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SE BUSCA EMBAJADOR GRINGO

Publicado el 17 de julio de 2018  //  21.10 horas, en Bogotá D.C. 

SE BUSCA EMBAJADOR GRINGO 

El congelamiento del nombramiento de Joseph McManus como nuevo embajador de los Estados Unidos en Colombia abre un abanico de especulaciones en torno a esa nominación, hecha por el presidente Trump a fines del año pasado. Esto en relación con la situación delicada que afronta el país cafetero en vísperas de la finalización del controvertido mandato del presidente Juan Manuel Santos. Ello por el cuadro de situación en el que evoluciona el llamado posconflicto y la tensión desatada ahora de manera abierta en las relaciones entre Colombia y Venezuela. Llama la atención que el freno en el senado norteamericano a ese nombramiento haya sido promovido no por parte de los demócratas, como podría esperarse, sino de los propios republicanos que son la bancada del primer mandatario. La llave opositora -hold- a la designación, estaría integrada por los latinos Ted Cruz (Texas) y Marco Rubio (Florida), con la compañía y colaboración de Mike Lee (Utah). 

La argumentación contraria a McManus señalaría una imaginada vieja relación estrecha del candidato a embajador con las administraciones de Bill Clinton y de Barack Obama, demasiado cercana y tanto como para despertar la ojeriza de los conservadores radicales del senado. Esos, en especial latinos, que son censores por principio de las veleidades de regímenes como los de Venezuela y Nicaragua, al tiempo que críticos tanto soterrados como sobre la mesa, en cuanto a la manera como se sellaron los acuerdos entre el estado colombiano y las Farc. Esos mismos que también son censores de los vínculos y simpatías de sectores de la política cafetera, en legalidad, con el régimen bolivariano. Si en definitiva la nominación vigente del nuevo embajador se mantiene en una vía muerta, aparecen otros dos nombres para reemplazarlo. Ambos son un revulsivo para los sectores impugnadores del orden establecido, pero uno de ellos lo será más para los grupos que apuestan a la toma del poder, combinando formas de lucha en América Latina. 

En el marco de esa compleja situación la suerte del actual nominado ofrece pocas salidas y no se advierten señales como para que el actual líder republicano del senado, Mitch McConnell, se mueva dentro del amplio margen de maniobra que tiene como para destrabar la situación. En ese panorama tampoco se advierte que McManus haga algo en favor de su nombramiento. Al final del semestre que corre se celebrarán elecciones de medio término y es poco posible que en plena campaña electoral los intereses políticos al interior de la cámara alta de los Estados Unidos favorezcan el desenlace positivo del cuadro. Si se dejasen las cosas en la dinámica de la inercia, nada favorecería los intereses de la propuesta de Trump, hoy empantanada. Si se atienden los antecedentes, es difícil que se renueve la propuesta de designación del actual candidato a embajador en Colombia, pasado el año desde que el residente actual de la Casa Blanca envió los pliegos correspondientes al senado. 

El vacío creado por la desconexión entre el legislativo y el ejecutivo de los Estados Unidos deja una sensación de mayor vacío en los escenarios comprometidos en el proceso. Nada bueno anuncia el mantenimiento de ese limbo, visto lo impredecible de las decisiones del presidente norteamericano, junto con las expectativas y aprensiones ideológicas, geopolíticas y de seguridad interior que existen tanto en Colombia como en la región adyacente. Las recientes declaraciones incendiarias de un vocero oficioso de la administración bolivariana, Pedro Carreño, integrante de la llamada Asamblea Constituyente impuesta desde Miraflores, dicen del coctel de factores de aprensión y peligros que afronta América Latina en la encrucijada vigente. La situación anormal que se prolonga en Bogotá, mantiene también en un aire enrarecido al actual embajador de Washington, el malquerido de la Casa Blanca embajador Kevin Whitaker, sobre quien serias fuentes extraoficiales señalan que ni siquiera es invitado por los burócratas responsables estadounidenses a eventos que tienen que ver con su gestión oficial. 

Lo anterior haría sonrojar a cualquiera que sea prolijo en el manejo diplomático, por el desguisado que en potencia generan estos desencuentros. En el fondo de la trama y aunque por tradición lo que ocurre más allá de la frontera sur de los Estados Unidos no es importante en el primer plano de los intereses de los Estados Unidos, hay factores que sensibilizan y alertan a sus dirigentes. Sí es importante para ellos aquello que tiene que ver con la confrontación a la industria del narcotráfico, la injerencia en la región de rivales estratégicos como Rusia y China, el terrorismo y la irrupción tanto como la continuidad de gobiernos que sean desafiantes con los principios económicos e ideológicos que defienden por genética los norteamericanos. Eso tiene nombre propio: Venezuela y Nicaragua, sin que ello excluya otras posibilidades en idéntica dirección. Los radicales republicanos pretenderían que el solo nombre del nuevo embajador en Bogotá envíe un mensaje contundente. 

La inferencia señala entonces que la hibernación a la que se condena la nominación de McManus tiene como derivación la espera del turno para alguien con suficiente fortaleza en la embajada del altiplano. Esto, en el sentido de que incluso desde lo simbólico se brinden respuestas suficientes a los desafíos que surgen de manera constante en el entorno interpelador, sobre todo lo que surge desde Caracas. Fuentes cercanas a la diplomacia de los Estados Unidos le informaron a esta Agencia que al respecto se barajan dos nombres considerados de “halcones”. Uno de ellos es el de Juan Cruz, quien es asesor vigente de seguridad de Trump para el subcontinente y se ha manifestado como un crudo contradictor de Miraflores. Cruz es un veterano de la CIA, dirigió la agencia para la región y ya tuvo funciones en la legación de Bogotá. En ese ejercicio, hace una década, su trabajo de inteligencia fue elogiado pues estuvo relacionado con los golpes estratégicos que se les dieron a las grandes estructuras del tráfico de psicoactivos y a los grupos armados vinculados con el negocio. 

El otro candidato eventual tiene incluso mayor espesor de argumento disuasivo y revulsivo que el mencionado Cruz. Se trata del teniente general William “Jerry” Boykin. Este militar retirado es un halcón con todas las garras. Fue integrante y luego comandante de la mítica “Fuerza Delta” que como grupo de élite entre élites tiene responsabilidad de misiones militares abiertas extraterritoriales. Tanta es la leyenda tejida alrededor de este cuerpo que incluso se realizó una película con el nombre que tiene como estandarte, interpretada por Chuck Norris. Boykin es un hombre de posiciones fundamentalistas en torno a lo que cree y es parte de los grupos evangélicos que plantean soluciones extremas a los problemas del mundo. Fue subsecretario de Defensa del primer Bush, entre 2002 y 2007. También aparece con responsabilidades en la cacería de Pablo Escobar en Colombia (1992) y en el posterior incidente de Mogadiscio (1993), origen de otra película: “La Caída del halcón negro”. La demora en el nombramiento del embajador también se interpreta como una repulsa y mensaje sin paliativos a la gestión del presidente Santos (aresprensa). 

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Actualizado: domingo 22 julio 2018 17:52
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