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PETRO, EN SU MEJOR MOMENTO II

Publicado el 30 de abril de 2018 // 13.50 horas, en Bogotá D.C.

PETRO, EN SU MEJOR MOMENTO II *

Quedó dicho en la descripción de los siete atributos del primer artículo publicado en el portal de ARES, que el cuadro de situación y la dinámica que lleva adelante el candidato Gustavo Petro, para disipar la tremenda oposición que despierta la mención de  su nombre y de su candidatura, da respuestas estratégicas que le permiten suponer con buen margen de probabilidad que lo eventual de su victoria no debe descartarse. Va adelante en las encuestas y a un peldaño por debajo del nombre  de  la otra orilla, pero sus opciones para llevarse el triunfo de la puja presidencial que se definirá en los próximos dos meses son una pesada cuesta que aún tiene por delante. Las circunstancias le reclaman una filigrana postrera en la estrategia y un esfuerzo descomunal para aglutinar una corriente también fuerte aunque con alas dispersas que terminarían por favorecerlo. Esto porque la izquierda en pleno y la izquierda liberal que tiene reservas y remilgos ideológicos, aún no se deciden a acompañarlo de manera plena en el empeño. Sin embargo, es un hombre afortunado por haber llegado hasta donde está en el día de hoy. Algo impensable hace pocos años, para alguien de su posición política y visión de mundo y menos en Colombia.  A continuación, completamos el cuadro de nuestro análisis sobre las condiciones que favorecen la apuesta de Gustavo Petro por alcanzar la primera magistratura del país cafetero.

Escribe: Manuel GAITÁN **

Quedó señalado que el candidato populista hace de las redes sociales un adecuado mecanismo de respuesta hacia quienes lo atacan, y de oportunidad en el tiempo para adelantar lo más estimulante de sus propuestas, en el sentido de alebrestar a sus contradictores para generar el efecto búmeran que le permita profundizar el apoyo de quienes lo respaldan y así mantener pugnaz el debate, en la medida que eso lo favorezca. El detalle de la eventualidad de las expropiaciones, en caso de llegar al Palacio de Nariño, sería uno de los detalles indicadores de ese séptimo atributo, el de la contradicción en el uso de las redes sociales e incluso de los grandes medios, que en general él mira de soslayo desde siempre. Este último, el de los grandes medios, no son su terreno ni espacio de movimiento con comodidad.  Para Gustavo Petro su caldo de cultivo está en la plaza pública, el más conservador y tradicional escenario de presencia política. Lo ha hecho así desde sus inicios, sea en balcones o en superficies a nivel del pie, la presencia en piel es el mejor espacio de promoción autorreferida del candidato que aparece más alto en los amores de esta izquierda, siempre un tanto amorfa y dividida por su propia naturaleza.

El octavo atributo cualitativo de la oferta electoral que levanta Gustavo Petro es el papel que juegan las fuerzas armadas y de seguridad ante la fortuna y culminación del proceso electoral en marcha y en tramo de las definiciones.  Es tradición en Colombia que sus poderosas instituciones de resguardo institucional y de soberanía se mantengan al margen del debate político de coyuntura. Esa situación que también es tradición del país, le ha dado un margen de credibilidad al pasado y presente de la democracia colombiana, pero eso no significa, para nada, que sean indiferentes ante el cuadro de situación reseñado. Las asociaciones de oficiales en retiro, al igual que los cuadros de rangos subalternos en idéntica situación, así como también los familiares de quienes vistieron uniforme, son muy activos en poner de relieve lo que piensan en la eventualidad y, de alguna manera, dicen en tercera persona del sentimiento por parte de quienes están al interior de los cuarteles. Lo plantean de manera abierta, sin tapujos, y de frente incluso ante el actual gobierno y el proceso de firma de paz con las Farc.  Al respecto, es mejor no llamarse a engaños.  

De regreso al espacio de la civilidad puede señalarse que el atributo -el noveno- que distingue a los empresarios y sus agremiaciones, se dividen: las más proletarizadas y con mayor lucha reivindicativa se pronuncian de forma abierta o solapada en favor del nombre populista. Los  otros, los de mayor prestigio y nombradía social lo hacen en contra. Estos últimos están movilizados de manera abierta, tanto que poco se diferencian en actitud de los militantes de la izquierda clásica, pero al revés. Son pocos aquellos gremios y capitanes de industria que piden un margen de tiempo para estudiar cómo se comportaría un nuevo presidente caracterizado en la previa como un temerario en lo que hace al sistema económico y su óptica de supuesto reordenamiento político. Eso a despecho de una situación en pronóstico anunciado que podría incluir lo más temido: la convocatoria de una asamblea constituyente que sería en tales condiciones y, para la óptica de los críticos de la orilla formal del sistema, una suerte de patada al tablero institucional.

El décimo atributo le corresponde a los actores internacionales que están vinculados con los tratados de libre comercio, las empresas transnacionales y los líderes políticos extranjeros, desde una posición hasta ahora moderada, advierten con frecuencia a la opinión pública del país afectado sobre los  peligros que  estarían aparejados con el triunfo del candidato que embarga de temor a tantos. Ante esa coalición a veces voluntaria y a veces precipitada por peso específico, el candidato populista asume una  estrategia que se convierte en el atributo número once: se victimiza.  Lo hace ante las situaciones violentas, dudosas o concretas, que lo afectan en el desarrollo de su programa de campaña. También asume la condición de víctima ante el bloqueo de entidades financieras o autoridades locales que se niegan a facilitarle su accionar preelectoral. La docena de atributos que se completan para perfilar el mejor momento en la carrera política de Gustavo Petro, es la radicalización de su campaña en lo que hace a la movilización popular en su apoyo.  

En efecto, su respuesta de trámite político ante tantos factores adversos y poderosos, es la movilización permanente de sus seguidores. Algo que le fue funcional cuando estuvo a cargo de la alcaldía de la capital del país y debió superar en los tribunales de justicia la intención de dejar trunco su mandato. En las recorridas diarias por el territorio colombiano, Gustavo Petro hace que su agenda convierta los actos públicos en sesiones de masas, aupado en el discurso que tiene como eje el descontento social creciente y una expectativa que, al menos en la palabra, resuelva postergaciones estructurales e históricas de los menos favorecidos. La justicia o no de los reclamos de esos sectores marginales o filomarginales, que están alimentados por el escepticismo ante los otros candidatos, también tienen en la  extensa experiencia de Petro una sintonía insoslayable que repercute aquí como un eco emocional por las conocidas promesas populistas de los entornos vecinales de América Latina. Votar y luchar como parte de una dinámica cristalizada en una estrategia única pareciera ser la consigna de la hora para el grueso de sus partidarios (aresprensa).   

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* Artículos dedicados a mi gran amigo y columnista de “El Nuevo Siglo” de Bogotá, don  Rafael Gómez Martínez
 ** Experto venezolano en problemas globales contemporáneos       

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Actualizado: lunes 30 abril 2018 16:08
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gustavo petro colombia elecciones 2018

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