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PUERTO RICO: REVOLUCIÓN DE TERCIOPELO

ACTUALIDAD  //  LA TERCERA OREJA  //  Publicado el  31 de julio de 2019  //  22.45 horas, en Bogotá D.C.

 

PUERTO RICO: REVOLUCIÓN DE TERCIOPELO

 

El maremágnum de protestas se llevó en definitiva al gobernador, Ricardo Rosselló, heredero del que  fue también poderoso mandatario de Puerto Rico, supeditado a Washington por la  curiosa figura del Estado libre asociado. Llama la atención que esa movilización social promovida y estimulada por aquellos isleños que gozan de prestigio internacional por su papel, sobre todo en la cultura de los jóvenes y en especial la musical, haya tenido el resultado que tuvo. Parecía así que florecía una de esas “revoluciones de terciopelo* que tejió Estados Unidos hace unos años en algunas de las repúblicas inquietas que surgieron alrededor de la extinta Unión Soviética. Queda claro que la impronta política celebrada por la vía de ganar la calle y expresar el repudio hacia un intolerable estado de cosas pareció una manifestación callejera del primer mundo, en donde es posible que la movilización popular horade los pilares del poder político y cambie una situación insoportable, sin necesidad de derramar sangre o acudir a otras formas de violencia o resistencia civil.

 

Algo que contrasta  con la cercana Venezuela en la cual nada mueve -ni la  protesta callejera ni el asesinato masivo en contra de los protestantes- al dictador genocida Nicolás Maduro. El contraste permite poner de relieve la diferencia entre una sociedad democrática y que pretende ser moderna sin dejar de ser latina, con la barbarie expresada como parábola política y la reiteración de épocas que se suponían sepultadas en la región, cuando América Latina era un mosaico de dictaduras militares, comprometidas con la violación de derechos humanos.  El contraste marca ese punto de evidencia pero no ha sido solo eso lo que mostró el fenómeno cerrado hace unos días, con el alejamiento del gobernador Rosselló, todavía en su puesto por un breve lapso más y sin que aún se sepa quién lo sucederá. Ahora, lo que surgió de la agitación popular, deja en el limbo institucional a la isla, lo cual también permite imaginar que la crisis que se prolonga seguirá así, para infortunio de la población. Eso  despierta del sueño de que Puerto Rico sea un país normal y del primer mundo y hace aterrizar los ideales en la realidad concreta.

En esta etapa de reacomodamiento político la isla en la que se cortó con la vieja sujeción española para quedar sujeta al Destino Manifiesto norteamericano, desde el 1898, el proceso anuncia un resuello elemental para seguir encarando la crisis económica y de infraestructura que afronta esa sociedad. Un pueblo que por curiosidad de la geopolítica y el malabarismo del lenguaje para  definir su estatus, pareciera no estar bajo una situación colonial, pero lo está. Esa crisis está representada  en más de una década de recesión económica, el empobrecimiento agudo de la sociedad en ese lapso y las secuelas aún no superadas de las consecuencias que dejó el paso del huracán “María” hace dos años. Esas son al menos dos motivaciones que calentaban la voluntad y ánimos de los puertorriqueños durante el último tiempo, pero que no solo eran esas ni son las únicas. También las tensiones políticas de antaño, o mejor seria decir de origen, marcaron la eclosión del  repudio que selló la salida de Rosselló.

En lo inmediato debe señalarse que Puerto Rico y la tormenta tropical que destruyó esperanzas y calidad de vida tuvo como contrapartida la resistencia del gobierno  central en Washington a una mejor y mayor ayuda federal para la reconstrucción de los servicios  de la isla, que colapsaron con el paso de aquel tremendo meteoro. Se recuerdan de manera acentuada las befas y displicencia del presidente Donald Trump ante los reclamos hechos por los isleños y en la propia cara de los afectados,  en octubre de 2017. El mandatario norteamericano les reclamaba a las víctimas una salida de la marginalidad con voluntad propia del ascetismo individualista protestante, en tanto que los reclamantes lo hacían en ritmo reclamante de la solidaridad extensa y la caridad católicas. Dos visiones de mundo opuestas. Esa pugna entre desprecio y resistencia que aparece velada en las secuelas de la desgracia ha sido parte de la pugna histórica reseñada y que aflora en los momentos de dificultades, como ocurrió ahora.      

