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PASARON LOS SILLETEROS

TURISMO // Publicado el 13 agosto de 2018 // 15.50 horas, en Bogotá D.C.

PASARON LOS SILLETEROS 

El desfile de los silleteros es la culminación de la afamada Feria de las Fores que se celebra cada año en Medellín y recoge en larga síntesis que se despliega durante una semana, lo mejor de las tradiciones rurales y folclóricas “paisas”, el apócope de paisano que define el gentilicio de los nativos de Medellín y sus adyacencias amplias. En la semana durante la cual se desarrolla la programación de la Feria -auspiciada por la alcaldía de la gran ciudad del noroccidente colombiano- lo múltiple se expresa como atractivo para visitantes propios y extranjeros. Las flores son indicativas de una representación emblemática sobre la riqueza del agro tropical y es, al tiempo, un segmento de la economía que mueve a la región. También es manifestación de los rasgos culturales de un territorio y de una población que ha estado a la vanguardia de muchos aspectos del desarrollo y de los arraigos del país. La particularidad intrincada y quebrada de la geografía montañosa que caracteriza el entorno afirmó ciertas maneras del temperamento y la mentalidad de los pobladores originarios, mestizos entre el europeo español y la población ancestral, sin dejar de lado el cruce con los afrodescendientes. 

En esta ocasión - la edición 61 de la Feria- tuvo la reiteración de un escenario tradicional para el gusto de los locales: el desfile de automóviles antiguos. También hubo más de lo que ofrece la tierra paisa, desde la gastronomía hasta las aficiones estéticas clásicas, que por ahora pareciera dejar de lado la relación añeja con el tango para optar por la más moderna que es tendencia entre los jóvenes, ligados a lo urbano internacional y regional, como la salsa, el regaeton y ritmos similares. Eso no es todo, la producción local de flores -parte del señalado arraigo- sirve hoy como materia prima para la exportación. Aunque el énfasis en este tipo de cultivos está dado por las características de la geografía y la ubicación de la región, tropical y templada, que permite no solo el cultivo de flores sino también del otro patrimonio vegetal que identifica a Colombia: el café. Pero, claro, en este caso son las flores las que tienen el primer plano de atención. 

En esta ocasión, prevista para la versión 2018 de la Feria, también estuvo vigente como manifestación la presentación de artistas de relieve en el plano internacional. Eso incluyó a nacionales, como Pipe Bueno y el grupo Guayacán, además del boricua Maelo Ruiz. Los complementos en la extensa programación fueron la exposición equina, el festival de salsa, la muestra artesanal, la de pájaros e incluso la de especialidades de platos típicos. También hubo un recorrido por las llamadas rutas Agroturísticas de los sectores rurales cercanos a Medellín, que conforman la tradición del cultivo de flores, como lo es por ejemplo San Cristóbal. Previo al gran desfile de cierre hubo otro previo de “silleteritos”, dedicado a todo tipo de público pero con eje en los niños que son parte de las familias de agricultores floristas. Queda claro que la lógica de esta feria icónica de Medellín es la articulación de las tradiciones campesinas con el acervo urbano moderno de la metrópoli antioqueña. 

Medellín es una ciudad que ha sido vanguardia en el desarrollo del país y un ejemplo en eso de amarrar el acervo de su historia con lo vigente. Fue abanderada de la industrialización colombiana, con base en el desarrollo textilero y esa vanguardia se mantuvo durante varias décadas desde fines del siglo XIX hasta bien avanzada la centuria posterior. Eso ya es parte del pasado, y para el presente también ha sido la primera y la única urbe colombiana que tiene un tren metropolitano de transporte masivo. Lo de la movilidad ágil y segura para los habitantes de la ciudad es una suerte de marca genética paisa o antioqueña, puesto que los ancestros conformaron la principal masa de migrantes de la región, que transitaron y salieron de la quebrada geografía que es propia, para ocupar espacios desiertos de otras zonas colombianas, en lo que se conoció como la “colonización antioqueña”. Un proceso que se convirtió en leyenda épica, después de la independencia. 

La dinámica colonizadora se hizo a pie y a lomo de mula, y fue en simultánea la base de la tradición cafetera nacional, pues las nuevas tierras rescatadas, ganadas y sometidas al cultivo tuvieron al grano del café como base de la sostenibilidad económica y exportadora que aún distingue al país. Aunque no todos los colonos fueron paisas, pues estuvieron en esos desplazamientos gentes de otras regiones colombianas como el Huila, Tolima y Boyacá, se ha considerado que el campesino y el arriero paisa son un emblema de ese proceso que cubrió la segunda mitad del siglo fundador de la república y buena parte del pasado inmediato, como quedó dicho. Fueron migraciones no forzadas por la violencia sino llevadas adelante en el afán de mejores horizontes económicos y de espíritu aventurero. La audacia colectiva fue la corriente subjetiva que impulsó aquella vocación colonizadora, hoy traducida en corriente modernizante. 

La Feria de las Fores en gran medida es una reminiscencia de aquella intención amplia y la manera de transportar los arreglos en los desfiles principales, lo reafirma. Es que el traslado de personas y mercancías no solo se hacía sobre el lomo de la mula sino también sobre la espalda humana y tuvo rasgos feudales o de sometimiento de la voluntad del porteador. En aquellos tiempos, ese hombre que recordaba al siervo, bajaba y subía las cuestas montañosas con el peso humano o de los bienes sobre su retaguardia y asegurando lo que llevaba con una cuerda o lazo de sostén sobre la frente. Numerosa iconografía registra esa manera de recorrer caminos que aún no existían y que era necesario atravesar para llegar a destino. No solo era necesario afrontar lo escarpado sino además desmontar un terreno semiselvático o selvático a secas. La lucha de los colonos contra la geografía estuvo cruzada por esas rutinas que son ahora parte de la autorreferencia cultural altiva de los paisas. 

La manera como ahora se lleva a la espalda la “silleta” con el arreglo floral durante los desfiles -por lo general son arreglos de peso considerable- es una suerte de evocación de los esfuerzos de la colonización y de sus costumbres. La edición 2018 de la Feria de las Flores de Medellín recibió la visita de unos 30 mil turistas e hizo remontar la ocupación hotelera en un 70 por ciento. Participaron en el desfile final y principal más de 500 silleteros en un paso de largo recorrido por las principales avenidas de Medellín y durante 4 horas, del pasado domingo 12 de agosto. Los ganadores del desfile se dividen en varias categorías, para un total de 7, que van desde la tradicional a la monumental e incluye la infantil y la juvenil o junior. La monumental suele ser la más pesada y en esta versión el ganador fue Jesús Grajales, un campesino de la vereda -distrito rural- El Plan, corregimiento de Santa Helena, en las cercanías de Medellín. Una zona que es parte de lo más ligado con la tradición paisa (aresprensa).          

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