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RUSIA, MUCHO MÁS QUE UN MUNDIAL

Publicado el 27 de junio de 2018 // 15.15 horas, en Bogotá D.C.

RUSIA, MUCHO MÁS QUE UN MUNDIAL

Quien poco o nada sepa de historia rusa o sus referencias al respecto sean escasas e incluso despectivas para mirar a ese país que tiene un gran pie en Occidente y otro también grande en Oriente, sin duda se equivocará como se han equivocado algunos técnicos en este Mundial y en tantos otros. Equivocarse puede ser fatal y la historia dice que quienes han errado cuando se trata de abordar a Rusia, lo pagaron caro. Tres de ellos al menos no tenían derecho a equivocarse y los prejuicios no les permitieron ver una realidad que los golpeó de manera fatal, cada quien en su tiempo. Ellos fueron, Carlos XII de Suecia; Napoleón, de Francia y Adolfo Hitler, de Alemania. Los tres en una sucesión de un siglo entre sí. En 300 años y cada uno de ellos con sus derrotas, aportaron para que Rusia se convirtiera, al fin, en una superpotencia mundial. Lo hizo desafiando a sus enemigos, a su clima riguroso, a su vasto y en cierta medida estéril territorio y a la mirada con sorna de sus rivales en el mundo, a los que ha terminado enrostrándoles sus yerros centenarios y vigentes.

Escribe: Rafael GÓMEZ MARTÍNEZ * 

Por ejemplo, nadie esperaba en este Mundial que la selección del país anfitrión pudiese pasar de la primera ronda y ahí está, incluso hasta el segundo partido de su ronda, por encima de un Uruguay que tiene entre pecho y espalda dos copas mundiales. La realidad en este caso supera no a la ficción de lo que no quieren ver sus rivales de turno sino a las duras realidades que ellos mismos superaron en el torbellino de las adversidades. En la visión en grande de la política, el presidente Valdimir Putin encarna una opción renovada aunque la de siempre y conservadora, de lo que entienden los rusos es lo conveniente para gobernar. Atada a sus tradiciones ancestrales y a menudo autocráticas, que no suelen gustar en Occidente. Este mundial le sirve al presidente y a los demás rusos para reafirmar lo que ellos sienten de sí mismos y que los identifica con una suerte de misticismo -natural de su fe cristiana ortodoxa- propio del alma rusa. Esa subjetividad sencilla, aparentemente resignada, al tiempo dura y amable, que confía en un destino sufrido pero que saldrá adelante, sólo con la ayuda de sus propias fuerzas. Es esa voluntad para resistir que retrataron Dostoiévski, Tolstói, Chéjov y Pásternak, entre tantos otros de distintas áreas de la creación humana. 

El primero en cometer el equívoco de subestimar a los rusos, provocarlos y terminar perdiendo todo, fue el rey de los suecos, cuando Suecia acababa de convertirse en el país más influyente de Europa, al terminar la Guerra de los 30 años, que dio origen al Estado moderno y al debilitamiento relativo de Austria y definitivo de España, con la Paz de Westfalia. El reino sueco de Carlos XII terminaba en ese tiempo de crear el primer ejército profesional y permanente de un país, en los albores de la modernidad. Fue ese el origen de la fuerza armada nacional que después imitaron los prusianos y luego todos los estados del mundo hasta hoy. Suecia fue por entonces la potencia del Báltico y ejercía hegemonía sobre todo el centro de Europa. Su única amenaza era esa Rusia entonces gobernada por Pedro, que después fue El Grande, y el poderoso sueco creyó que podría con él. Pero ocurre que el zar tenía una astucia y dimensiones físicas coincidentes con el rango que le dio la historia: grande. Él también había modernizado su ejército y estaba en plena construcción lo que sería la bella San Petersburgo, la “Venecia del Norte”. Los rusos aplicaron por primera vez la política de “tierra arrasada” en su propio patio, mientras los suecos con el rey al frente se internaban en lo profundo de la estepa y se desgastaban de manera irremediable.

 LAS DERROTAS 

Después, en 1709 y sobre la ribera del Poltava -Ucrania- los invasores fueron acorralados y derrotados. Luego, miles de suecos prisioneros morirían, unos en Siberia y otros concluyendo la construcción de la mítica Petersburgo. Suecia jamás pudo recuperarse de la brutal derrota, perdió toda influencia en el contexto europeo sobre el que dominaba y pasó a ser un país pacifista hasta el presente. A partir de ese gozne histórico pasó poco más de un siglo para que los rusos vencieran a otro tremendo adversario que tentó la posibilidad de internarse en territorio ruso. El desafiante esta vez fue Napoleón, con medio millón de hombres, entre franceses y sus aliados europeos. La aventura del emperador galo terminó en Borodinó, en septiembre de 1812, y fue el inicio del fin de la saga napoleónica sellada en Waterloo, tres años después. Antes de llegar a esa batalla junto al río Móscova, el zar Alejandro I repitió tácticas de su predecesor, Pedro, para cortar abastecimientos y logística al invasor. Eso incluyó el vaciar a Moscú de todo, incluso de su gente. Algo más de un siglo posterior al hecho de armas que inspiró a Tchaikovski para componer su Obertura, “1812”, y en Stalingrado, el nuevo invasor conocería el costo de confrontar a los elementos en el invierno ruso y a la resistencia de su pueblo, tan dura como el cierzo frente a esas interpelaciones armadas al “alma” y a su madre tierra. 

