis Reyna y nunca le escuché una queja o un lamento en los vestuarios por la fuerte presión de ese bloqueo físico. 

Recuerdo que también pesaba en nosotros la historia de 15 años antes, en 1970, cuando la selección argentina que pasó a dirigir Juan José Pizzuti y ya eliminada al Mundial de México, le ganó en amistoso al Brasil de Pelé, en Porto Alegre, en el partido preparatorio previo al viaje a otra consagración. Una ironía, porque Argentina venció a la selección brasileña más brillante de su historia y la que en definitiva ganó la Copa en ese México que los aztecas volvieron a reeditar para gloria de los argentinos, en 1986.  

El Diego Maradona de 1985 y yo, como el resto de los preseleccionados, no ignorábamos esa historia y el astro se esforzó como uno más, sin reclamo de privilegios, para que la parte mala de la historia no se repitiese. Así se había ganado ese sitio especial entre nosotros, sin que se notase que pudiera existir en una lucha de egos entre Passarella y Maradona.  

Esto más allá del hecho cierto de que allí estaba ese otro hombre que también ejercía un fuerte liderazgo en el grupo: Daniel Passarella. El "kaiser" ya era campeón mundial pues había ganado la copa de 1978 y había conducido a la Selección como capitán, en España 82.  

Esos eran suficientes laureles para mantener la cohesión del conjunto alrededor de un hombre con pasado y con presente y con otro, que afirmaba su presencia en la Selección, de puertas hacia adentro del vesturio. Así fueron Daniel Passarella y Diego Maradona en el trabajo del seleccionado argentino, entre los años 1985 y 86. 

Pero sucedía que, sin hacer esfuerzo y por peso específico, con la magia de su juego y la espontánea solidaridad con todo el grupo, Diego Maradona se había ganado ese lugar sobresaliente, con un "plus" particular entre todos nosotros. El astro de aquellos preseleccionados distribuía entre sus compañeros lo que tenía al alcance de la mano. 

Lo hacía con nosotros y también con los jóvenes deportistas o visitantes casuales que llegaban a la puerta de los vesturios. Sencillamente, regalaba todo y no guardaba en su memoria inmediata dónde había terminado una chaqueta, un pantalón o una pelota que muchas veces estaba destinada a los entrenamientos. 

Una anécdota pinta el perfil de ese Maradona, joven, hambriento de gloria como todos los que estábamos en esa Selección y compartíamos con veteranos como Ubaldo Matildo Fillol y el mismo Passarella, campeón del mundo al igual que Fillol. En la ocasión en que el presidente de la AFA, Julio Grondona, se reunió con el equipo para hablar de los premios por clasificación y por posiciones en el campeonato mundial que se avecinaba, Maradona puso una imprevista condición: los premios "debían ser para todos los preseleccionados", no solamente para quienes viajasen a México.  

Era una condición razonable pues la fase de entrenamiento y preparación se había llevado dos años de nuestros esfuerzos y vidas, aun cuando no todos viajarían a México. Ante la oposición vertical de Grondona, Diego Maradona le dio un ultimatum, en presencia del grupo completo presente en el vestuario: "o todos o ninguno" y se condicionó la continuidad de la Selección en el campo de juego de las eliminatorias. La máxima cabeza de la AFA debió ceder y aceptar los planteamientos de Maradona y, en efecto, pasado el Mundial de México todos recibimos nuestros premios, incluso los que finalmente no estuvimos en el último grupo de elegidos. 

Pero eso fue un detalle más en la proverbial generosidad de Maradona con su gente. En otra ocasión, la urgencia del trabajo lo obligó a entregar su reloj personal de una marca de jet-set, a uno de sus compañeros. A paso seguido, olvidó quién había recibido la pieza y ni siquiera se preocupó por el destino de ese valioso reloj. 

Ocurrió que el depositario había sido el autor de esta columna, pero Maradona había pasado por el alto el detalle que en otra circunstancia hubiese podido haber afectado su patrimonio. Cuando lo recibió de vuelta, le pareció lo más natural haberlo entregado sin saber a quién y recibirlo de la misma manera.  

El paso de los años no cambió, en ese punto, al Maradona que conocí y considero que ese aspecto, el desprendimiento, es un rasgo positivo que supongo seguirá presente en el trato que hoy tiene con sus dirigidos. Un enfoque básico de relaciones interpersonales para motivar en un vestuario a quienes saldrán a jugársela en el campo de las definiciones, tanto humanas como deportivas. 

Lamenté sobremanera en los años posteriores a aquella etapa de entrenamiento premundialista, los altibajos que tuvo la vida deportiva y personal de mi amigo y compañero en la selección de fútbol argentina. En todo caso, puedo acreditar que su capacidad de entrega como ser humano no sufrió mella y, por eso, le deseo buena suerte en este Mundial de Sudáfrica (aresprensa.com). 

0.0
Actualizado: -/-
Related Articles: MARADONA YA NO HACE MILAGROS PARA ARGENTINA DIEGO MARADONA DEBE MARCHARSE AHORA FRACASO ARGENTINO: MARADONA APUÑALADO CON JUSTICIA EN BOLIVIA
SIETE ESPERANZAS DE AMÉRICA LATINA VEA

Visitas acumuladas para esta nota: 1626

¡SÍGANOS Y COMENTE!