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MÁS GLOBOS QUE ORO

Publicado el 09 de enero de 2018 // 11.00 horas, en Bogotá D.C.

 

MÁS GLOBOS QUE ORO

Así como el año anterior todos los acontecimientos de apertura previos al Oscar se regodearon con el canibalismo hacia el presidente Donald Trump, esta versión 75 de los esperados globos de oro, tuvo como eje de exaltación otro motivo distante del arte en sentido estricto y ahora con sentido, casi, de afirmación de género e importancia social y política: el acoso sexual en los sets y oficinas de los estudios. Algo que no es nuevo, para nada, pues esa es la historia repetida de Hollywood y fue por su mala fama al respecto que se creó el Oscar hace casi un siglo. Acaso, ¿alguien olvidó cómo se hizo el casting por todo  los Estados Unidos para “Lo que el viento se llevó”?; entonces, ¿por qué ahora la protesta institucionalizada? La respuesta es simple, las minorías y los sectores incluidos de manera formal pero siempre negados de hecho ahora hacen acto de reclamo y en superficie de manera persistente. Eso es lo que se ve en la actualidad no solo en los escenarios del arte sino en diversos planos, no solo de los Estados Unidos sino en el resto del mundo. Ya hace más de dos décadas Gianni Vattimo había anticipado el fenómeno del relieve a los velados, en su libro “La Sociedad transparente”.

Llama la atención, eso sí, que los reclamantes formen parte de un grupo privilegiado, como lo son los astros y estrellas de Hollywood. Esa es la realidad que supera incluso la ficción cinematográfica, porque si los premios Oscar se crearon para mejorar la imagen de la amoralidad -desde la mirada de los moralistas- en la industria cinematográfica que se acerca al centenario de su vigencia -este año se celebra la edición 90- lo cierto es que el problema que adquiere patente de visibilidad está presente desde el inicio de la industria y ya a nadie se debería escandalizar por ello. Aunque sí es bueno creer que el agitar banderas generará milagros siempre distantes del relato fílmico, salvo por el aporte de la tecnología. Pero creer siempre confiere optimismo y esperanzas, como las utopías y los globos que aunque no sean de oro permiten que anide la expectativa de que alguna vez cambien las cosas que jamás han cambiado. Eso pretendió el Oscar en los mismos tiempos en que la época de entre guerras hizo suponer que no habría más guerras.  

Las vestimentas en negro hicieron la escenografía necesaria para el reclamo por el abuso y acoso sexual, serial y estructural.  Salvo tres actrices que no aceptaron el llamado de la propaganda reivindicativa,  el resto  se sumó a la tropa que obedeció el llamado de los convocantes, mostrando además un prendedor con un letrero que decía: “el tiempo ha terminado”. Una breve leyenda contra un siglo de tradición en laxitud y libertinaje -para ellos y no pocos de los otros- que nadie ha desconocido jamás: los que estuvieron, los que ingresan y los que miran desde afuera de las míticas fábricas de sueños que se traducen en filmes y riqueza. El desarrollo de la gala estuvo en línea con el libreto trazado, cuyo argumento subió por el aire inflado con el gas adecuado. Allí estuvieron presentes en las alusiones descalificantes los que fueron enviados a la hoguera de la nueva inquisición ejemplarizante: Kevin Spacey y Harvey Weinstein, entre otros que no son únicos. Lo curioso es que se mantuvo distante de las  referencias grises al presidente Trump.

No lo estuvo en referencia directa ni en cuerpo presente, pero allí estuvo de manera indirecta porque no debe olvidarse que en sus mejores tiempos y roce farandulero, el actual mandatario de la potencia más poderosa del planeta tuvo mano rápida para las partes  de sus agraciadas y vinculadas con labores de escenario y a veces  con aspiración de reinas. Nadie ha olvidado tampoco la palabra rápida y sin límites del hoy presidente de los Estados Unidos para las insinuaciones morbosas hacia aquellas buenas mozas vinculadas con sus negocios y que posaban a su lado. Pero, claro, el presidente ya tuvo su medicina en el año anterior cuando fue destazado sin clemencia, no por esto que tuvo por horizonte al premio de los globos, puesto que aquellos bien pudieron ser pecadillos no exclusivos de su personalidad y de los hombres con poder omnínodo o relativo en el mundo del espectáculo, del cual también hizo parte el pintoresco Trump. Lo del año pasado fue el tema de otras minorías y sectores en minusvalía también blanco del  verborrágico hoy inquilino de la Casa Blanca.

Más allá de lo visto, lo cierto es que, como siempre, estos premios abren la puerta a los venerados Oscar en el mismo aire que huele a Hollywood y que se cierra con la entrega de las estatuillas, el próximo 4 de marzo. Son estos los premios que concede la Asociación de prensa extranjera de la meca americana del cine. Eligieron a los ganadores casi un centenar de integrantes de este grupo de periodistas especializados. Los globos se diferencian de lo que hace la Academia en tanto se premia no solo lo hecho para la pantalla grande sino además a las series de televisión, así como a las  películas realizadas para la pantalla chica. También distingue los galardones para los géneros estéticos, como lo hace para el caso de las obras dramáticas, ,las comedias y los musicales.  Otra diferencia se marca frente a la creencia errónea de que los premios que otorga el Globo de oro son un previo anuncio de lo que ocurrirá en el Oscar. Los laberintos de selección de la estatuilla son más intrincados y múltiples que la localizada y reducida que hacen los periodistas extranjeros.      

No todos los latinos fueron afortunados en esta edición 75 del Globo de Oro, no obstante de que dos nombres de gran relieve figuraban en los pronósticos. Eran los del chileno Sebastián Lelio y del mexicano Guillermo del Toro. Favorecido  como mejor director resultó este último con otra de sus tramas surrealistas: “La Marca del agua”. El austral Lelio, que ya no se baja de estar incluido de forma constante entre los grandes realizadores, apostó con su  trabajo “Una Mujer fantástica” al lauro de mejor película extranjera. Fue desahuciado no obstante que lo apoyaban buena parte de los pronósticos y el gran premio para los extranjeros se lo llevó el turco-alemán Fatih Akin por “”In the fade”.  El premio más codiciado, el de mejor película dramática lo alzó “Tres anuncios por un crimen”. No fue lo único, este filme también le dio a Frances Mc Dormand el galardón a mejor actriz, al igual que el premio a mejor actor de reparto para Sam Rockwell. En solitario Gary Oldman levantó el Globo como mejor actor por “Darkest Hour” (aresprensa). 

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Actualizado: viernes 26 enero 2018 17:45
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