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SERÍAN MACHOS PROBADOS

ACTUALIDAD  //  LA TERCERA OREJA  //  Publicado el 22 de abril de 2019  //  16.30 horas, en Bogotá D.C.

 

SERÍAN MACHOS PROBADOS

 

El incidente y escándalo consecuente por la escenificación de apasionado afecto que protagonizaron hace pocos días dos jóvenes varones en un reconocido centro  comercial de Bogotá, a la vista de todo el público que incluyó a unos niños, atrajo aparejada la reacción inmediata en contra de un padre de familia, durante la escena de causa. El incidente derivó no solo en la acción policial de contención y sucedáneos sino que  además produjo supuestos antojadizos sobre el origen de los contradictorios comportamientos en ámbitos de concentración pública. Allí donde se supone que la contención debe también  ser parte de una actitud individual, tanto como colectiva.  Nadie dudaría en la actualidad sobre lo bueno de enjuiciar y rechazar los prejuicios por razón de opciones de género. En contravía y de manera ligera se señaló como homosexuales a los tiernos ejecutantes de la faena en cuestión, lo cual per se no admitiría censuras de índole  alguna y en eso la ley es clara en el sentido de abrir campo a los ciudadanos para el libre desarrollo de su personalidad. Ello sin poner diques ni hacer trazabilidad futura de hacia dónde se dispare esa personalidad, incluso si a veces fuese alocada, lo cual tampoco a nadie debería importarle demasiado. La  noción del “macho probado” podría aportar a la solución del incidente. Se trata de un juego que acude al discurso del método investigativo, pero lo elude en la lúdica y traza hipótesis que son en realidad supuestos y también se excluyen las pruebas de hipótesis porque no hay datos consolidados para afirmar la conjetura. La aventura es sobre nociones y no sobre conceptos.  

Así entonces, la censura de los bien pensantes apunta a una primera hipótesis en el sentido de que estos chicos no serían otra cosa que escandalosos homosexuales en cuyo proceso de desenfreno ante el público masivo ni siquiera considerarían que su comportamiento podría tal vez haber sido lesivo para la madurez futura de los niños de otras familias en presencia y sin alertas tempranas, además de diferentes de las propias. Estas últimas según la antojadiza hipótesis explicativa es probable que quizá hubiesen sido tolerantes o incluso alentarían “tales conductas” para nada ortodoxas de sus herederos en el seno de una civilización “occidental y cristiana”. Para no pocos sectores de la sociedad colombiana eso que se vio es condenable y el hecho de que las minorías hayan crecido en protagonismo y visibilidad no significa que quienes reaccionan de manera negativa ante lo ocurrido sean minoritarios o anacrónicos.

Tampoco significa que quienes condenan estos comportamientos carezcan de derechos que los obliguen a constreñirse o a permanecer indiferentes ante las expresiones de alternatividad, en lo que hace a opciones afectivas diferentes o las simplemente pasionales y de ocasión. La alternatividad cultural ha evolucionado de manera firme desde hace más de seis décadas y el pivote histórico han sido las revoluciones culturales que en lo teórico nacieron antes de la Segunda Guerra Mundial con los pensadores críticos del neomarxismo e hicieron eclosión con el París impugnador de 1968 y las comunidades californianas del amor libre, que tuvieron un máximo exponente estético en las jornadas de Woodstock. Algo ya reseñado por Gianni Vattino en “La Sociedad transparente”. A partir de allí, el afloramiento de las minorías de todo tipo -siguiendo al teório italiano- afrontó el desafío de su plena visibilidad y reconocimiento.

Lo anticipado en tanto movilidad social de las sociedades hegemónicas -como se indicó en las líneas precedentes- se expandió hacia el resto del mundo menos “civilizado” y con mayor o menor éxito histórico hoy tiene carácter afirmativo, a despecho de toda censura. Esa manera desafiante de confrontar con los límites históricos de lo establecido, desde Martin Luther King a Daniel “El Rojo”, hasta Bob Dylan, estuvo  acotado por más dos siglos por la ética del mérito de Emanuel Kant y su imperativo categórico, que más o menos señala que no es bueno molestar a los otros y que es posible hacer lo que a uno le dé la gana mientras no violente a su entorno. Tal como se expresó, estos jóvenes acalorados pudieron suponer que sus derechos están por encima de los que esgrimen los otros. Eso implicaría plantear una segunda hipótesis aventurada: estos muchachos serían una suerte de súper ciudadanos cuyas costumbres deben ser aceptadas por los demás sin censura admisible puesto que los de ellos son súper derechos.

Los demás, aquellos que no comulgan con sus opciones y lo señalan, deberían ser los que en verdad fuesen condenados. Ambas hipótesis son opuestas y falsables -a la manera de Popper- pero en lugar de convalidarse por la misma falsación, tienden a generar un infinito conflicto de opuestos, con terceros excluidos: aquello que es blanco no puede al tiempo ser negro. Así lo plantea la lógica clásica y lo entendió el marxismo ortodoxo, en la puja entre la infraestructura y la superestructura social, en la famosa lucha de clases. Eso hace temer para este caso una oposición sin solución de continuidad, como ocurre en el conflicto irredimible que concibió Marx entre los dispares sociales. Sin embargo, en lo teórico, no todo está perdido y una clase o una opción de género no tiene por qué imponerse sobre la otra, menos de manera ríspida. La solución está en el saber popular, no en la epistemología, y de manera puntual en la noción del macho probado”.  

Esta posibilidad exigiría una alternativa hipotética superadora, a la manera de Charles Peirce; es decir, se debería plantear una hipótesis abductiva, por encima de los supuestos descriptivos o explicativos impugnadores. La noción del “macho probado” dice de alguien que en su temprana juventud tuvo una experiencia homosexual espontánea, no buscada ni provocada. El que tropezó y su compañero de circunstancias se quedaron con dudas: ¿les agradó o no les agradó la experiencia?; ante lo esquivo de la respuesta se buscaron para provocar otro encuentro similar y salir del dilema. Hoy ya maduros, los que fueron jóvenes alguna vez reiteran cada tanto el encuentro en búsqueda de la anhela respuesta: ¿les gusta o no la opción de género heterodoxa?; la verificación permanente y circular -algo así como de anillo- al igual que en cualquier proceso científico, algún día quizá halle una respuesta adecuada para la opción de género. En el entretanto los muchachos del escándalo en el Centro Andino de Bogotá no tendrían derechos por encima ni por debajo de los demás -lo segundo es un decir- pues serían eventualmente machos probados, y la indecisión en la experiencia reiterada así podría demostrarlo (aresprensa).

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Actualizado: lunes 22 abril 2019 17:04
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