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MISERIA EMPUJA LA MIGRACIÓN

ACTUALIDAD  //  DOXA  // Publicado el 30 de abril de 2019  //  15.30 horas, en Bogotá D.C.

Doxa *

 

MISERIA EMPUJA LA MIGRACIÓN

 

Es uno de los dramas vigentes que azota a medio planeta y que no tiene miras, por el momento, de perspectivas felices para todos o buena parte de los afectados, en lo que hace a una solución medianamente aceptable y a la vista. Las oleadas de migrantes cruzan el Mediterráneo en dirección a Europa continúa aunque el año pasado haya bajado la cifra de que quienes se hunden y mueren en el cruce. Recorren también las carreteras de toda Sudamérica y no hay país aquí, en el subcontinente, que no tenga que dar respuestas al fenómeno masivo, sobre todo de los que salen de Venezuela. También marchan por Centroamérica en dirección a los Estados Unidos para estrellarse en un muro ya existente aunque incompleto, que tiene porosidades pero que es evidencia de rechazo y discriminación, algo que siempre estuvo presente aunque a veces apareciese embozado. Son los interminables flujos de migrantes que huyen de la persecución  o pretenden escapar del hambre y la miseria de sus países. Venezuela es una de esas fuentes y también lo son Nicaragua, El Salvador y Honduras, por citar solo a tres fuentes de origen de este drama colectivo, a veces trágico en términos definitivos para quienes lo padecen, desde protagonistas directos a indirectos.

 

Las víctimas son los más humildes como siempre ocurre en este y en tantos otros casos, en tanto causas que golpean no solo a individuos sino a poblaciones enteras. Entre la corrupción y la insensibilidad ante las desigualdades, gruesos núcleos son empujados a las marchas por fuera de sus hogares y espacios de lo que fue convivencia y tejido social propio. Otra causa de los estallidos que promueven la huida está la persecución. A veces se reúnen los tres factores y se agregan otros, sin que los previos desaparezcan y por el contrario con frecuencia se potencian entre sí. Eso por ejemplo ocurre en Venezuela, donde el acoso por la falta de alimentos, medicamentos, servicios hospitalarios y servicios públicos elementales, además de la persecución criminal del gobierno bolivariano a su propio pueblo en protesta permanente, agudiza la huida.

Un fenómeno que continúa y ha obligado hasta ahora a la desbandada a más de un 10 por ciento de su población, de todas las edades pero en su mayoría joven y activa, además de bien preparada en importante proporción. Ese es el drama generado por el experimento del socialismo del siglo XXI que los bolivarianos niegan en su siniestra magnitud y sus parciales locales en otros países del continente, como Colombia, pretenden emular. Con un cinismo a toda prueba las autoridades de Miraflores -llamadas “usurpadoras” por la oposición- y en particular uno de sus voceros principales, como lo es Diosdado Cabello, han señalado no hace mucho tiempo que quienes se van de Venezuela en largas, interminables, caravanas lo hacen interesados en hacer turismo”.

Algunos sí tienen ese privilegio, como son los hijos del propio Cabello, que pueden disfrutar de los millones de dólares que acumula su padre con el solo ejercicio de la administración de herencia chavista. Los muchachos cabelludos residen ahora entre Estambul y Moscú, grandes ciudades con atractivos sitios de paseo de países aliados de la administración acosada en Caracas. Los otros 4 millones  de venezolanos emigrados deben deambular por América Latina buscando lo que sea para el sustento, incluso unas pocas monedas de caridad pública. Una caridad que siempre será mucho más de lo que pueden aspirar en Venezuela, incluso en trabajos formales, pues la inflación en el país que alguna vez fue una joya del bienestar aspiracional hace esfumar el valor de la moneda local.

Eso ocurre allí, donde migraron en décadas pasadas millones de latinoamericanos y también europeos, quienes partieron en oleadas desde sus países por razones parecidas a las que ahora golpean a Venezuela. Unos y otros saben que por lo pronto allí donde hubo un relativo paraíso y refugio temporal están negadas todas las esperanzas posibles para una vida digna. Esa inflación supera a esta altura del año los dos millones y medio de puntos porcentuales y sigue subiendo, al tiempo que enfermedades que parecían desterradas, como el sarampión o la malaria golpean a más de un millón de venezolanos en el interior y son dolencias que llevan parte de los migrantes y golpean los sistemas de salud de los vecinos que los reciben. El régimen no da cifras al respecto y tampoco le importa hacerlo. De manera simltánea más del 40 por ciento de médicos y personal  especializado ya migraron del país en crisis profunda.  

Otra gran señal de alarma en las olas migratorias de este lado del mundo es el de las columnas de caminantes que parte de Centroamérica para chocar contra el muro y el rechazo de la administración Trump. Una repulsa desde el máximo poder administrativo norteamericano que en efecto tiene causas internas de circunstancias políticas y de seguridad frente a las políticas contra el tráfico y comercialización de narcóticos pero que también tiene una pesada carga atávica de desprecio racial y cultural. La dureza hacia la diferencia por parte de quienes hoy ocupan la Casa Blanca es un retorno a viejas prácticas que hoy afectan a los migrantes pero que tienen expresiones cotidianas no solo de parte de los funcionarios de la administración central.  El muro que quiere terminar Donald Trump lo iniciaron los demócratas.  De tal forma, que esto que hoy ocurre es para nada nuevo. Quizá sea ahora, eso sí, más marcado y grave.

La tragedia de los caminantes hacia el norte no es retórica sino concreta. Por el llamado Tapón del Darién pasan a diario decenas de marchantes que desafían una selva llena de pantanos y peligros. También lo hacen en precarias embarcaciones para cruzar el trecho de mar que separa a Colombia de Panamá. A no pocos se los traga el mar o quedan sometidos a los vejámenes de crueles traficantes que les prometen aliviar la travesía. Son gentes que no hablan español ni entienden de lo que pasa por la tierra que cruzan. También hay cubanos entre estos, pero la posibilidad de comunicación no los salva del pillaje y a veces también de la muerte. Los otros llegan de mayores distancias, a veces no imaginadas, como el Asia, y el oriente de África en un tránsito que requiere una sofisticada y amplia trama de contrabando humano. Varias centenas de tumbas anónimas en varios puntos de la costa colombiana señalan el punto donde terminó el sufrimiento y la aventura trágica (aresprensa).   

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EL EDITOR - abril de 2019

* La columna Doxa expresa la posición editorial de la Agencia de prensa ARES 

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VÍNCULOSLA MUERTE DE UN EX PRESIDENTE  //  TODO HUELE A INTERVENCIÓN IV

Actualizado: martes 30 abril 2019 16:03
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