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OTROS TRES MÁRTIRES

Publicado el 18 de abril de 2018 // 21.15 horas, en Buenos Aires, República Argentina

Doxa *

OTROS TRES MÁRTIRES **

El asesinato de tres periodistas ecuatorianos en la hoy compleja zona fronteriza que comparten Ecuador y Colombia, pone de manera dramática sobre la mesa y de manera recurrente, la difícil situación que plantean desde antaño las oscuras fuerzas que pugnan en esas y otras regiones del continente, por el control social y político de las sociedades latinoamericanas. Los negocios ilícitos vinculados con su presencia hacen visible que tales operadores no escatiman medios para alcanzar sus propósitos. Esos negocios relacionados entre sí son, en apretada lista: la subversión ***  como eje político, la corrupción en alianzas de superficie, el narcotráfico  y las restantes economías en la sombra vinculadas con lo anterior. Un marco de referencia que está estimulado por la no presencia en las regiones afectadas de estados que por sustracción de materia se muestran como fallidos o en proceso de deconstrucción negativa de su institucionalidad. Ese es el telón de fondo que unifica el trágico destino de las nuevas víctimas, que no han sido ni será las únicas en las últimas semanas en los dos países comprometidos por la nefasta hora.  Los criminales no satisfechos con el sufrimiento en vida de los periodistas inmolados mantienen aún secuestrados sus cadáveres en expresión clara de su sociopatía. Pero tanto o más grave que lo ocurrido, es la vigencia en América Latina de gobiernos aliados de manera directa o cómplices, por acción u omisión, con criminales que son protagonistas del vigente cuadro de situación.

En América Latina gobiernos y sociedades muestran con crudeza el costo de no haber  alcanzado la plenitud y el desarrollo que es presupuesto del Estado moderno y como promesa a cumplir en beneficio de los pueblos que la conducción de esos estados debería proteger, por la simple vigencia del pacto social anhelado el cual debería articular la convivencia de cualquier sociedad de nuestro tiempo. El que ese presupuesto filosófico, moral y político haya sido vaciado de contenido genera en los países afectados, además de los indicadores de inflexión social agregados que se observan, el seguro tránsito al martirio de estos y de otros comunicadores o de simples ciudadanos, o de soldados y policías, victimizados por cualquier razón propiciada por la indefensión de la víctima, tal como ha sido en ese caso.

A la lista reciente debe agregarse el nombre de otros mártires cuyo sacrificio tienen menor réplica en el rechazo y el asco generalizado, aunque la entrega de sus vidas tiene la misma importancia en lo que hace al homenaje que merece la razón del infortunio que interrumpe el derecho a la existencia, de manera trágica y con máxima vileza. Porque debe decirse que el funesto sino de arrebatar la  vida a personas primero torturadas por parte de sus verdugos para luego completar el crimen secuencial, no solo es factor de repudio sino que debe generar desde el plano de las autoridades responsables la necesaria persecución sin contemplaciones, tal como lo exigió el presidente Lenin Moreno. Una acción vertical e integral para que los criminales reciban de manera ejemplar lo que los débiles aparatos de justicia de los países afectados tienen dispuesto en su legislación.

Pero eso no será suficiente como respuesta para los que buscan impunidad luego de las fechorías o las justifican con un vano y vetusto discurso ideológico, debido a que el daño inferido a las víctimas y a las sociedades ya no podrá ser reparado con el elemental necesario e insoslayable ejercicio de una aplicación drástica e irrenunciable de la norma y la acción necesaria de su legítima fuerza pública. El panorama requiere además de acciones permanentes como política de Estado en las zonas de presencia de los grupos ilegales, incluidos los cómplices milicianos, enmascarados en la disculpa de cobertura de ser “humildes campesinos” sin esperanzas. Los mártires de la hora no solo son esos periodistas y los otros afectados del entorno, también lo son los uniformados ecuatorianos y colombianos, quienes en las semanas recientes fueron inmolados en cumplimiento de su deber al enfrentar a los grupos impugnadores del estado de derecho, para proteger a sus compatriotas.

Los  tres primeros, caídos pocos días antes de lo ocurrido con los  periodistas, en la zona cercana de Ecuador donde se produjo el secuestro, con el agregado de la tortura y muerte de los representantes del quiteño diario “El Comercio”, en el  área fronteriza. Los otros ocho, en los recientes ataques contra la fuerza pública colombiana, en la zona noroccidental del país cafetero, mediante la explosión remota del móvil sobre el que viajaban acompañando en plan de protección a los ejecutores civiles de una devolución de tierras expropiadas antaño por otros violentos. Los sacrificados  en los distintos teatros de violencia suman en estas mínimas tres muestras un mínimo de catorce fallecidos, en tiempos del llamado posconflicto del cuestionado proceso de la paz de Juan Manuel Santos. Esa fementida paz muestra ya un representativo número de víctimas mortales que desmienten con sangre el discurso bipolar del gobierno colombiano.

