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OSCAR: ES TIEMPO DE UNA RENOVACIÓN SERIA EN LA ACADEMIA

Publicado el 22 de febrero de 2005

OSCAR: ES TIEMPO DE UNA RENOVACIÓN SERIA EN LA ACADEMIA

Escribe: Maglio GARAY

Hace una década la Academia hizo cambios en la forma de llamar al escenario al ganador del Oscar. En efecto, alteró el tradicional “...and the winner is...”  por una expresión más suave que atenuase la suposición de que, después del triunfador,  entre los otros nominados había tan sólo una sumatoria de perdedores.

En la ceremonia de este 2005 se agregarán  otras variaciones de protocolo. Ellas son:

  • Los nominados para rubros técnicos –considerados rangos inferiores- recibirán la estatuilla en sus puestos, es decir que no serán llamados al escenario.
  • Los protagonistas de las nominaciones mayores subirán en su totalidad al escenario y estarán allí de pie para recibir el anuncio magno.

Considero que con esto se modifican cosas que no cambian nada pues si el punto se mira desde la dialéctica ganador-perdedor  siempre habrá unos y otros, suban o no todos juntos al marco principal de la ceremonia.

Lo sustancial en verdad es que los cinco nominados son ganadores y el hecho de que uno de ellos se lleve el premio se convierte en una anécdota, dado el relieve mundial que tiene ese acontecimiento  de las artes visuales generado por la industria cinematográfica.

Aparte de esas alteraciones en este año habrá ajustes en los discursos pues no podrá haber alusiones a la actualidad política ni escenas que puedan molestar los sentimientos moralistas y de la derecha fundamentalista. El riesgo que se pretende evitar es el de que ocurra algo parecido al incidente protagonizado hace un tiempo  por Jeannette Jackson en el Super Bowl. 

Al margen de lo anterior debe señalarse que en América Latina no se ha exhibido la totalidad del lote de películas que se encuentran a la cabeza en la lista de candidatas al premio. Por ello la visión general de críticos, comentaristas y público es incompleta y debe suponerse que la producción que se lleve el premio, desde esta perspectiva, es con reservas la que se lo merece.

PARROQUIALISMO QUE PREMIA

 La consideración restrictiva hacia las decisiones de la Academia no es gratuita. Algunos de los relatos  que componen la trama de producciones que se encuentran en la carrera por el premio son historias de gran interés para el público norteamericano pues tratan sobre personajes que son mitos y leyendas de sus imaginarios de autoafirmación como gran país, pero que al resto del mundo poco le dicen o son vistos desde perspectivas menos cargadas de mitologías.

 Este año esos casos están representados por  Ray Charles Howard Hughes. Astro negro de la música el primero y cabeza de complejos industriales, además de excéntrico pionero de la aviación avanzada el segundo, pero con escasa connotación “heroica” en ambos casos para el resto del mundo, como sí la tienen para el americano medio de los Estados Unidos. En ese aspecto tanto “Ray” y “El Aviador” corren con una ventaja muy difícil achicar frente a otros filmes que no tienen como base la emotividad  parroquial de ciertos relatos norteamericanos.    

Falencias como ésta generan un bache de apreciación y dudas. Restricciones en el “patio de atrás” que no tienen los espectadores norteamericanos y mucho menos los miembros de la Academia pues en Estados Unidos las producciones se muestran todas en números y tiempos reglamentarios. Eso significa,  más o menos, que la decisión por parte de los más de tres mil miembros de la Academia ya ha sido tomada aun cuando todavía ésta  no se conozca de manera pública. El  galardón a la mejor película es el  único que se otorga a través de la votación masiva de los integrantes de la Academia.

Es cierto que esa  Academia no puede nominar, omitir y premiar para coincidir con el gusto de todos y cada uno de quienes estamos pendientes de sus decisiones. También es cierto que las cinco nominadas a mejor película no pueden coincidir con todos los criterios que se reúnen para generar un año de producción cinematográfica, en especial cuando con frecuencia  quedan por fuera de toda consideración producciones independientes cuya mejor evidencia de hacer cinematográfico es tan sólo el talento. En Holywood con frecuencia al mérito lo construye el dinero y no la inteligencia expresada en talento.