El nuevo interpelador fue Adolfo Hitler y su orgullosa Wehrmacht, con el VI Ejército al mando de Friedrich von Paulus y unos 300 mil hombres, que llegó a la ciudad industrial a orillas de Volga, la cual ostentaba el nombre del hombre del destino que, después de Lenin, reemplazó a los zares: Josef Stalin. Ese fue el mismo grupo del ejército alemán que había luchado victorioso en Francia, dos años antes. Luego de 5 meses de asedio y batalla, el 2 de febrero de 1943, Paulus se rendiría ante Gueorgui Zhúkov. El mismo que como mariscal tomaría Berlín en mayo de 1945, junto a otro mariscal soviético, Iván Kóniev. Algo más 100 mil prisioneros alemanes y sus aliados, que sobrevivieron al infierno invernal de Stalingrado -hoy Volgogrado- sede del Mundial- tuvieron un destino parecido al de los suecos dos siglos antes, y debieron trabajar en la reconstrucción de varias ciudades rusas. Sólo regresaron a Alemania unos 6 mil, a mediados de los años 50. Aunque el total de muertos en la épica batalla pudo llegar a dos millones y eso incluyó a un millón de civiles. Lo sucedido en Stalingrado fue el punto de inflexión en el frente ruso y el principio del fin para el Führer, pues desde ese momento todo fue derrota para el invasor, en tanto que Rusia fue uno de los ocupantes del suelo germano hasta 1994. 

Para estimular a su pueblo en la guerra, Stalin acudió a la matriz cultural de la tradición rusa, a su “alma”. Para ello, en tanto los alemanes penetraban el territorio de la Madre Patria, el “padrecito” reabrió las iglesias ortodoxas, cerradas a poco de triunfar la Revolución dos décadas antes, y devolvió a su fuerza armada en retirada el grado de mariscal que ostentaban los ejércitos del zar, trayendo al presente lo hecho por Mijaíl Kutúzov en Borodinó. El mariscal es un rango militar propio de las monarquías y en particular de los imperios. Stalin, el zar soviético, tuvo la habilidad de acudir a la memoria profunda para galvanizar a su pueblo y devolver la autoestima a un Ejército Rojo, hacia 1941 en desbandada. En el marco de la descripción previa, queda claro que a partir del siglo XVII el inmenso país que es Rusia fue apetecido por los mayores vecinos que desconfiaban y rivalizaban con el imperio interior eslavo. El mismo que en su expansión mordía las costas del Mar Negro para asomarse al Mediterráneo, frente a los otomanos, y que había salido al Báltico, con la fortificación de la ciudad encantada que a orillas del Nevá fundó Pedro y convirtió en joya.

EL COMIENZO 

Todo había comenzado en el rus de Kiev - hoy Ucrania- hacia el siglo XI, complementado con la adopción la fe ortodoxa, heredada de Bizancio, y la construcción de un alfabeto derivado del griego, que elaboraron los monjes búlgaros llamados “bogomiles”, a cuyo frente estuvo Cirilo -Kiril-;  es por eso que el conjunto de caracteres de la lengua rusa se conoce como “cirílico”. Ese cordón umbilical cultural, religioso, imaginado e histórico con Bizancio es fundamental para entender todo lo referido. Caída la Roma de Oriente en 1453, bajo el cañón de los otomanos, los zares se consideraron herederos de lo que dejó la ciudad de Constantino, que pasó a llamarse hasta hoy Estambul. De esa manera, los emperadores rusos consideraron que la capital del vasto territorio, fuese Petersburgo o Moscú, era en realidad una Tercera Roma. Si no fuese así, sería difícil entender la naturaleza de la expresión y el rango de “zar”, pues esa palabra significa “césar”. La existencia de la urbe sobre el Nevá y la obsesión entre los siglos XVII y XIX de parecerse a sus históricos adversarios occidentales tiene que ver y termina en la búsqueda del reconocimiento de una Rusia como parte de Occidente. 

Eso permite explicar también la contradicción de un Pedro por levantar una ciudad que se pareciese a las de Italia y Francia -más cercanas a los suecos- o a la manera como se adoptaron tantas palabras y elementos humanos e ideológicos de Alemania. Todos los vencidos dejaron por decisión de los mismos rusos una fuerte impronta en las maneras que estos abrazan para afirmarse en el mundo. En el siglo XIX y hasta la revolución de 1917, una buena parte parte de los jóvenes de la nobleza y de la clase dirigente hablaban francés e incluso alemán, y estudiaban en las mejores universidades de sus rivales en el campo de batalla. Eso se ve claro en el “Doctor Zhivago” de Boris Pásternak, así como también y antes en “La Guerra y la Paz”, de León Tolstói. Eso también dio razón en aquellos tiempos de la gruesa presencia de comerciantes ingleses o franceses en los puertos recién construidos y el asentamiento de colonos alemanes para iniciar la agricultura en las estepas del sur. Una de las áreas de esos asentamientos agrícolas, que inició Catalina -la zarina, también calificada de grande- tuvo como capital a Samara, hoy una de las sedes del mundial de fútbol (aresprensa).

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* Economista, columnista y académico colombiano.

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VÍNCULO DIRECTOSAMARA: MEMORIA DE UN GENOCIDIO // ARRANCÓ EL MUNDIAL
Actualizado: miércoles 27 junio 2018 15:41
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