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PUTIN, CAMPEÓN MUNDIAL
Publicado el 20 de febrero de 2018 // 10.40 horas, en Bogotá D.C.

PUTIN, CAMPEÓN MUNDIAL

Es el año del mundial ruso, otra cota más para el mandatario de una potencia que resucitó bajo su timón y sigue mostrando que el mundo debe tener en cuenta a  ese inmenso país que heredó a Bizancio y se considera a sí mismo como la tercera Roma, con representación puntual en Moscú y San Petersburgo. Esto aun cuando Occidente ha tratado siempre de ningunear a Rusia, tal como lo hizo en su momento con Bizancio, y fue por eso que el occidente europeo después debió soportar la presión turca hasta las puertas de Viena, puesto que desde 1453 había desaparecido el “dique iluminado” que fue esa ciudad hoy llamada Estambul.  Vladimir Putin se alza con sus logros contingentes en el mismo momento en que sigue desafiando a quienes lo desafían, sea el terrorismo musulmán que golpea y amenaza en su barriga o sea el recurrente occidente europeo, con los Estados Unidos como parte de un “holding” geopolítico de más de un siglo, o la presencia de los chinos a sus espaldas, como antes lo fueron los mongoles al final del primer milenio o los japoneses en el siglo XX.

Putin dará apertura a la cita mundialista del fútbol y debe también ser reconocido, al mismo tiempo, como uno de los hombres más ricos del mundo, aun cuando la dimensión de su fortuna sea un secreto casi bien guardado. Once ciudades y 12 estadios estarán dispuestos para la cita de los flujos de visitantes que irán al gigantesco país, que sus habitantes llaman la “Santa madre Rusia”, para ver a sus propias selecciones, o ver simplemente el mejor fútbol, o conocer a los rusos. En este 2018 Putin apostará a renovar su mandato imperial y nadie duda de que volverá a ganar por el tope de votos que a él le venga en gana. Ya buena parte de quienes lo apoyan olvidaron el errático comportamiento que tuvo su primer gobierno con el hundimiento del submarino nuclear Kursk, en el año 2000.  En ese amplio espacio se abrirán los escenarios para las 32 selecciones que ya están listas para la cita. Varios de los centros deportivos están en puntos emblemáticos de geografía, la historia y las gestas rusas, en su propia defensa y en autorreferencia cultural, por eso son parte de su orgullo, de  su alma.

Por ejemplo, el Nizhny Novgorod evoca a uno de los puntos fundacionales de Rusia en el fondo de la historia, el cual junto con Kiev -hoy en la separada Ucrania- y a partir del rus de esa ciudad ucraniana, es nada menos que el origen de la nación rusa. Allí está también el Arena Rostov,  en la ciudad cabeza de la zona de donde son oriundo los cosacos de la leyenda que conformaron la temible guardia de caballería del zar. El primero tiene una capacidad de algo más de 45 mil espectadores, en tanto que el segundo tiene una cobertura similar para recibir a los hinchas en los compromisos comprometidos por la programación. Novgorod será  una de las sedes de los cuartos de final. En Rostov, sede la estepa sureña, se jugará una parte de los octavos de final. Otro estadio construido en un espacio cargado de historia es el Arena Volgogrado, a orillas del río Volga y en el escenario de una de las batallas más cruentas de la Segunda Guerra Mundial: Stalingrado. La ciudad reconstruida después de la contienda tiene hoy el nombre del curso de agua a cuya vera en 1943 combatieron los alemanes con sus aliados frente a soviéticos, estos al mando de Andrei Zhukov y del comisario Nikita Khrushev. 

No estará ausente del encuentro mundial el estadio de la mítica ciudad de San Petersburgo, listo para recibir a unos 68 mil espectadores. Fundada por orden de Pedro el Grande, con las manos, la sangre y los huesos de los prisioneros suecos derrotados en la batalla  de Poltava, en 1709. Una ciudad construida sobre los pantanos en la desembocadura del Nevá sobre el golfo de Finlandia en el Báltico, con la que se pretendió mostrar que Rusia también era Occidente y fue cuna de la revolución de  Lenin, joya del arte y emblema de la resistencia de casi tres años contra el asedio alemán. El Arena Samara es otro emblema pues fue en la ciudad que comparte nombre con el estadio donde la Unión Soviética comenzó su desarrollo espacial, con el remató se cartel de gran potencia ganada con sangre en la última guerra mundial.  En Yekaterinburgo habrá otro estadio “Arena”, en el sitio donde fue asesinado el último zar, Nicolás y toda su familia. La ciudad fronteriza de Kaliningrado será otro  de los puntos de encuentro mundialista, en una urbe arrebatada a Alemania en la guerra, a la que borró su nombre original y lugar de nacimiento de  Emanuel Kant. Se trata de la que fue muy prusiana Königsberg

ARENA SAMARA

La capacidad general de estos estadios oscila en una media que va entre los 35 y 45 mil espectadores, salvo el principal de Moscú, Luzhniki, donde se jugará la final y en el que caben 81 mil personas. No es el único localizado en Moscú para la descomunal convergencia. Este segundo estadio es el Spartak, sede del equipo del mismo nombre, capaz de  albergar a algo más de 43 mil espectadores. El esfuerzo para llevar adelante las obras exigidas por la Fifa no estuvo exento de señalamientos por excesos y corrupción, sombras que alcanzan al presidente Putin, debido a la manera en que se administraron los proyectos y porque las acusaciones que señalan los manejos oscuros del gobierno ruso en las grandes inversiones no solo son recurrentes sino que para nada nuevos, lo cual no  inmuta ni al presidente ni a su gobierno. Los abusos laborales, en especial con los jornaleros norcoreanos que participaron en la construcción de las obras exigidas para San Petersburgo -en las que contabilizan no menos de 7 muertos, sumados a 17 decesos de estos trabajadores orientales en otros servicios similares- no preocupa a los actuales dueños del Kremilin, según lo informado por observadores internacionales que denunciaron a los servidores extranjeros como verdaderos “esclavos” sometidos a todo tipo de privaciones.

Todo esto para el Kremlin es parte de la campaña en su contra y una propaganda negra que no alterará el curso de los previsto para la celebración del Mundial que se avecina. Ocurre que el tema de los trabajadores no es el único que golpea como mala prensa a las obras del Mundial. El tema de la corrupción no solo señala de manera persistente a Putin, sin que sea certero afirmar que él tenga una relación directa con quienes han sido señalado de enriquecerse con los contratos mundialistas. Eso es una caja menor en las acusaciones que se dirigen al presidente. Las autoridades de la capital rusa de la cultura han admitido el desvío de casi un millón de dólares a bolsillos privados de ciertos funcionarios. En cambio a Putin -ya desde hace casi un lustro *- se le asigna un crecimiento de su patrimonio personal secreto que oscilaría entre 40 mil y 70 mil millones de dólares, sumados desde que asumió las riendas de Rusia hace casi 2 décadas. En ese nivel, los otros se llevan apenas unas monedas. El negocio más rentable que moja a Putin -se dice- es el de la aventura petrolera, en el cual al parecer y en épocas de bonanza tuvo mayor intervención la mano por debajo de la mesa del zar indiscutible y de algunos escasos colaboradores. Esas cifras lo harían el mandatario más rico del planeta. Un verdadero campeón mundial (aresprensa).

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* Dato publicado en  El Espectador (Bogotá D.C.), 6 de mayo de 2014. Tomado de The New  York Times International Weekly
Actualizado: martes 20 febrero 2018 10:48
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