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SOCIEDADES AVANZADAS FRENAN LA MIGRACIÓN ILEGAL

Publicado el 20 de septiembre de 2010 / 20.50 hora de Bogotá D.C.

SOCIEDADES AVANZADAS FRENAN LA MIGRACIÓN ILEGAL 

Los sucesos de Arizona se agudizarán y se repetirán no sólo en los Estados Unidos sino como tendencia en la mayor parte de los países desarrollados. El freno a la inmigración ilegal y no calificada crecerá sin respeto a la diferencia y en contradicción con principios básicos de la cultura occidental, tal como son el libre tránsito de personas y la protección a los derechos fundamentales. Lo que está en riesgo con la presión migratoria es la seguridad de los estados y la prevención frente al terrorismo internacional y el choque cultural. 

Escribe: Enrique MILLÁN* 

Se calienta el debate generalizado sobre el incontenible flujo de ilegales desde lo que se llamó el Tercer Mundo hacia los países desarrollados. Se violan leyes y principios de todos lados y el sentimiento de protección hacia los que aparecen como más vulnerables no es suficiente para abarcar la complejidad del problema que no es localizado sino, debe decirse, universal.  

El estado norteamericano de Arizona fue el primero en dar la voz de alarma y de poner en funcionamiento un conjunto de leyes para evitar que lleguen personas cuyos perfiles laborales no son, en el mejor de los casos, los más apropiados para dar el salto desde unas sociedades rurales y a menudo primitivas, hacia otras que hace tiempo se encuentran en lo que de manera metafórica llamamos el siglo XXI. 

 

AFRICANOS: CARGA HISTÓRICA, CULTURAL, MORAL Y ECONÓMICA

 

Para iniciar con una referencia, debe señalarse que esos ilegales que han sido motivo de polémica en fecha reciente en los Estados Unidos, no conocen la lengua inglesa, como habilidad elemental para defenderse en esa sociedad. Muchos de ellos han vivido, cuando logran superar de manera marginal las normas de inmigración, a la sombra del sistema legal anglosajón. 

En ese marco en gris e incluso en negro, se convierten en una carga que poco o nada le aporta al entorno donde llegan. Allí incorporan atavismos culturales que van en contravía de sociedades profundamente religiosas en las que el respeto a la ley es eje de convivencia. En esas condiciones la frontera con México se ha convertido en un campo de batalla simbólico y de tráfico de carteles que, de hecho, generan una situación de marcada inestabilidad. Esto pone en riesgo la seguridad del Estado a ambos lados del límite entre los países involucrados.  

En esa línea de criterios puede señalarse que esa zona entre México y los Estados Unidos tiene características análogas a las que existen en Israel y los estados árabes, con sectores hostiles que para el caso mexicano son las organizaciones dedicadas al tráfico de alucinógenos y en el Medio Oriente son grupos asociados al terror, como Hamas, que controlan hombres, zonas y territorios. Era de suponerse que sectores de los Estados Unidos y sus autoridades federales o locales le iban a poner limitaciones concretas a la inmigración tercermundista. 

Lo ocurrido en Arizona recientemente se repetirá y no es demasiado diferente a lo que ocurre en Francia con los inmigrantes de credo musulmán y de sus antiguas colonias africanas. Parte de ellos, agrupados en asociaciones concretas o de manera individual o de gregarismo espontáneo y de sangre, que pretenden imponer sus costumbres de manera desafiante, incluso violentando normas elementales de civismo y respeto construidas durante siglos por Occidente.  

 

MIGRANTES EN ARIZONA: LA CRISIS SE MANTIENE

 

Las asociaciones terroristas del fundamentalismo musulmán al igual que los narcocarteles de la frontera mexicana son grupos violentos e impugnadores de órdenes de convivencia que hacen intolerable su presencia en cualquier territorio y requieren de persecución cuando están infiltrados en cualquier sociedad civilizada. En esas condiciones la represión es inevitable, sobre todo cuando desde la memoria llega el recuerdo del control a los grupos mafiosos de origen siciliano que se entronizaron en algunas de las principales ciudades de los Estados Unidos, en las primeras décadas del siglo XX.  

Los crímenes que se suceden en México y la persecución del Estado mexicano a sus criminales agrupados en carteles que operan incluso más allá del territorio azteca, obliga a prevenir la conformación de "santuarios" más allá de Tijuana y El Paso. Algo debe enseñar la historia trágica para que no se repita.  

El desafío para la administración de Barack Obama es bien complejo. De hecho, las condiciones de contexto no favorecen sus políticas laxas con fenómenos que requieren de energía y liderazgo fuerte. Es previsible que el descontento político que crece hacia su mandato se convierta en un abierto desafío en estados como Florida, California, Texas y Nevada. El gobierno federal aparece ya no como tolerante sino como cómplice de una cierta falta de control a la inmigración ilegal. 

Las elecciones de noviembre pueden significar el punto más bajo y catastrófico para promesas inalcanzables de la gestión Obama. Pueden significar también una tendencia a la radicalización de la legislación sobre inmigración, tal como parece ser la política vigente aunque no explícita en el Reino Unido, Francia y otros países de la comunidad europea (aresprensa.com). 

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*Enrique Millán es editor adjunto de la Agencia de Prensa ARES.

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CRÉDITOS FOTOGRÁFICOS: tribunalatina / sdpnoticias / tribunaabierta

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Enrique MILLÁN

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