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TRAGEDIA DEL SUBMARINO

Publicado el 24 de noviembre de 2017 // 14.30, en Bogotá D.C.

TRAGEDIA DEL SUBMARINO ARGENTINO

Ya se sabe sin dudas posibles que el submarino “ARA San Juan” está en el fondo del mar y que una o dos explosiones de origen desconocido, aunque con suspicacias al respecto, acabaron con su navegación cuando se dirigía con fallas hacia su base en Mar del Plata. Cualquiera que sea el nivel de las esperanzas en contrario lo más probable es que los 44 tripulantes hayan perdido la vida de manera instantánea en la implosión. En el momento de ocurrir el hecho infausto que interrumpió el derrotero de la nave de guerra, esta se encontraba en inmersión  bordeando o dentro de la zona de exclusión impuesta por Gran Bretaña durante el enfrentamiento por las islas Malvinas, en 1982. Gran Bretaña mantiene la restricción militar en ese sector y el buque se desplazaba sumergido pues las condiciones meteorológicas en superficie no permitían la navegación a la vista. No son nuevas estas situaciones, graves todas ellas, que sufren las disminuidas fuerzas armadas argentinas en los últimos años, en especial su marina de guerra, tan poderosa en tiempos no tan lejanos.

Escribe: Néstor DÍAZ VIDELA

Hace cuatro años se hundió en su apostadero de Puerto Belgrano el famoso Santísima Trinidad, que como destructor misilístico participó en el conflicto de Malvinas. Un año antes y durante el gobierno de Cristina Fernández fue embargada por deudas de estado impagas la fragata Libertad, en un puerto africano. Allí quedó retenida por varias semanas con la dotación de cadetes, argentinos y extranjeros, que se graduaban de guardiamarinas y hacían su viaje de estudios finales como nuevos oficiales de la Armada. Esto último no fue un accidente sino un hecho bochornoso para el Estado, el gobierno de la época y el país. También es necesario hacer referencia a la salida de servicio hace diez años del rompehielos Almirante Irízar, recién reincorporado a operaciones en este año. La nave, que tiene el encargo insoslayable de abastecer al personal de las bases que las diferentes fuerzas armadas tienen en el sector antártico que reclama la Argentina, quedó fuera de servicio por falta de mantenimiento oportuno.

Antes, mucho antes, al finalizar la década de los 90, la Armada había perdido su portaviones 25 de Mayo y nunca más volvió la Argentina a tener un buque semejante. Ahora se pierde uno de los submarinos de su reducida flotilla de sumergibles y de los más modernos de la fuerza naval -es un decir- apenas con recursos viables a su disposición -algo más de 30 años de uso- que reemplazaba aquel que se perdió con Gran Bretaña en 1982 *, apenas iniciado el conflicto en el Atlántico sur. Argentina cuenta con una flotilla de apenas 4 submarinos y de ellos sólo estaba en operaciones el “ARA San Juan”, los otros no estaban en condiciones de navegabilidad puesto que la marina como las demás fuerzas argentinas están literalmente en ruinas, luego del desmantelamiento  continuado que la clase política del país llevó adelante durante los últimos 30 años. La capacidad de prevención y disuasión de los cuerpos armados argentinos en lo que hace a su seguridad establecida por la Constitución se encuentran “en esqueleto”, tal como se decía en el lenguaje militar del siglo XIX.       

Eso no es lo único, en la actualidad el presidente argentino no puede volar con aviones propios del Estado y a cargo del personal militar del país porque los pilotos de la fuerza aérea no tienen entrenamientto suficiente que los habilite para volar. Esto por la sencilla razón de que la Argentina carece de aviones militares indispensables como para que sus aviadores acrediten las horas de vuelo necesarias que exigen las normas internacionales. En otras palabras, la Argentina no tiene fuerza aérea en condiciones de  defender el país ni siquiera para operaciones tácticas básicas, como por ejemplo el controlar y neutralizar vuelos clandestinos de narcotraficantes en las ahora porosas fronteras, carentes de vigilancia calificada y sin el apoyo tecnológico mínimo y básico. Durante el periodo de  democracia iniciado en 1983 las distintas administraciones, por decisión política inocultable han estado dejando en condiciones de deterioro irreversible la capacidad defensiva del país por el desmantelamiento programado y serial de sus fuerzas armadas.

Ha sido una operacion de largo plazo suicida para esa sociedad, a conciencia y con sevicia, alentada por sectores de evocacion subversiva, incluso encaramados en los resortes del Estado y con respaldo de votos. Eso ocurrió, por ejemplo, durante la gestion de Cristina Fernandez quien impuso incluso a una cabecilla subversiva de los años 70, Nilda Garré -comandante del aniquilado movimiento Montoneros- al frente del ministerio de Defensa. Así, la inflexión de la capacidad defensiva argentina fue acompañada y aumentada por esa humillación, una más, inferida a las entidades armadas, ahora casi desarmadas. Lo de Nilda Garré fue apenas un botón de muestra. A eso debe sumarse lo derivado durante los sonoros juicios históricos por las consecuencias de la lucha antisubversiva de los años 70, la cual se prolongó hasta inicios de la década de los 80. En esa etapa final, ya aniquilada la subversión y con el alto costo institucional además del emocional y de impugnación que dejó esa confrontacion, se produjo el choque bélico con Gran Bretaña.

