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PALMA DE ORO PARA SUECIA

Publicado el 29 de mayo de 2017 / 21.25 horas, en Bogotá D.C.

PALMA DE ORO PARA SUECIA

La presentación de dos realizaciones latinoamericanas, la argentina “La Cordillera” y la colombiana “La Defensa del dragón” tuvo en Cannes la acogida suficiente por parte del público, tanto como para imaginar que un cine consolidado como el argentino se sostiene no obstante la crisis constante del país, y que un cine emergente como el colombiano sigue creciendo.  La primera tiene como protagonista al aquilatado Ricardo Darín -Oscar de la Academia por “El Secreto de sus ojos”-  y la segunda es una opera prima de Natalia Santa.  Pero ninguna de ellas recogió algo concreto del festival de la Riviera Francesa y el premio mayor, la Palma de Oro, se lo llevó el director sueco Ruben Östlund por “The Square”.  No fue un festival de  grandes destellos y, por el contrario, hubo  demasiadas quejas, tanto por la posibilidad comercial de los filmes aspirantes a los premios principales, como también por condiciones de contexto, tales como la pugna por el cine de salas, que es tradición, y lo que ofrecen las plataformas tecnológicas, que cultivan público y es novedad tecnológica. Eso y el celo por la seguridad alrededor de las celebridades  y del mismo encuentro, se llevaron el peso de la atención general. El terrorismo en sus acciones recientes o la amenaza latente, afectan este tipo de eventos de manera inevitable.

La película ganadora del encuentro que llegó a su edición 70, dice de la profunda incertidumbre generalizada que reina en las sociedades del mundo. No hay horizontes alternativos a la vista, el deterioro se profundiza sin solución de continuidad y se derrumban las escalas de valores que sostuvieron el devenir de la sociedad en modernidad. El jurado que encabezó Pedro Almodóvar tuvo un trabajo arduo aunque sin tensiones internas difíciles de resolver, pero nadie imaginó que esta realización sueca pudiese alcanzar el galardón que obtuvo. Las apuestas iban en otra dirección y en los días previos se agitaba la idea de que  una obra como “120 latidos por minuto”, realización francesa del franco-marroquí Robin Campillo tenía la huella  despejada por alcanzar lo mejor de lo que prometían las aspiraciones previas.  Al final, esta película se llevó el nada despreciable Gran Premio del Jurado.

La  gran desilusión desde el inicio fue para el austriaco Michael Hanecke y su “Happy end”  que muchos consideran un gran fiasco. Esto sobre todo si se asume que este realizador ha alcanzado dos veces el máximo galardón del certamen que acaba de finalizar. En ese nivel ha sido el máximo ganador de Cannes y fue casi unánime la consideración que su nuevo filme no está a la altura de los antecedentes. El largometraje que estuvo en competencia dispara desde su trama la hipocresía y el doble  rasero de una  familia de alto perfil social en el norte de Francia. El relato fílmico es de  dinámica  lenta, y con un fuerte acento psicológico tal como suele ser la tradición de un gran segmento de las películas europeas contemporáneas. No por eso es una película aburrida, puesto que la tensión  que crece en cada tramo del desarrollo visual y argumentativo anticipa la expectativa de un desenlace movido, como es de continuo la estructura narrativa de los relatos de Hanecke.     

Una  gran polémica sumada que deja este Cannes 2017 fue la entrega del premio a la mejor dirección para Sofia Coppola, por “The Beguiled”. Pareciera, en la mirada de los impugnadores, que se ha premiado a un apellido y no a un mérito acumulado, al tiempo que se censura que este galardón haya sido movido por tendencias de género. La pregunta es si el apellido Coppola pesa más  entre  bambalinas que el de directores con mayor peso aparente en lo que hace a crédito acumulado.  Es cierto que Coppola no solo tiene un apellido que suena sino que viene precedida por un Oscar al mejor guión con “Lost in translation”, en 2003, -la que también estuvo de candidata a mejor película en la lista de ese año- sino que además tiene en su haber tres globos de Oro. Pero eso no parece alcanzar para los críticos del premio concedido que, por tratarse de Cannes, siempre aspiran a mucho más y no le perdonan a esta directora sus iniciales  pasos  fallidos por la actuación.

RUBEN ÖSTLUND
Ganador Palma de Oro - Cannes 2017

Otro director que pareció estar destinado  a un mejor destino en esta edición de Cannes es el griego Yorgos Lanthimos, quien apuntó alto en el favoritismo de los legos, pero apenas alcanzó el “mejor guión ex aequo” por “The Killing of a sacred deer”, que como señala el latinazgo debió incluso compartir con Lynn Ramsay y su “You were never really here”.  Lanthimos llegó precedido por “Canino” -también conocida como “Dogtooth” o “Colmillo”- una película que lo lanzó al reconocimiento internacional en  el 2009. La narración del director heleno no cambia en este trabajo: una atmósfera de relaciones humanas que debieran ser normales y se encadenan en situaciones absurdas, con normas represivas que aproximan o desencadenan tragedias. Un guión al mejor estilo de aquello a lo que acostumbró el cine de Stanley Kubrick y su imprevista muerte, después de terminar aquella angustia de trama que se llamó “Ojos bien cerrados”, en la cual lo siniestro es parte de lo cotidiano, aunque no se advierta a la vista de los inocentes en el diario vivir.  

En la suma, los latinoamericanos tuvieron una escuálida cosecha de premios. Para empezar no hubo una sola obra de la región en los 19 títulos de producciones que pudiesen aspirar a la áurea palma. Para los encuentros que vienen será necesario hacer una revisión autocrítica de lo que está sucediendo, porque el cine latinoamericano produce bastante y bastante bueno, como para pretender mejores posiciones por las que ya se ha transitado con éxito reciente. La cara por la región la sacó el brasileño Fellipe Gamarano Barbosa y “Gabriel e a montanha”, que se llevó dos premios menores en la sección Semana de la Crítica, por debajo del máximo reconocimiento a la francesa “Makala” de Emmanuel Gras. Hubo 7 largometrajes de  esta parte del mundo en competencia en la edición del festival que acaba de concluir, entre ellas -además de las ya nombradas- estuvieron “La Familia”, una coproducción que unió a Venezuela, Chile y Noruega -dirigida por el venezolano Gustavo Rondón- y “Los Perros”, una  coproducción de Francia y Chile, de la austral Marcela Said (aresprensa).  

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Actualizado: domingo 23 julio 2017 16:05
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