Es que la condición subalterna de ese pueblo latino frente a la metrópoli sajona está reflejado  en el folclore de la isla, no solo en lo cultural sino en los hechos como el que acaba de precipitarse y que sacrificó al gobernador. Desde que la isla pasó a poder de los norteamericanos los puertorriqueños han sido carne de cañón de todas la guerras en las que intervino la potencia hegemónica, además engrosaron  los cinturones de miseria y marginalidad de las grandes ciudades del este norteamericano, desde Miami a New York. Al tiempo que aportaron por igual a la cultura de ambas visiones de mundo: desde la recordada West Side History (la primera ópera de los Estados Unidos) de inicios de los años sesenta del siglo pasado, hasta la literatura de Justin Torres o la música Bobby Capó a Tito Rodríguez, por citar una reducida mención de un lista amplia y añeja. Eso no ha sido suficiente para subrayar la importancia de ese puente entre dos mundos que es Puerto Rico, queda por reseñar la resistencia de la lengua.

Durante más de un siglo de control sajón sobre los puertorriqueños, la hegemonía ha tratado de manera impenitente de cerrarle el paso a la presencia del español para que sólo se hable inglés en ese punto del Caribe, que es un bastión de la cadencia de Cervantes. Lo han hecho de todas las formas posible como factor básico de colonización, en la intención de repetir lo que hicieron en Filipinas**. En el archipiélago del Extremo Oriente, mediante el vaciamiento cultural y el holocausto, lograron imponer el inglés en algo menos de medio siglo de dominio, para anular y disolver la presencia del habla hispana. Han insistido siempre en “filipinizar” a la caribeña isla del encanto y solo han encontrado resistencia al respecto. Eso corre en paralelo con dos tendencias en colusión, una que ha sido creciente en la últimas décadas y es la de  volver mayoritaria la intención de que Puerto Rico sea otro estado de la Unión. La otra, también presionada por Washington, es la de que para ser parte integral de los Estados Unidos se debe hablar inglés, con intención de dar un golpe definitivo al español dominante en la isla.  

En contra de esa corriente apareció hace 4 años la decisión local legislativa 1177, que reafirmó  al español como primera lengua oficial, relegando al inglés a un segundo plano. El partido del desahuciado Rosselló no solo apoyaba la conversión de Puerto Rico en el estado 51 de la Unión sino que también promovía la marginación del acto de habla mayoritario de los puertorriqueños, por el inglés. Ese empeño lo había  martillado también su padre y anterior gobernador en 1993, Pedro Rosselló, cuando alcanzó a meter un caballo de Troya en esa dirección con la disposición de que los documentos oficiales de la isla debían  ser en inglés. Eso fue dos años después de que Puerto Rico recibiese el premio Príncipe de Asturias por su defensa de la lengua tradicional de los  isleños. Una cifra mayor al 80 por ciento de los habitantes insulares solo hablan español y aunque las escuelas de formación básica son bilingües, la cotidianidad no acepta el inglés como forma de  interacción social. Un proceso diametralmente opuesto a lo que sucedió en Filipinas.

Valga recordar que el archipiélago asiático, Cuba, Puerto Rico y las islas de  la Micronesia, bajo control colonial español, cambiaron  de situación desde la guerra de 1898 entre España y los Estados Unidos. Los cubanos obtuvieron su  independencia casi de inmediato, Filipinas pudo hacerlo en 1946, después de la Segunda Guerra Mundial. Pero Puerto Rico y las Marianas del Norte -estas en lo que fue la Micronesia española- quedaron hasta hoy como estados libres asociados, una forma híbrida de dependencia de Washington, que maneja sus relaciones exteriores entre otros aspectos de su soberanía.  En las protestas recientes aunque no se mencionó la resistencia implícita, los artistas que viralizaron la opinión mayoritaria, entre ellos Ricky Martin y Residente para mencionar solo a dos, se expresan en español y aunque cantan para públicos universales y sin complejos en ambos idiomas, su lengua básica es la de siempre y nada indica que piensen en cambiarla de manera excluyente por el inglés (aresprensa).

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* Así fueron llamadas las movilizaciones masivas y populares que producen  cambios inesperados en sociedades que con frecuencia padecen regímenes autoritarios o con rechazo de sus pueblos, por enfoques o medidas fuera de consenso. El punto de arranque de esos procesos fueron las alteraciones pacíficas del orden público en Checoeslovaquia, al final la Guerra Fría. Estas tuvieron por protagonista a Václav Havel y evocaban  lo hecho por sus reprimidos predecesores que pretendieron construir un “socialismo con rostro humano”, en implícita condena al control soviético y en particular al estalinismo. El teórico norteamericano Gene Sharp elaboró argumentación al respecto y se afirma que los norteamericanos aplicaron esa metodología para desestabilizar a los gobiernos de países como Armenia, Ucrania y otros de Europa Oriental, el Cáucaso y Asia Central, una vez disuelta la Unión Soviética. Estos movimientos son también conocidos como “revoluciones de colores” .

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Actualizado: miércoles 31 julio 2019 23:22
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ricardo rosselló lengua española

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