En siete décadas que lleva el premio de cinematografía  quizá la mitad de los filmes galardonados no merecieron llevárselo. Parece una exageración pero quienquiera que se tome el trabajo de revisar la lista coincidirá con la opinión de este servidor. Rocky es sólo una de esa lista que suma más de 30 producciones que bien pudieron quedarse en la cesta del material desechable. Premiada en 1976, dejó por fuera a Taxi Drivery  y Poder que mata. El paso del tiempo hace ver a las dos “perdedoras”más grandes y más pequeño el trabajo de Stallone.

En esa misma línea se premió en l979 a Kramer versus Kramer  y después de dos décadas largas el tiempo le pesa como un siglo a lo que no pasó de ser un telefilme tropical  para horarios del medio día que excluyó, de paso,  a imperecederas obras maestras como  Apocalipsis now, All that jazz o Norma Rea.

A los directores también los cubre la regla negra de oro: Kevin Costner ganó con Danza con Lobos en l989, año que dejó por fuera a Francis Ford Coppola  por el Padrino 3 y a Martín Scorsese por Los Buenos muchachos.  En la actualidad Costner es un verdadero “antimidas”, todo aquello que dirige si no es malo es basura, con hundimiento del apoyo del público.

Tampoco escapan a la sombra del premio las actrices: Louis Fletcher ganó por su participación en Atrapado sin salida. Después de aquella ráfaga de celebridad desapareció del horizonte y se hizo invisible. Hoy me pregunto a veces: ¿qué será de la vida de esta señora?  Otros tramos de la lista dirían cosas parecidas a las ya reseñadas: en 1968 Cliff Robertson  se alzó con el Oscar por su trabajo en Charlie y lo mismo ocurrió en 1974 con Art Carney  por su labor en Harry y Tonto, pero en ambos casos los actores antes y después del premio siguieron siendo figuras del anonimato absoluto.

GLOBALIZAR OBLIGA  A RENOVAR

Cada año se espera que los miembros de la Academia opten por salidas más equilibradas en especial ahora que se da mayor apertura a la cinematografía global. Pero esa realidad choca con la masa que compone el gremio votante: la renovación de sus miembros es lenta y década tras década los votantes son los mismos.

En este año sólo aparecen como nuevas figuras integrantes de la Academia, y por lo tanto con poder de voto, Hillary SwankAnnette Bening y Kate Winslet. En tanto que Catalina Sandino Imelda Staunton sólo podrán votar desde la próxima edición. Entre los actores nominados  Don Cheadle (Hotel Rwanda) y Jaime Foxx Ray)  estrenan membresía, el resto son veteranos de la Academia.

Todo lo anterior significa que en un periodo de una década votan los mismos por los mismos y esa circunstancia torna pesimista cualquier expectativa de renovación debido el juego de solidaridades, simpatías y relaciones de poder que asfixian las iniciativas extraconvencionales.

Lo expuesto no es una relación caprichosa: en 1939 Louis B. Mayer, el zar de la MGM en la práctica obligó a todos sus actores exclusivos para que le dieran un empujón de favor a Robert Donat, protagonista de la película Mr.Chips tratando de que no fuese unánime el voto por Clark Gable Lo que el viento se llevóMayer pretendía así llevarse el pastel completo y la guinda de consuelo.

Vale advertir dentro de este panorama que, año tras año, llegan a la Academia nuevos miembros extranjeros. Para América Latina es razón de orgullo poder decir que en el 2005 representará a la región la colombiana Sandino y el chileno Amenábar. En la búsqueda del necesario equilibrio sería justo que representantes europeos con peso específico insoslayable pudiesen también alcanzar ese privilegio dado que tienen méritos históricos: Jeanne Moreau, Isabelle Upert, entre ellos, que integran una lista extensa. Entre los latinoamericanos no es posible soslayar a los argentinos Federico Lupi o Héctor Alterio.

Eso sí sería un cambio trascendental con mayor incidencia que una alteración del maquillaje verbal, el paso al escenario y el evitar decir de manera indirecta que puede haber perdedores que en realidad no lo son(aresprensa.com).

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Maglio GARAY

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