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PELIGROSO FRUTO DEL BORRACHERO

PATRIMONIOS CULTURALES  //  LETRAS  //  Publicado el 28 de agosto de 2019  //  15.30 horas, en Bogotá D.C.

 

PELIGROSO FRUTO DEL BORRACHERO

 

Ingrid Rojas es una escritora atípica, pero no es la única en ese plano existencial y creativo. Escribe en inglés y también en español, además es parte de una familia que migró por la violencia en Colombia y esa marca identificatoria no solo condicionó sus temas para el trabajo con la palabra sino que la experiencia involuntaria la enriqueció como persona al poder elaborar su visión del mundo con dos fuentes: la de origen y la de adopción. Una suerte de nomadismo de comprensión que es además una suerte de abducción positiva. Participó de la Feria del Libro de Bogotá, en abril pasado, y aprovechó su visita al país para presentar su obra “La Fruta del borrachero”. En esa novela traza un cuadro de aquella violencia vivida en la niñez, antes de la salida precipitada a los Estados Unidos. En esa nueva realidad que transformó su adolescencia y el resto de su vida, adoptó el inglés como primera lengua de uso y en esa cadencia de habla apareció este libro ahora traducido al español. Pero la línea de  su novela es intimista y el registro del conflicto es un marco de referencia más que una  crónica directa de la violencia,  tal como suele ser este tipo de historias escrita por un autor local.

 

Entrevista: Martha Liliana ROMERO

 

La contradicción entre un tejido social de confrontación y la construcción de una amistad entrañable entre dos jóvenes que pronto serán mujeres, se articula con la metáfora de un fruto peligroso. Ese es el fondo del texto en novela. ¿Por qué el borrachero y su fruto?  

Se trata de un árbol seductor por sus flores y el perfume, pero peligroso porque su fruto es venenoso, precisa la novel escritora.    

La obra tuvo un tiempo extenso de construcción: siete años. En él se narra la historia de dos niñas en la capital colombiana, una de ellas es una  víctima desplazada por la violencia, que empieza a trabajar en una casa de familia y allí traba una buena amistad con la hija menor de los dueños casa. Ambas están próximas a la preadolescencia y aunque no tienen una comprensión cabal de lo que pasa en el entorno, lo que parcialmente les pinta la vida es suficiente para entender que no todo marcha como debiera. ¿La condición femenina tiene algo que ver con la manera como tejen su visión de las cosas?

Ellas saben que por el hecho de ser mujeres pueden encontrar dificultades en el espacio que aspiran alcanzar en una adultez relativamente cercana e incluso en el tiempo inmediato en el que viven -precisa la escritora- pero tienen la certeza de que deben y podrán luchar para sobresalir.

La autora partió con su familia a los Estados Unidos a una edad temprana. ¿Cómo fue  su acceso a la escritura en inglés?

En realidad empecé a  escribir en inglés -aclara Ingrid Rojas- entre 1999 y el inicio del siglo, pero me gusta trabajar con las dos lenguas cuando escribo.

    

 

Ingrid Rojas *

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Además de quienes fallecieron como consecuencia directa del conflicto interno, también hay unas ocho millones de víctimas que sufrieron los golpes del enfrentamiento, incluso los simbólicos. Entre estos están los desplazados internos y quienes emigraron o debieron buscar refugio externo. Ingrid Rojas fue parte de esa lista interminable de lesionados directos o indirectos. ¿El exilio involuntario alienta la escritura?

Es un conflicto emocional para alguien tan joven y sí, es un libro autobiográfico -confiesa la autora- me interesó esto como novelista y allí están esas dos niñas, Petrona y Chula, que aprenden desde su condición de mujeres y de las limitaciones, asechanzas y asedios que sufren. Una de ellas ya es una desplazada por la violencia y, en el caso de mi familia, pues todo termina cuando debimos partir hacia los Estados Unidos.

A Rojas, como a otros de  sus colegas, le gusta escribir por las mañanas, desde las primeras claridades de la jornada, y el balance del trabajo en cadencia de dos lenguas es un ejercicio para ella cotidiano el cual, aparte de sus complejidades, tiene otros ejemplos cercanos. ¿A quién admira entre quienes comparten el oficio de las  letras?

Me gusta una autora colombiana, Patricia Engel, que vive en Miami, -señala la autora de El Fruto del borrachero”- quien señala a continuación que supone que la política colombiana está en un momento de recuperación de la memoria y de búsqueda de la paz.

Este libro, que es la  opera prima de la novelista colombiana, le llevó escribirlo un tramo importante de su vida -casi una década- y su elaboración ocupa más de 400 páginas. La primera edición en inglés no circuló en Colombia ni en los países de habla española. Luego apareció la edición en la lengua madre de la escritora y de su familia, la cual fue presentada en la Filbo 2019 (aresprensa).   

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* Fotos: M.L. ROMERO
Actualizado: lunes 02 septiembre 2019 18:14
violencia colombia literatura

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