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PISTOLEROS, MÁS QUE ÁRBITROS

ÓRBITA FÚTOL  //  COPA AMÉRICA BRASIL 2019  //  Publicado el 03 de julio de 2019  //  21.45 horas, en Bogotá D.C.

 

PISTOLEROS, MÁS QUE ÁRBITROS

 

Después de todo lo visto y en vísperas de la disputa final, quedó a la vista que esta Copa América se articuló desde el entorno organizativo para que sin posibilidades para los demás este certamen quede en manos de los dueños de casa. No importa cómo juegue la selección de Brasil, que no ha desmerecido pero que deja dudas sobre su real capacidad para confrontar con sus similares de zona. No, pase lo que pase Brasil debía ser empujado para que siga adelante hasta la instancia definitiva. Porque, debe decirse, esta generación de jugadores de la verde amarelha no desluce pero tampoco tiene algo que ver con los laureles que en la historia supo conseguir el plantel que tiene un rosario de jugadores míticos y una leyenda como Pelé, junto a varios otros similares. Tantos, que no es fácil enumerarlos desde su primera conquista mundial en 1958. Pero esta selección brasileña con chispazos de mérito, es una selección más y las ayudas escandalosas para que siga avanzando se vieron desde el primer partido ante Bolivia. Fue el brasileño Wilson Seneme quien eligió la terna arbitral para la primera semifinal. Los brasileños cometieron faltas aleves quizá en la convicción -y el aviso- de que no serían sancionados.  Lo que se vio en este partido Argentina-Brasil es algo más que escandaloso y pareció que fue un trámite ya arreglado de la Conmebol con “sus” árbitros. Eso es suficiente para arruinar la fiesta en su conjunto.

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Lo que está ocurriendo en el fútbol continental no es nuevo ni es que eso que se ve suceda solo entre los americanos. No. Instituciones graduadas en corruptelas y megacorrupciones, como lo son Fifa y también Conmebol, tienen poco que agregar en sus manejos sesgados y en negocios por debajo de la mesa. Eso incluye al actual titular de entidad regional, el paraguayo Alejandro Domínguez. Pero todo tiene un límite y además de tener ya algunos de los dirigentes históricos apartados o bien guardados por lo conocido en el pasado reciente, sus herederos exhiben la misma pasta solo que en rangos menores y que ante la succión judicial, ganaron los primeros lugares que ahora ocupan sin cambiar de actitud. Son ellos incorregibles, como siempre ocurre con este tipo de gente. No son los jugadores los censurados, es lo que se cocina entre directivos y entre las bambalinas previas y durante los partidos. En ese aspecto uno de los ángulos principales en la comisión de irregularidades es el arbitraje, a la vista del mundo por incompetencia, pusilanimidad o directamente por inclinar la balanza de manera explícita en beneficio de alguno y perjuicio del otro.

Esta selección de Brasil que dirige Tite -Adenor Leonardo Bacci- tiene necesidad de ganar algo porque las papas queman después de quedar por fuera en mitad del mundial de Rusia, el año pasado, no haber podido superar instancias medias en las últimas copas América y porque también el presidente Jair Bolsonaro necesita un aire para un respiro de coyuntura a su controversial mandato. No por casualidad hizo presencia en el partido de la semifinal ante la Argentina, el clásico rival, el conjunto a derrotar por encima de cualquier otro y sobre el que ejerce una paternidad desde hace mucho tiempo. Puede Brasil vencer a los demás, cuando puede, pero Argentina es aquel a quien en verdad le importa doblegar. Así lo hizo en este partido de obligada e imprevista semifinal, porque el orden de los encuentros programados suponía un último partido para que ambos disputaran el campeonato. El cuadro se alteró a partir de ese primer partido entre argentinos y colombianos con el triunfo de los cafeteros, y de ahí en adelante Argentina debió resignarse a un segundo lugar en su grupo de arranque.

Es por eso que el encuentro entre ambos quedó un paso antes de lo previsto Tampoco Brasil tuvo el camino completamente abierto para quedar en la cabeza de su grupo. Es una selección más, no el Brasil histórico. Aquellos que hacían lo que querían con los rivales quedaron en las fotos y otros documentos de la historia. Ninguno de ellos está en este scratch, ni siquiera Neymar, el de mostrar en Brasil. Pero una cosa es que ya no sea la selección que maravillaba y todos querían ver y sabían que ganaría. Es más, todos querían que ganara. Otra cosa es que necesite ayudas vergonzosas en la complicidad de los arbitrajes que queda evidente: no son errores sino acciones perpetradas ex profeso para meter la mano en el partido. Eso fue lo visto en la confrontación con la Argentina. Había que sacarla de carrera y así se hizo. Brasil hizo dos goles de gran factura y el rival sin duda no  tuvo fortuna para concretar sus oportunidades con las que pudo empatar para buscar otra salida en la coyuntura. Es por eso que los dueños de casa no necesitaban ayuda alguna para imponerse.

El exabrupto de la jornada estuvo en el conjunto que perpetró el arbitraje, con el ecuatoriano Roddy Zambrano a la cabeza, los líneas Lescano y Romero de igual nacionalidad, y quienes operaban el Var, el oriental Leodán González, el venezolano Jesús Valenzuela y el colombiano Óscar Julián Ruiz. Para describir la trama montada en contra de los rivales del equipo que ya debe considerarse ganador antes de disputar la final porque así se impone desde afuera del campo, debe señalarse la ocurrencia de dos penales indiscutibles que “no vio” el juez y al parecer no se advirtió tampoco en tableros y pantallas de quienes apoyaban con los recursos electrónicos y de imagen, hechos precisamente para eso. Es sugestivo que la producción de televisión tampoco emitió la repetición de esas groseras faltas descalificadores realizadas en el área contra Nicolás Otamendi y Sergio Agüero. Como corolario, uno de los líneas reconvenía durante el partido a uno de los jugadores argentinos que tenía una tarjeta amarilla sobre su cabeza, con el fin de desconcentrarlo y, tal vez, desestabilizarlo.

Esos ayudantes del juez tienen prohibido ejecutar maniobras semejantes. Tampoco impuso sanciones a faltas protuberantes contra los jugadores albicelestes, incluida la evidente expulsión que mereció Dani Alves en la falta a Agüero, en zona de gol. Tan grotesca fue la acción de pistoleros de este conjunto arbitral que incluso Lionel Messi, quien es raro que hable o haga pronunciamientos al respecto, denunció sin embages las irregularidades ocurridas en el partido, ejecutadas además sin disimulo por los gratuitos e innecesarios atracadores que parecían cumplir un encargo y hunden incluso las apariencias de no ocurrencia de un proceder torcido como el que se vio en esa jornada. Se manchó así eso que suele ser olvidado: el pundonor deportivo y la administración de justicia sin sesgos grotescos como el que fue observado en ese compromiso. Es real que si Argentina quería ganar debió hacerlo con goles, incluso debió superar el infortunio del favoritismo arbitral, pero no lo hizo y sus rivales se impusieron con aceptable despliegue. Sin embargo, la imagen que queda es que le están regalando un título al anfitrión y el resto de selecciones que llegaron a Brasil no son otra cosa que convidados de piedra (aresprensa).

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VÍNCULOSQUEDAN CUATRO  //  PURGA DE GRUPOS  //  CURIOSA COPA AMÉRICA  //  SELECCIONES QUE PROMETEN  //  FÚTBOL MANCHADO                 
Actualizado: jueves 04 julio 2019 07:19
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