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MONTAÑO, BALLET POR LO ALTO

PATRIMONIOS CULTURALES  //  CINE Y ARTES ESCÉNICAS  //  Publicado el 03 de agosto de 2019 

 

MONTAÑO, BALLET POR LO ALTO

 

El colombiano Fernando Montaño ocupa un lugar prominente entre las estrellas del ballet internacional y cubre el espacio vacío que dejó hace unos años el argentino Julio Bocca, entre los latinoamericanos de  mayor relieve en este segmento de las artes. Su presencia tiene un valor agregado: es el astro del Royal Ballet de Londres, nada  menos. No son datos simples, llegar a ese punto en una dura carrera como es la danza clásica resulta ser un logro para unos pocos y las implicaciones de poder alcanzar esa cima desbordan la importancia personal, así como  llenan de simbolismo todo el entorno del artista: su sitio  de origen, su país y la propia región amplia; esto es, América Latina. Ocurre con Montaño lo mismo que se ve con algunos de los deportistas destacados que han surgido en los últimos tiempos desde el país andino, e incluso varios de los artistas en otros campos, quienes han mostrado el talento suficiente como para codearse con los que por costumbre y tradición ocupan los primeros planos de la fama mundial. Pero hay más, Montaño no llegó por casualidad hasta la cumbre en la que se encuentra, nadie llega por sorteo a lo más alto en el ballet. Se requiere de años de esfuerzo y disciplina ininterrumpida, sin nada que  asegure que eso que se aspira se podrá alcanzar. El artista dialogó con Ares, sobre algunas secuencias de su carrera y de lo que debió sortear para llegar donde se encuentra hoy, como estadio de plenitud profesional.

 

Reporta: Martha Liliana ROMERO

 

El artista se presenta en su patria con un espectáculo de apenas tres presentaciones que se cierran hoy sábado, y con algunos de sus compañeros del regio ballet, cuya sede está en Londres. Llega en el momento estelar de una carrera que -como ocurre con algunos deportes- suele ser breve. Es para Montaño el instante de madurez profesional y él es consciente de ese hecho, por eso puede decirse que la exhibición de su arte en su propio país tampoco es casual. Tiene 34 años y surge la pregunta: ¿por qué eligió este camino dentro de las artes escénicas?

Muy niño supe, por haber visto en televisión un programa de ballet, que ese podía ser mi camino pues quedé cautivado. Tenía en aquel tiempo menos de 4 años -rememora el bailarín- y fue a los 12 que ingresé a Incolballet en Cali, que sigue siendo la única escuela en Colombia para quienes queremos seguir el rumbo de la danza clásica. Ahí estuve dos años y después gané una beca para seguir estudios en Cuba. Ese fue el comienzo.

Hace poco Montaño recibió en la capital británica el título de doctor Honoris Causa como “sir de las artes”, concedido por la universidad de Bath. Una calificación de primer nivel para un latino que está a la vanguardia de las grandes ligas en eso de la danza con mayúsculas. ¿Cuál es la connotación que tiene el ser bailarín solista del ballet de la monarquía inglesa?

En donde estemos somos el ballet que representa a la Corona, eso es una tremenda responsabilidad -enfatiza Montaño- porque ninguna de las otras cinco grandes compañías de danza clásica en el mundo tienen sobre sí un peso de esa naturaleza. Eso nos obliga cada día y cada minuto del día. Somos el ballet de la reina y eso además de obligarnos es un privilegio que está por encima de cualquier otro imaginable.

Nada tan claro como ejemplo que el caso de Fernando Montaño, en aquello de que no basta con ser sino que además “es necesario hacerse”. La lucha de este hombre para llegar tuvo sobresaltos e incluso el hambre amenazó con matar ilusiones que era necesario superar con fortaleza y voluntad. La etapa de Cuba fue dura por decisiones humanas que él no podía controlar, pero el horizonte era más claro que los momentos grises y el tiempo le dio la razón. Un tiempo cuya columna vertebral fue la disciplina sin desmayos: ¿cuánto tiempo dedica a los ensayos?

Para el espectáculo que trajimos a Colombia llevamos dos semanas de preparación -detalla el artista- y coincidimos aquí desde puntos  diferentes porque estamos en gira y hubo bailarines que debieron viajar desde Japón y otros llegaron desde otros puntos. Nos aplicamos a preparar la presentación durante unas 5 ó 6 horas diarias, a ritmo fuerte. El resultado de ese empeño debe quedar reflejado en el escenario.  

  

FERNANDO MONTAÑO *

Pero en definitiva, el bailarín clásico, ¿nace o se hace?

Primero está la pasión que en esto debe despertarse a edad temprana y nunca debe apagarse sino que, por el contrario, debe crecer sin renuncias de tipo alguno -enfatiza Montaño- esa pasión es un ángel, un aura, que siempre debe acompañar. Después viene la formación y el esfuerzo que también tienen como exigencia constancia y permanencia.  

Lo que se desarrolla en Colombia es  un espectáculo mixto de danza y contemporánea, que son los dos estilos que programa  el Royal Ballet. ¿Qué le aporta un latino a una experiencia aquilatada en artes escénicas, como lo es la británica?

En mi caso el ser colombiano es una marca especial de lo latino -precisa el famoso bailarín- y eso se nota en la escena. Ocurre que tenemos diversidad en lo que hace al conjunto. No todos son ingleses, hay noruegos, japoneses, italianos y brasileños. Una de nuestras riquezas es lo diverso como dimensión de la inclusión.

Pero sucede que Montaño no es  uno más de ese conjunto diverso, es primera figura, un astro que debe ejecutar números en solitario, porque eso exige el  protagonismo de la danza y de la escena. Para eso y por eso alcanzó la fama. Quizá ese punto sea un retorno desde un extremo más amable a lo solitario de la marginalidad y la discriminación de algún momento pasado. ¿Se ha sentido discriminado alguna vez?

Claro que sí, hubo momentos de esos -confiesa Montaño- el hecho de ser un bailarín de raza negra me dificultó avanzar y se requirió de mayor tiempo y esfuerzo para superar tales obstáculos, para alcanzar papeles protagónicos. Pero, bueno, eso quedó atrás porque si hay talento y entrega para repetirse “quiero, puedo y llegaré”, es posible demostrar la capacidad que se convierte en hechos positivos. En lo que hace a la fama, la aprovecho para ayudar a otros que necesitan el respaldo de gente como nosotros, y de razones como las del medio ambiente. Me sirve para apoyar causas sociales.  

Esta primera  presentación oficial del acreditado bailarín colombiano -ya había hecho presencia menos rutilante en la pasada Filbo- incluye la presentación de su libro  “Una buena ventura”, que hace en el título un juego de palabras entre su ciudad de origen y la forma como le sonríe la vida después de los altibajos de arranque: un origen humilde en una ciudad portuaria del Pacífico colombiano, que es importante aunque desbordada por los conflictos y el abandono. ¿Qué es lo determinante que dibuja en letra su libro?

Pues se trata de mi autobiografía en el marco de origen de una familia humilde y en una ciudad donde la mayor parte de la gente es humilde -precisa  el artista- hasta hoy en que, dando gracias a Dios, sigo creciendo en el Royal Ballet como profesional del arte y como ser humano. De mi raíz pongo en escena la sangre calurosa que junto con el color de mi piel y el exotismo de la interpretación poética en movimiento -eso es el ballet- me  diferencia de mis colegas. Esa es  la naturaleza heredada al haber nacido en el, por no pocos, olvidado puerto de Buenaventura (aresprensa).

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Fotos: Martha ROMERO
Actualizado: sábado 03 agosto 2019 07:48
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