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MÉXICO, EL INVITADO EN LA FINAL OLÍMPICA

Publicado el 07 de agosto de 2012 / 20.50 horas, en Bogotá D.C.

MÉXICO, EL INVITADO EN LA FINAL OLÍMPICA 

Las semifinales dejan un invitado inesperado para el fútbol olímpico: México. La nación azteca ha luchado mucho por méritos como éste en los diversos campos del balompié mundial. Por eso es merecida su presencia en la final olímpica frente a Brasil, ese rival que todos y nadie quieren enfrentar. Ya era tiempo de cerrar la página de las continuadas frustraciones para el “Tri”. En mundiales y copas América los mexicanos llegaban alto pero se quedaban a uno ó dos pasos de los galardones principales. Las intrincadas lógicas del fútbol no premiaban a un país que desde hace más de dos décadas se prepara con tesón para mejores recompensas en este deporte universal. La circunstancia de estar en una final olímpica es un anticipo de mayores cosas para ese complejo camino que ha recorrido México y que en América Latina ya exige el respeto que la historia ha construido antes para Brasil, Argentina y Uruguay. 

Esta final, entonces y por eso, es inesperada. Allí están dos aspirantes a medalla de oro en fútbol, uno de ellos primerizo porque el otro ya disputó oro olímpico con infortunio. A México lo acompañará este otro conjunto que también ha llegado al punto definitivo con merecimiento aunque frente a rivales sin los oropeles que carga este campeón sempiterno del fútbol, menos del fútbol olímpico.  

Los aztecas pudieron arribar a la instancia definitiva después de dejar atrás a un Japón que refulgió al superar a equipos tales como el favorito España y empatando con una Honduras que, por poco, deja al mismo Brasil por fuera.  México venció a Japón en el escalón semifinal con suficiencia indiscutida.  

Es cierto que los nipones no brillaron como lo hicieron en duelos anteriores de este Londres 2012, pero ello no les resta méritos como aguerrido rival ante un no menos aguerrido conjunto mexicano. Ello no obstante que el arranque de los latinoamericanos en la primera ronda fue tibio, con un empate  frente a una Corea del Sur que, a la postre, desafió a Brasil en la semifinal.  

En el partido de fondo, sobre los primeros quince minutos y en una grave maniobra brasileña que mereció ser sancionada con penal, Corea del Sur pudo abrir el marcador, de no haber mediado una patada descalificante con pierna levantada en la cabeza, por parte de Juan sobre el delantero coreano Dongwon Ji,  justo en el instante en que el oriental apuntaba y pegaba hacia la pelota y al arco. El peso psicológico de este encuentro era demasiado para la auriverde: tenía que ganar para aspirar a su primer oro olímpico. Carencia que, de alguna manera, es una vergüenza para un país queen fútbol lo ha ganado casi todo, excepto esto de la medalla áurea.  

Una segunda jugada malintencionada sobre el guardameta coreano, mereció otra tarjeta de expulsión que el árbitro checo también ignoró, como lo hizo con la primera. A esta altura, los 20 minutos, Corea del Sur merecía ganar sobre los latinoamericanos por el simple juego limpio que exhibía el equipo asiático y del cual, en ese momento, carecía el grupo  brasileño. Un equipo carioca que había dejado mucho de su fortaleza en el campo ytambién mucho que desear, desde el compromiso anterior frente a los hondureños.  

En definitiva, el árbitro no cobró dos claros penales, en contra de los brasileños, que pudieron haber cambiado la suerte del partido. La obscena complicidad del juez checo Pavel Kralovec con el circunstancial juego sucio de Brasil no empaña la victoria alcanzada de 3 goles por cero, pero vuelve a poner en tela de juicio la necesaria neutralidad de los jueces en este tipo de competencias.  

La triple omisión grosera, protuberante e intencionada a favor de los sudamericanos por parte del árbitro europeo puedo haber alterado de manera severa el trámite del partido. Tanto la atropellada contra el arquero coreano como el golpe con zapato en la cabeza del rival en el área crítica a boca de arco y en el instante de ejecución para gol eran para descalificación y expulsión inmediata de los jugadores brasileños.  

La primera se produjo cuando el marcador aún estaba en cero. El equipo de Menezes no necesitaba de esa torcida ayuda de un jugador número 12, vestido de negro, que corrió en su beneficio en el primer tramo del partido y en el inicio del segundo tiempo. Una competencia universal como ésta debe ser más acuciosa por parte de los directivos olímpicos con árbitros que no merecen estar presentes en una justa de tamaña jerarquía.  

Brasil llega a la final con tres goles por partido. Una diferencia de mérito. Lo hizo ante Egipto, Bielorrusia, Nueva Zelanda, Honduras y en la semifinal con Corea del Sur. Se supone que ante un México afinado como éste que llegó a las Olimpíadas, las cosas serán a otro precio. Es de esperar también que no haya otro arbitraje vergonzoso como el que se vio en este partido entre brasileños y coreanos. Debe ganar en esta nueva final olímpica el que haga más merecimientos y goles sin la complicidad y ayuda ominosa de la decisión arbitral (aresprensa).

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