A partir de ese momento, con la derrota de las armas argentinas por la recuperación del archipiélago y con el retorno a la democracia comenzó a funcionar el aparato  de la venganza autodestructiva, inconmensurable e increíble, que produjo el desguace de la capacidad preventiva y de defensa del país ante el riego nunca debelado de agresión externa y seguridad interior. Uno de los pasos en reversa fue la interrupción del servicio militar obligatorio, pero no fue el único. Tanto Carlos Menem como Raúl Alfonsín hicieron lo necesario y suficiente para iniciar la desestabilización de las instituciones militares, aunque no deben desconocerse las dificultades del segundo, Alfonsín, para dar curso a la naciente democracia. Empero, ambos mandatarios no solo iniciaron la reducción las posibilidades estratégicas de las fuerzas sino que abortaron desarrollos estratégicos generando cambios paralizantes en los desarrollos balísticos y nucleares que antes habían comprometido durante varias décadas a los científicos y técnicos tanto militares como civiles e instituciones académicas del país.

Dentro de esa contabilidad negra debe sumarse el hecho de haberse desechado en tiempos recientes la construcción de al menos 4 submarinos con tecnología y elementos de factura nacional que ya estaban en proceso de inicio de fabricación. Ahora, con la pérdida del “ARA San Juan” -un sumergible de construcción alemana- Argentina avanza en su proceso de disolución terminal de sus posibilidades de defensa. Hace un tiempo y en momentos de un litigio pasajero con el vecino Uruguay la legisladora Elisa Carrió advirtió que el país tenía apenas parque -munición básica- para “un día de conflicto”.  El cuadro dramático se muestra descarnado con el incidente del submarino, con averías y en misión de patrullaje, perdido cuando su derrotero era hacia la base madre en Mar del Plata. La nave había sido sometida a reparación integral hace apenas dos años y eso le agrega al oscuro panorama, pues pone de relieve con compás de tragedia que los marinos argentinos al igual que sus camaradas de las otras armas cumplen su servicio al país con el esfuerzo de las uñas.

Se comprueba además, en lo que hace a los equipos, que en buena medida están obsoletos y “atados con alambres”. En tanto que quienes los sirven se mantienen en misiones de alto riesgo sólo en funcionamiento con el sacrificio anunciado de las mujeres y hombres que los operan aun estando desuetos los elementos disponibles y con escasas posibilidades de sobrevivir en caso de emergencias, como la sufrida ahora por el “ARA San Juan”. Es ese el reclamo de los familiares del submarino perdido, tal como le ha sido planteado al presidente Mauricio Macri durante la reunión que mantuvo con ellos el mandatario, en las horas previas al anuncio que mermó las esperanzas. Todo esto porque tambien quedó en evidencia la falta de elementos que tiene la Argentina, incluso en relación con sus vecinos inmediatos, para atender situaciones previsibles como las que sufre de nuevo y por enésima vez la armada argentina y también las otras fuerzas. Nada podría evitar la profundización de la debacle a la vista si no se toma en serio una política de Estado frente a la defensa de ese país.

No hacerlo pone en peligro la seguridad de toda la región puesto que la Argentina sin capacidad de defensa convierte a la zona del Atlántico sur en condiciones de inestabilida frente a amenazas por fuera del continente, como por ejemplo la del terrorismo, entre otras vigentes o potenciales.  Debe recordarse que la guerra que llevan adelante en el mundo facciones del islam ya han hecho víctima de su accionar a  la Argentina y todo  indica que la presencia de esas posiciones creden en amenaza, a partir del fortalecimiento relativo del chavismo en Venezuela y de su gobierno paria. Tampoco han desaparecido otras amenazas geopolíticas que se ciernen sobre la región y ello obliga a la existencia, fortalecimiento y modernización permanente de una buena inteligencia de Estado y mejores fuerzas armadas de los países de la región. El mal ejemplo de la Argentina al respecto no puede llevar a otras sociedades a la pérdida del rumbo al respecto, tal como pareciera que está sucediendo en Colombia, después de los acuerdos con el grupo armado Farc.  

La desaprención irresponsable de los diferentes gobiernos argentinos durante las tres décadas largas de democrcia, frente a sus instituciones armadas, tiene otro ingrediente de gran peligro para todos. Ese país tiene una alta capacidad en el manejo de materiales nucleares. Además de las tres centrales en funcionamiento tiene otros centros de proceso con esos elementos para un total de 20 en toda república. Entre otros, las plantas de agua pesada y de enriquecimiento de uranio, ambas en la provincia de Río Negro. Es impensable la vigencia de una nación sin defensa y con esas condiciones  de producción y desarrollo tecnológico sobre materiales de alto riesgo, que se prestan para las ambiciones de cualquier plan tenebroso. Aunque también ha sido irresponsable, por decir lo menos, el tener a un 30 por ciento de la población bajo la línea de pobreza o haber permitido que el narcotráfico se asiente con señorío y complicidades inaceptables de tipo político y corrupción generalizada, incluido en un sector de las fuerzas de seguridad  y policiales activas de esa nación. Las medidas de fondo ya no dan espera, aunque ya es tarde para hacer correcciones profundas que al menos eviten tragedias como la del submarino  perdido (aresprensa).

VÍNCULOS DIRECTOSRUSIA, UN SIGLO DESPUÉS // ¿CATALUÑA INSENSATA? II 

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* Se trata del “ARA Santa Fe”, hundido frente a Grytviken en las islas Georgias del Sur, en abril de 1982.            
Actualizado: viernes 24 noviembre 2017 14:30
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