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SERÍAN ARMAS ISRAELÍES

ACTUALIDAD // LA TERCERA OREJA // Publicado el 27 de septiembre de 2018  //  19.30 horas, en Bogotá D.C.

COLOMBIA-VENEZUELA: RIESGO DE CHOQUE II

SERÍAN ARMAS ISRAELÍES 

Vuelven a escena las amenazas de una confrontación eventual y abierta entre Colombia y Venezuela. Todo esto en el marco de la hecatombe del país bolivariano, la grieta de la sociedad colombiana y su violencia ahora atenuada pero firme y en aumento, además de las contingencias de los primeros pasos de un nuevo gobierno en Bogotá, que han obligado a mantener la prudencia de la labios para afuera y de racionalidad hacia adentro. Pero esto sin que ello implique distracción o debilidad ante el desafío venezolano, que se mantiene a partir de la amenaza discursiva abierta y del impacto concreto en el interior del territorio propio y hacia el exterior, ahora con el peso muerto de los miles de refugiados que huyen de su propio país empujados por la crisis, como una forma de persecución y expulsión directa de Miraflores en contra de sus propios ciudadanos. Las frecuentes incursiones de soldados y aeronaves venezolanas que muerden terreno vecino y atemorizan a los habitantes del otro lado de la frontera, se producen con mayor frecuencia al tiempo que se mantiene la negativa de Caracas frente a la intencionalidad de tales hechos. 

Además, sigue presente el golpe de las incursiones terroristas de diversos grupos armados, en especial ahora del llamado ELN, aunque no de manera exclusiva de esa organización ilegal, los contrabandistas que pululan en ambos bordes fronterizos y la protección tácita que brinda Venezuela a los jefes de todos estos factores desestabilizantes, desde la subversión a la delincuencia abierta. En el marco general de disolución, Venezuela redobla su desafío en la presunción de la ventaja tecnológica de su armamento, en buena parte proveniente de Europa Oriental y del Oriente Extremo. Círculos cercanos a las fuerzas armadas colombianas hablan desde hace tiempo de una modernización limitada pero disuasiva de sus experimentadas fuerzas, con aporte eventual de los Estados Unidos y del Reino Unido. Pero esas posibilidades se recursos concretos en lo que hace a poder de fuego podría tener una alternativa menos ortodoxa, a lo que se ha considerado obvio sobre las fuentes de mercado en armamentos para un país como Colombia. 

Una eventualidad quizá ahora en suspenso después de que Colombia reconociese al estado palestino y la hirsuta reacción que al respecto hizo el embajador israelí en Bogotá, Marco Sermonetta, cuando agonizaba el periodo constitucional de Juan Manuel Santos. La salida fue una torpeza diplomática de marca mayor porque el embajador parecía decir entre líneas: “¿cómo pueden ustedes hacer esto si se supone que los teníamos controlados?”. En efecto, las relaciones estratégicas entre el estado judío y el país colombiano son tan sólidas como históricas y abarcan segmentos estratégicos, sobre todo en seguridad, tanto que parecía imposible que la administración de Juan Manuel Santos o cualquier otra, diese un paso semejante, tan revulsivo hacia los intereses israelíes. Palestina no es un estado en sentido pleno, pero esta población acorralada en su ínfimo territorio aspira a que se cumpla el mandato de las Naciones Unidas, cuando emergió Israel al final de la Segunda Guerra Mundial. Esto no se ha cumplido a cabalidad y las circunstancias históricas sobrevinientes siempre han frustrado la aspiración palestina.   

Ante el berrinche israelí por la decisión postrera de Santos, algunos círculos legislativos afines al gobierno en estreno de Iván Duque tuvieron una iniciativa tan improvisada como delirante: reconocer a Jerusalén como capital del proyecto hebreo, convertido en estado soberano, único y “excluyente” de las minorías que existen en el interior de esa tierra reclamada por siglos. Aunque el tema se manejó entre bambalinas, sí tuvo cierta recepción en el entorno del nuevo gobierno, sin que los proponentes sopesaran demasiado lo peligroso de la iniciativa para los intereses ya no sólo de Colombia sino de todos los sudamericanos, porque el terrorismo que interpela a Israel desde su fundación y el rechazo del Medio Oriente en general a las políticas fundamentalistas de ese Estado, acechan a los aliados de circunstancias de esas políticas. En todo caso vale resaltar que Colombia no es Estados Unidos y mucho menos Guatemala ni Honduras. En ese panorama de controversias entre bambalinas volvió a surgir la idea de creación de una “fuerza de despliegue rápido”, como disuasivo táctico frente a las recurrentes amenazas y provocaciones venezolanas en la frontera. 

Esa iniciativa planteada desde las reservas al mando superior activo, que en su momento llegó incluso a las altas esferas de la administración de Juan Manuel Santos, volvió a la mesa en las últimas semanas. Se trataría de un contingente de unos 20 mil hombres, más o menos el tamaño de una brigada, pero con un elevado poder de fuego y equipos de alta tecnología. La masa crítica y el soporte logístico y de poder armado estaría integrado por bombarderos de ataque -los herederos modernos de los famosos Stukas de la Segunda Guerra Mundial- batallones blindados, un buen dispositivo antiaéreo y helicópteros de ataque tanto como de transporte de tropas y una adecuada artillería que no excluiría capacidad misilística táctica. Las fuerzas armadas colombianas cuentan con una excelente disciplina y experiencia de combate derivada de sus conflictos internos, pero no de suficiente tecnología de punta y de caballería blindada con capacidad para hacer frente a las amenazas de la hora. Además, existe marcada asimetría en lo que hace a fuerza aérea, lo que envalentona a los asesores militares de Miraflores, tal como se ha visto en los medios de comunicación en tiempos recientes. 

El dilema en las circunstancias previas fue el del mercado de aprovisionamiento donde obtener el equipamiento sofisticado y en condiciones de articular los diferentes y complejos vectores de respuesta rápida necesarios para una fuerza táctica semejante. Bien se sabe que son China y Rusia los proveedores naturales de Venezuela y los que han permitido la renovación de sus requerimientos militares. Esto, articulado con la inteligencia cubana, profundamente incrustada en las filas bolivarianas, es lo que permite las interpelaciones constantes de Miraflores. Los Estados Unidos, que han sido los proveedores naturales de Colombia no han sido en cambio demasiado permeables a sugestiones de este tipo. Al menos no en el caso de América Latina, pues temen respuestas destempladas y enojos de los vecinos sensibles, entre otros factores de restricción. En alguna ocasión, cuando se le señalaron los dilemas al respecto al ex presidente Santos, este habría respondido de manera enigmática: “Israel será el proveedor de armas y equipos para esto”. Se desconocen los fundamentos de tal aseveración no confirmada y quizás ya sea tarde para conformar la brigada de desplazamiento rápido (aresprensa).   

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Actualizado: jueves 27 septiembre 2018 20:00
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