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SUDÁFRICA 2010: GANANCIAS POLÍTICAS DE AMÉRICA LATINA

Publicado el 03 de junio de 2010 / 6.56 hora de Bogotá D.C.

SUDÁFRICA 2010: GANANCIAS POLÍTICAS DE AMÉRICA LATINA 

No cabe duda que la participación en un Mundial deja un remanente de beneficio político para el país que participa en la justa universal. La exposición mediática, la demostración deportiva y la posibilidad de exponer aquello que genera el país participante, tienen un impacto simbólico que se traduce en utilidad política. Chile y Uruguay son dos casos que permitirán darle mayor relieve a la buena marcha del proceso de consolidación de sus democracias. Honduras y México podrán mostrar, en el primer caso, que el traspié institucional del 2009 fue eso: un tropiezo, y que su pueblo -representado por el equipo en competencia- tiene fortaleza para salir adelante. Los aztecas, de forma implícita, podrán decir a través de sus jugadores que son capaces de sobreponerse a la violencia y que las bandas criminales son una minoría que no podrá devastar al país. Brasil por su lado, tratará de demostrar que tiene merecimientos para haber sido designado sede del próximo Mundial y de los Olímpicos 2016, en Río de Janeiro.  

El Paraguay del presidente Fernado Lugo está en condiciones de manifestar que su condición de bisagra y país mediador entre los grandes del Mercosur se cumple tal como lo hace en igual condición, el Uruguay del presidente José "Pepe" Mujica. Ambos países llamados en su momento "estados tapón", entre Brasil y la Argentina, tienen parte de su razón de ser en evitar que las tensiones históricas entre sus poderosos vecinos deriven en otros caminos diferentes a los de la conjunción de intereses. 

También en lo futbolístico los pequeños estados de la Cuenca del Plata han hecho diferencias con sus grandes vecinos. Los estilos de juego tradicionales de Paraguay y Uruguay son bien diversos frente a lo que muestran sus rivales cercanos. Fortaleza en ambos, buenas defensas y ataques que para los uruguayos significan buen manejo de pelota quieta y punzante paso entre defensores. Para los paraguayos, el juego por elevación y media distancia es lo más temible de sus vanguardias.  

Los presidentes actuales de ambos países tienen cercanías ideológicas, pero distancias frente a sus pares de Bolivia y de Venezuela. Sin embargo, están cercanos a las direcciones de Estado de Brasil y la Argentina. La presencia en Sudáfrica de las selecciones de uruguayos y paraguayos engrandece a las sociedades que representan, mientras las expresiones políticas de coyuntura para ambos están sujetas a observación más atentas desde los grandes poderes del mundo. 

Uruguay ha mostrado a una izquierda en el gobierno con intachable conducta democrática y a un veterano presidente en ejercicio con pasado guerrillero, pero consciente de que el momento histórico no deja espacio para juegos juveniles, con cabeza caliente. Su vecino y hermano carnal, la Argentina de los Kirchner, muestra en cambio una cara diferente.  

La parábola política del matrimonio en el poder en Buenos Aires parece no haber adecuado sus tiempos mentales a las diferencias entre la década de los años 70 y el siglo XXI, en lo que hace a remozamiento de imaginarios ideológicos. Sus peleas con las demás instituciones del país dejan poco espacio para pensar en la madurez política de la pareja gobernante y con frecuencia las decisiones del actual gobierno argentino se acercan a los criterios de los denostados países bananeros. Quizá la cercanía con las provocaciones de Caracas hacia el mundo hayan calado hondo en la mentalidad patagónica de los Kirchner.  

Por eso, tampoco debe extrañar la errática y pugnaz conducta del director técnico de la selección de fútbol de ese país, don Diego Maradona. El hecho de que por debajo de la mesa se haya permitido el viaje a Sudáfrica de integrantes de las impresentables "barras bravas" argentinas, pinta un fresco integral de la simetría entre procesos políticos y deportivos de los argentinos. El espíritu de pendencia del venezolano Hugo Chávez hace metástasis en el matrimonio Kirchner, luego se traslada por carácter transitivo a la dirigencia del fútbol argentino y de su orientador técnico. O al revés, aunque para el caso la ecuación da el mismo resultado. Es coherente y está blindada en su coherencia. 

Una relación coherente y de riesgo para cualquier imagen internacional, porque dista de ser positiva. Esa es una expresión tercermundista que el conjunto social señalado se encarga de reafirmar. La imagen del fútbol, en la perspectiva que ensayamos, es la misma del país que representa.  

Es la de Argentina una selección que antes de pararse en el terreno de juego, acumula pérdidas. De eso no son responsables los jugadores que pondrán su talento y garra en las jornadas del Mundial. No, es todo lo que está detrás de ellos.  

Por el contrario Chile y Uruguay, los vecinos de la otrora poderosa Argentina, muestran procesos políticos no cuestionados por su propias sociedades y por eso también sus selecciones tienen menos trazas de interpelación que las que muestra sus cercanos inmediatos. Diferente también de la traumatizada Honduras, cuya solidez estructurada por el colombiano Reinaldo Rueda tratará de mostrar una imagen distinta del aislamiento que pretenden montarle al país centroamericano sus colegas gobernados por operadores del llamado Foro de São Paulo. 

Para México, una buena presentación en este Mundial de Sudáfrica será una forma de abrevar en un espacio de pasión y al tiempo de calma distinta frente al drama de la violencia provocada por la industria del narcotráfico, la cual ya se aproxima a la imagen que proyectó Colombia durante los últimos 30 años. Algo necesario para un país demasiado importante en el imaginario de los latinoamericanos y que tiene una historia de la cual el resto del Continente toma referencias para sus propios procesos. 

En este panorama Brasil tiene peso específico propio y lo que obtenga, aun si no triunfase en una final o no llegase a ésta, trae como carga positiva el hecho de que va a ser sede inmediata tanto del Mundial 2014 como de las Olimpiadas 2016. Todo este conjunto le aporta prestigio a la gestión del saliente presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien ha luchado por hacer ganar a su país posiciones, en la búsqueda de poder ser reconocido como potencia mundial (aresprensa.com).

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