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TIEMPO DE DEFINICIONES II

Publicado el 31 de marzo de 2017 / 10.30 horas, en Bogotá D.C.

TIEMPO DE DEFINICIONES II

En la primera vuelta de página de este marzo de 2017, Argentina y Colombia lograron un angustioso empate que compartieron un resultado curioso en los partidos de los extremos geográficos de Sudamérica: Buenos Aires y Barranquilla. Angustioso porque pocos quedaron contentos con la marca obtenida por las dos escuadras y así la sensación final fue agridulce. Ganaron sí y permanecieron de manera provisional en la inquietante media tabla, pero quedaron tantas dudas sobre el verdadero estado de cosas de los dos contendientes que para las hinchadas tanto colombiana como argentina nada estaba claro hacia el inmediato futuro y ese momento quedó ahí, a la vuelta de la esquina. Los dos tenían en la segunda vuelta de página compromisos en la altura y tanto colombianos como argentinos la han tenido difícil siempre en la cercanía con las estrellas que obligan La Paz y Quito. El golpe real del desequilibrio para unos y otros llegó en el segundo paso en el que ambos tomaron distancias  entre sí, uno hacia abajo y otro por encima. Los beneficiados por su propia obra fueron los cafeteros  en tanto que los condenados fueron los del Río de la Plata.

Las otras alternativas de esas dos páginas fue historia repetida. Una doble victoria contundente de un Brasil que ya clasificó, sobre sus dos vecinos “tapones” de la tabla: Uruguay, nada menos, y el Paraguay que venía de imponerse sobre un magullado Ecuador. Este último debió soportar un segundo golpe consecutivo esta vez en su propia guarida del centro del mundo, esa que siempre le da seguridad. Hubo entre ambas secuencias una sorprendente levantada efímera de los guaraníes que, se suponía, seguían de capa caída, hundidos y en hipótesis de manera definitiva para esta Eliminatoria. Muy poco más para definir en ese límite curioso de la media tabla en la secuencia 13,  quedando las definiciones pendientes hasta la otra vuelta de página en la inmediata semana posterior.  Esto porque salvo lo hecho por la selección brasileña, las deudas acumuladas por los restantes equipos fueron protuberantes y la amargura de los resultados fue superior a la que dejaron los encuentros en las canchas de Barranquilla y Buenos Aires.  

Pero antes de fijar la atención en el segundo escalón de estos encuentros de marzo era necesario mirar ese llamativo doble destino que desnudó las debilidades  continuadas de la Argentina y la impotencia también continuada hasta el escalón 14, de la selección colombiana para vulnerar la valla contraria.  Antes de emprender su viaje a La Paz, el orientador del conjunto albiceleste  hizo una declaración delirante: el partido en el que fue doblegado Chile por un gol de penal inexistente, había sido extraordinario para los vencedores y nada quedaba por agregar al respecto. Pero lo cierto  es que los dirigidos por Bauza pudieron haber perdido su compromiso en casa ante los trasandinos, si el árbitro no hubiese incidido en el resultado del partido. La Argentina jugó a nada, ni siquiera a tratar de no perder. De  alguna manera, aunque similar en los resultados, la situación de los colombianos fue diferente ante sus rivales.

Los bolivianos en Barranquilla se limitaron a tratar de no perder por un amplio margen y bloquearon el asedio cafetero. Si los del altiplano hubiesen conseguido el empate en el duelo barranquillero, hubiesen subido más fuertes a su patio, pero lo hecho  ante Colombia fue suficiente para enfrentar a una Argentina que pareció más desvalida como consecuencia de la atonía y desorientación mostradas en el juego de la capital argentina y la ausencia sorpresiva y por sanción de Lionel Messi. El mal argentino parece por ahora irremediable para el inmediato futuro y no pocos arriesgan la idea de que si el subcampeón del mundo llega a clasificar, poco tiene para mostrar en Rusia. Está claro que mucho se puede cambiar de un partido a otro y  que la constelación de astros que agrupa la selección de ese país bien podía dar sorpresas en cualquier momento y las dio pero hacia el infortunio propio.

El resultado en La Paz no mejoró las perspectivas de una Bolivia ya desahuciada, pero terminó de poner en blanco y negro las aspiraciones de sus rivales, los sacó hacia abajo de la mitad de la tabla en condición temporal de repechaje y se mantiene la sensación de que la dirección técnica  de esos jugadores no está a la altura y nivel internacional de los mismos. Se repitió el libreto de lo ocurrido en Buenos Aires en la semana anterior y la indefinición, desazón y falta de testosterona para parar la ofensiva altoperuana hizo pagar un alto precio a la selección albiceleste de Edgardo Bauza. Un entrenador que pareciera un corcho en la tormenta, aunque muestra fortaleza suicida en las declaraciones y asegura que no todo está perdido por haber quedado de manera precaria en zona externa de clasificación y él mismo con un cuestionamiento que nada bueno deja para el tiempo cercano.

Lo que le queda a la Argentina por delante es una marcada cuesta para aspirar a clasificar: debe enfrentar en agosto y en Montevideo a un Uruguay lastimado y a un Ecuador -en graves problemas pero con aspiraciones vigentes- en Quito y en la última jornada de noviembre. La ratificación de Bauza sólo pronostica la continuidad de un andar errático para un orientador fallido en lo que hace a su obligación de  orientar e imponer autoridad a un grupo de jugadores que pareciera no creer en su conducción. Ese grupo más allá de sus intereses individuales muestra además la eventual existencia una “interna” propia y excluyente que la fractura. Eso tiene como inferencia el caminar ante las defensas de sus rivales en lugar de imponer la fortaleza suficiente como para vulnerar las vallas. La salida de Lionel Messi de al menos una parte de los partidos que quedan, es otro elemento de inquietud para los rioplatenses que no atinan a despabilarse ante la inminencia de un probable desastre anunciado.

La aparente normalización de la Afa no es suficiente para variar el destino de un equipo al garete, con la carga de una eventual ratificación de Bauza, aun cuando hoy por hoy este D.T. camine sobre un hilo delgado y débil. En sentido inverso, la sensación de tranquilidad relativa envuelve a la Selección Colombia y a su conducción técnica. José Néstor Pékerman movió los hilos estratégicos y galvanizó a sus muchachos con el trabajo de vestuario y concentración, tanto como para disolver el planteamiento en el campo de su rival. El resultado fue contundente y el triunfo lapidario, ante un aspirante como Ecuador que es candidato natural para la clasificación zonal. También, y como lo hizo Bolivia con Bauza, los cafeteros pusieron entre paréntesis la continuidad del estratega Gustavo Quinteros. Detrás de Ecuador y de la Argentina también Perú y Paraguay mantienen las esperanzas. Para estas dos selecciones el camino a la clasificación sigue abierto y con perspectivas no canceladas de sumarse al cuarteto que tendrá en noviembre el derecho directo de un pasaje a Rusia 2018 (aresprensa). 

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