A las anteriores víctimas también deben sumarse en los últimos tiempos más de un centenar de líderes sociales en diferentes puntos de la geografía colombiana. Es sobrecogedor el panorama vigente, y el probable, en caso de que alcancen sus objetivos las fuerzas de la delincuencia y sus aliados, con tenebroso proyecto a la vista que exhibe el cuadro incontrastable de Venezuela y sus cercanos en el continente. El asesinato de los periodistas ecuatorianos y de los uniformados en los hechos señalados, es apenas una punta de lo que se mueve en “la combinación de las formas de lucha”. Esa de la que en la actualidad parece pretender apartarse el Ecuador y que en Colombia  proyecta el  asalto del poder, con el crecimiento de las mal llamadas “disidencias” y los frentes políticos y sociales allegados en pensamiento con la subversión.

Una relación combinada que por un lado sigue luchando en armas y que, por otro, ahora pretende mostrarse con mensajes y llamados de mansas palomas para resguardar la “paz” de Santos. Ello no obstante de que sus operadores radicales ya venían dentro del caballo de troya que se montó en La Habana. Esos mismos que ahora siguen apareciendo como lo que nunca dejaron de ser: criminales narcotraficantes, con discurso revolucionario salvífico como si esos elementos fuesen vinculantes entre sí y de por sí. Debe recordarse que hasta no hace mucho tiempo el anterior gobierno ecuatoriano apareció articulado por diversos  canales con los violentos armados colombianos, que contaron a través de una sospechosa indiferencia oficial desde Quito con seguro de residencia en la frontera ahora incontrolable. Tan incontrolable, que la fuerzas colombianas se vieron obligadas hace una década, a cruzar la frontera para neutralizar la presencia del jefe de las Farc, alias Raúl Reyes, en territorio ecuatoriano, desde donde el jefe terrorista arbitraba de manera aparentemente impune todas las violencias en contra del país vecino.

Nunca se pudo confirmar de manera precisa, aunque tampoco negar, que la organización ilegal financió la primera campaña presidencial de Rafael Correa. Ese ex presidente de Ecuador que hace pocos días brindaba en un bar de Buenos Aires con algunos de los funcionarios malhechores que saquearon a la Argentina durante el gobierno de los Kirchner. Cantaba en la ocasión con sus compinches argentinos, la épica montada alrededor de Ernesto “Che” Guevara **** y su historial de fusilador irredimible en Cuba. Una de las compinches que no estaba en la tomata porteña es Hebe de Bonafini, la anciana líder de las Madres de Plaza de Mayo,  quien siempre alentó los crímenes de la subversión internacional y dijo no hace mucho, suelta de cuerpo, que las Farc “nunca torturaron”. Los periodistas martizados fueron mostrados en vida encadenados por sus captores, tal como siempre lo hicieron las Farc con sus cautivos. Los apologistas de los asesinos y ellos mismos también, pretenden hacer creer con sumada insistencia esquizoide que eso no es tortura, martirio y crimen, si el conjunto vesánico es perpetrado por unrevolucionario” (aresprensa). 

EL EDITOR

Abril de 2018                   

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*La columna  Doxa expone la posición editorial de  la Agencia de prensa ARES.

**La Agencia de Prensa ARES y el pleno de su planta de colaboradores, así como también sus editores y directivos, presentan sus condolencias públicas al tiempo que su repudio, por los trágicos hechos acaecidos que afectan con luto a los familiares, medio de comunicación en el que prestaban servicios, al igual que a todo el pueblo ecuatoriano, por el cruel sometimiento y asesinato perpetrado por la subversión narcotraficante contra los colegas, Efraín Segarra, Paúl Rivas y Javier Ortega, en el área limítrofe entre Colombia y Ecuador. Néstor Díaz Videla - Director General - Buenos Aires // abril de 2018.

***La subversión entendida como inversión  de valores y procesos establecidos y aceptados por un conglomerado social, con pretensión de disolución  e impugnación por parte de los contradictores, de la escala axiológica e institucional que articula a la sociedad.

****Se trata de la canción que hizo propia la trova cubana, titulada “Comandante Che Guevara”, compuesta por el chileno Víctor Jara. 

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VÍNCULO DIRECTO: ¿DIEZ MILLONES LE ROBARON A "GUACHO"? //KUCZYNSKI, CAUTIVO DE SU PASADO // TRASPIÉ DE DUPLA RELIGIÓN-POLÍTICA

Actualizado: lunes 30 abril 2018 16:01
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