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TINTORETTO, EL REBELDE

PATRIMONIOS CULTURALES  // CINE  //  ARTES VISUALES  //  Publicado el 18 de julio de 2019  //  12.00 horas, en Bogotá D.C.

 

TINTORETTO, EL REBELDE

 

Aunque en su época el reconocimiento tanto al talento como al mérito era escaso y había que luchar tanto o más que en otros tiempos futuros, él debió pujar con mayor ingenio que los otros, sus adversarios. Esto porque tenía la virtud negativa de unir con más fuerza que los restantes a sus múltiples contradictores de época. La rebeldía en momentos en que el sometimiento y la resignación era la mejor receta para transitar por la vida, a él le permitió asomar la cabeza  y pasar a la posteridad después de ser reconocido en su propio tiempo. NI siquiera la mortalidad que dejaban las enfermedades en aquel tiempo, con memoria de la peste que asoló a Europa antes del Renacimiento, pudieron contra él. Sobrevivió a todo, incluso a esa plaga que golpeó a Venecia y se llevó a buena parte de sus habitantes, entre los años 1575 y 1577. Ese fue Tintoretto y ahora una película  lo recuerda, al cumplirse medio milenio de su nacimiento. La película se presenta en 60 países, incluida Colombia.

 

El artista vivió en  la Venecia renacentista entre 1519 y la ultima década de ese siglo que tuvo a Italia como faro del arte, además del comercio y el empoderamiento de una iglesia romana que, sin embargo, no pudo impedir la rebelión religiosa  y de concepción del mundo conocida como la Reforma Protestante. La que incidió en el norte europeo distante de la cultura latina mediterránea. Fue también el tiempo en que desde España y Portugal se avanzaba sobre el nuevo mundo, hacía poco vinculad con la pretensión universalista del cristianismo y de la idea de que lo único civilizado y verdadero residía en ese espacio del planeta llamado Europa. Tintoretto nunca salió de su ciudad natal pero su contacto con el mundo fue amplio porque por entonces hacia Venecia convergía una parte importante de las relaciones con visiones bien diferenciadas, como por ejemplo la de Medio Oriente y a través de esta la del otro lado  mundo. Era Venecia para la época el gran centro financiero regional y de encuentro de culturas.

Hijo de un tintorero de la ciudad, de allí el apelativo con que pasó a la historia y con el que fue conocido en toda su vida personal y artística, tuvo un nexo temprano con las artes plásticas pues sus progenitores vieron  su  potencial desde muy temprano. Si bien la factoría del padre le permitía un vínculo indirecto con quienes estaban en condiciones de acogerlo y enseñarle su camino por el mundo de la creación, fue para él nada fácil dar los primeros pasos. Su temperamento impugnador de los rangos sociales y de autoridad establecidos, en una sociedad estamental y de tradiciones arraigadas  en tal sentido, le generaron  inquinas y el cierre de oportunidades aun antes de que llegasen los  elogios y la aceptación parcial de su entorno y de sus colegas. Esas circunstancias también le generarían dificultades para el ingreso a las cofradías de artistas que eran centro de poder y reconocimiento social, y sin las cuales la condena junto con la marginalidad social quedaban aseguradas.

Compitió con Tiziano y el Veronese por el apoyo a su arte, el cual debía disputarse antes los mecenas pues lo contrario significaba aislarse en la pobreza  y el hambre. Una burguesía que no era otra que el mismo poder político y económico de la rica ciudad orgullo de Italia, pero que competía en preeminencia, como lo hacían los hombres, con los otros centros de relieve en la Italia renacentista. Fue en los duros tiempos de  la plaga que Tintoretto elaboró lo mejor de su prolífica  obra: los monumentales cuadros de la Scuola di San Rocco. Ese fue el centro icónico del poder de las mencionadas cofradías. Su búsqueda incansable y  necesaria de la admisión en esos grupos de influencia ineludible fue uno de sus mayores desafíos en la madurez de su vida, cuando ya no era posible mellar su fama. No obstante, seguía siendo criticado por los recursos poco ortodoxos utilizados para hacer esguinces a las maniobras de los rivales, quienes pretendían alcanzar idénticos alturas, al tiempo que doblegar y marginar los esfuerzos de Tintoretto.  

  

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El artista cubrió  con sus lienzos -mas de 50- todas las superficies posibles del magno edificio de la cofradía y de la iglesia contigua, en tiempos en que ni siquiera Miguel Ángel había podido hacerlo con el encargo de la Capilla Sixtina.  Pero mucho antes de  ese tiempo culminante en el que  hubo abundancia de trabajo y tranquilidad económica, este artista  cuyo nombre de pila era Giacopo Robusti -aunque su apellido real fue Comin- había regado sus pinturas por toda  Venecia. En ese tránsito también fue conocido por otro apelativo que hacía gráfico su temperamento: “Il Furioso”. Considerado un precursor del barroco que siguió a las escuelas clásicas del Renacimiento, también ha sido considerado un exponente derivado del manierismo. Tuvo en Tiziano a uno  de sus pocos maestros, pero debe ser considerado un genial autodidacta, desde que se alejó de quien le dio sus primeros trazos pedagógicos para el buen arte.

Aunque debe advertirse que mantuvo con aquel una abierta pugnacidad que jamás se atenuó, aun cuando ambos se respetaban, en especial por parte del desafiante hacia quien fue su orientador inicial. Tintoretto nunca dejó de admirar a Tiziano y de hacer público ese respeto que se aprecia también en la influencia que ejerció en su propio trabajo, sobre todo en los primeros. Después siguió un estilo propio que en definitiva fue el que lo consagró. El manejo de la luz, los claroscuros y cierto trazo alternativo ante las tendencias de la época fue lo que distinguió su línea pictórica. Si  bien lo hecho en San Rocco es emblemático, antes de llegar a esa punta debe destacarse lo hecho para las paredes y techos de la Escuela de San Marcos, que marcaron el final de sus años de pobreza y de regalar su trabajo. Antes de aquel momento aparecen los  tres cuadros de la iglesia de Santa María del Huerto o las realizadas para los templos del Carmen y San Benedetto.

Es esa es una descripción somera de lo que se conserva, pues mucha obra de ese primer tiempo se perdió, algunas en incendios de los sitios donde se encontraban. El filme que se verá en Colombia desde hoy 18 de julio hasta el 21 ha sido una realización de la productora italiana Melania Mazzuco, para conmemorar el quinto centenario del nacimiento del pintor. La cámara fílmica y el relato recorren el Palacio Ducal -también un espacio donde el artista plasmó parte de su obra- San Rocco y el propio estudio en  la  casa del creador, entre otros. Es un despliegue cinematográfico sobre más de 20 obras, 50 dibujos y  objetos distintos que sirvieron de apoyo creativo al autor renacentista. La narración que acompaña a la cámara es responsabilidad de Helena Boham Carter ( “El Discurso del rey”, “Charlie” y “La Fábrica de chocolate”). En el relato se hace  un recorrido por los sitios destacados de la ciudad donde Tintoretto plasmó su obra, complementado con entrevistas a expertos, historiadores y restauradores. La película será vista en 21 ciudades colombianas, incluida la capital del país (aresprensa).       

Actualizado: jueves 18 julio 2019 12:48
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