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SE NOS FUE "CUQUI" LÓPEZ

Publicado el 04 de septiembre de 2016 / 21.30 horas, en Bogotá D.C.

SE NOS FUE “CUQUI” LÓPEZ

Fue un hombre íntegro a lo largo y ancho de su extensa vida. Eso es fácil de decir para alguien que se nos fue, como se ha ido Edgardo “Cuqui” López. Pero es la verdad palmaria en este caso, y sin discusión o contradicción alguna en su historia de vida. Se fue desde Bogotá donde vivió la mayor parte de su existencia, aunque nunca dejó de ser tan argentino como el tango o el fútbol, deporte que tenía incrustado en la mente, la piel y las piernas. Fue pateando la pelota que inició la huella que dejó en su país de adopción, donde ha sido tan querido por quienes lo conocieron y lo recordarán siempre. En la última década mantuvo su relación con el fútbol por la vía del atinado comentario periodístico en esta Agencia. Aquí, con su experticia y sabiduría sobre los vericuetos de la pasión de masas que es el fútbol, escribió y asistió a otros menos veteranos en estas lides, quienes enriquecen las columnas de Ares a través de sus trabajos en mundiales, eliminatorias y copas América. Así fue su aporte para ARES desde aquel campeonato orbital de Alemania 2006 y luego en Beijing 2008, Sudáfrica 2010, Argentina 2011, Brasil 2014 y la reciente Copa Centenario, entre otras presencias de la pluma de López. Lo alegraban sobremanera los logros de Colombia en lo deportivo e institucional, de la misma manera como lo entristecían las negras circunstancia que golpean a su país de origen, sin solución a la vista y con el azote creciente del narcotráfico.

Escribe: Néstor DÍAZ VIDELA *

Edgardo López Méder llegó a Colombia al terminar la década de los años 50, sin haber llegado a los 20 años de edad. Venía de unos pasos iniciales como juvenil en Atlanta y un breve recorrido por las inferiores de Boca Juniors. Tenía la esperanza de sumarse como novel jugador a las filas de un club que por entonces aún no hacía pie institucional: el Sporting de Barranquilla. El sueño no se concretó y quedó a la deriva por un corto lapso, hasta que el azar le permitió sumarse al vigente Deportes Tolima. Eran aquellos tiempos de ingenuidad deportiva, en los que todo estaba por hacer y el deportista lo era más por talento, ideales y empuje, que por el atractivo de un jugoso contrato. Después, con el acumulado de habilidad demostrada llegó a defender los emblemas del América de Cali y el Santa Fe de la capital colombiana. Su carrera no fue tan larga, apenas algo más de una década, aunque sí fue suficiente para alcanzar el reconocimiento de todos quienes disfrutaron su calidad de puntero izquierdo y goleador de tan fino acierto como aplicado juego limpio.

Desde Ibagué le cargaron el apodo de “Cuqui”, después de que en alguno de sus contratos hubo incumplimiento con los compromisos adquiridos y decidieron pagarle con una tienda de música y venta de discos que llevaba ese curioso nombre. Todas las especulaciones en torno al origen del tierno sobrenombre no son otra cosa que leyenda urbana y contradicciones sin daños, porque su entorno familiar inmediato lo ha llamado siempre “Kuky” y su primigenia familia argentina siempre lo conoció como “Quito”. Fue hombre discreto y reservado, de palabra medida e incapaz de ofensa alguna, incluso hacia quienes alguna vez pudieron ofenderlo. Eso último fue casi un imposible -salvo, claro está, por alguna ofensa gratuita- porque a la rectitud de su temperamento le agregaba la amabilidad sin repliegues en el trato, la disposición permanente al humor y el pundonor para cumplir los acuerdos. Allí asomaba la mentalidad alemana que heredó de la madre, Ana Méder. Esto equilibraba en su personalidad el otro 50 por ciento de herencia criolla argentina que le aportó su padre.

Aquella discreción y el rigor para cumplir, le impedían confesar que cuando comenzaba a brillar como goleador desde la banda izquierda en el fútbol colombiano, le llegaron a insinuar la posibilidad de nacionalizarlo para integrar la selección cafetera que conformaba Adolfo Pedernera y que llegaría al mundial de Chile, en 1962. Un velado ofrecimiento que declinó ante de la eventualidad de una formalización porque debía -dada su juventud- retornar a su país para cumplir con el servicio militar, lo que en efecto hizo, para luego regresar a Colombia y seguir con su carrera deportiva. Queda para la especulación y la historia contrafáctica -la ucronía- el suponer que el talento de un alero como “Cuqui” López hubiese podido aportar para quebrar aquel 4-4 de Colombia ante la Unión Soviética, en Arica. En ese paso de López por el fútbol colombiano, que fue toda su carrera como profesional, no solo hubo anécdotas y goles, también lesiones y un retiro tempranero que después y por largas temporadas lo proyectaron a los negocios particulares, con distinta fortuna y con retorno obligado al contexto del deporte.

Edgardo López Méder (Q.e.p.d)
Equipo de Estrellas de la Televisión Colombiana (circa 1972**

Este hombre que llegó una generación después del famoso “dorado”, esa que se llevó a Colombia lo mejor del fútbol argentino, entre el final de la década de los años 40 e inicios de los 50, además de asediar los arcos rivales, supo por fuera del fútbol vender libros e introducir los vinos de su país en una cultura cafetera acostumbrada por entonces solo a los licores de caña y de granos. Promediaban los años 70 y ya retirado de pisar la grama cada domingo, fue puntero de la entrada masiva de vinos argentinos desde la Casa Latina que capitaneaba Alfredo “El Turco” Musalem, un salteño que volvió a su tierra para apostar a la política con menor fortuna que la actividad comercial. Desde esa frontera laboral López incursionó en el negocio gastronómico y fundó en Bogotá varios restaurantes de platos tradicionales del Cono Sur, con eje en la fama de las carnes australes. Uno de ellos en asocio con el presentador histórico de la televisión colombiana: Fernando González Pacheco. Aunque de manera porfiadadespués de esas incursiones vitales “Cuqui”, de alguna manera,volvía al fútbol.  

Ya al comenzar la década de los 70 había dirigido como divertimento la selección de estrellas de la televisión colombiana. Por ese camino retornó después a Buenos Aires, para hacer el curso de director técnico que realiza la AFA. Dos de sus compañeros de promoción fueron José Néstor Pékerman y Marcelo Bielsa, nada menos. El primero siguió siendo uno de sus amigos y colega de siempre. López ya había sido asistente técnico del orientador Juan Eulogio “El Vasco” Urriolabeitia, en los años 80, quien estuvo a cargo del plantel santafereño de la capital colombiana. Al menos en parte, su ilusión de hacer una carrera en la conducción de equipos colombianos se vio condicionada por la sombra de los dineros ilícitos que infiltraron también al deporte. Eso llevó al pundonoroso “Cuqui” a apartarse de manera definitiva e irreversible de los terrenos activos del fútbol. Cuando la tormenta pasó, ya era demasiado tarde para asumir nuevos desafíos en ese plano. Fueron aquellos unos años de polvo y plomo, que desafiaban las escalas de valores de hombres como López. El baluarte moral fue lo que guió la vida pública y privada de este argentino que murió en el inicio de este septiembre de 2016, en una patria que nunca fue extraña para él y a la que supo amar como propia (aresprensa). 

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* Director Agencia de Prensa ARES

** Fotosrevistas El Heraldo (Barranquilla) y bestiario del balon.com 

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