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"TRUMAN" ES UN PERRO

Publicado el 21 diciembre de 2015 / 09.50 horas, en Bogotá D.C.

TRUMAN” ES UN PERRO  

El adagio, tan viejo como repetido, señala que el perro es un gran amigo, al menos parece ser el más confiable que puede tener un hombre. Ese propósito lo repite en el cine el director catalán Cesc Gay. El animalito de referencia tiene nombre presidencial y también, si se quiere, de intelectual y escritor de relevancia: Truman. Si no hay información previa sobre el contenido de la película sería fácil caer en errores al respecto. El trabajo fílmico que se estrenará en Colombia en este diciembre deja un sabor a “…no sé qué…”, como dice el poema de Horacio Ferrer para la “Balada para un Loco” de Astor Piazzola.  Es una coproducción hispano-argentina que como asociación reiterada se renueva desde hace unas tres décadas y pudo hacer hasta hoy grandes películas a costos razonables, sin efectos especiales ni violencia y poco o nada de sexo. “Truman” es un buen testimonio al respecto. Hubo premios para este filme como el que se le otorgó este año en San Sebastián: una sencilla y secundaria Concha de Plata, que algo dice sobre la trama de la obra en la que el perro, sin dejar de ser protagonista, relieva el trabajo de los dos principales actores, Ricardo Darín y Javier Cámara. Ahora, espera los resultados del Premio Goya que se conocerá en febrero del año que llega y para el que carga varias nominaciones.   

Escribe: Santiago Nemirovsky *

El eje de la obra es intercambio cotidiano entre un actor enfermo terminal y su amigo que llega para acompañarlo por unos días nada más, además de cooperar en los trámites de cierre o en lo que se pueda, de ese otro que se despide del mundo. Entre otras cosas, el amigo distante llega para ayudar a que el perro sea adoptado por alguien. Esa base que compone el relato para el espectador está cruzado por la sensación y el peligro constante de que la propuesta termine en la inevitable lágrima. A pesar de eso, la presencia de Ricardo Darín para los latinoamericanos y la de Javier Cámara para los europeos en general y los españoles en particular, son argumento suficiente para generar atracción hacia la taquilla.

Varias veces, mientras vi el preestreno, me pregunté si el actor principal y el director sabían que caían en la tentación y la trampa de volver a la trama maniquea que predispone al lloriqueo, al relatar el drama de ese enfermo que se esfuerza por representar de manera enfática su condición como víctima que se revictimiza y que también busca la compasión de los demás. Esto, incluso con los “tics” y el rechazo temperamental de lo que en verdad está buscando. Eso es lo común de la vida y también de ciertas historias estéticas, incluido el cine. Entonces, ¿para qué volver a lo mismo?

Otros entendemos que en lugar de la reiteración de esa historia bien se podría dejar paso a un relato más fresco para los tiempos que corren y que podría ser el de que no hay víctimas en ese destino cruel y definitivo, como parte de la vida, y que eso no genera deudas por cobrar a nadie.  Caminar por el filo de la navaja cuando se abordan esos temas tiene de complicado eso de caer en el lugar común, cuando la propuesta deja sin salidas posibles a todos y, en especial, al espectador. Un protagonista que piensa en todas las alternativas posibles para su situación, incluso la del suicidio, no plantea algo original que permita dar solución al nudo ciego del que no sale la historia

Ricardo Darín Javier Cámara Cesc Gay

                                                                                                        

Se supone que el tiempo del relato no es el que le queda de vida al protagonista sino el de la visita corta –apenas 4 días- del amigo visitante.  Es en parte por eso que no faltó quien sugiriese que la película debió llamarse “Días Contados”. Pero ese fue el título que allá por los años 90 tuvo una película española dirigida por Imanoel Uribe e interpretada por Carmelo Gómez, sobre un plan de atentado perpetrado por la famosa banda ETA, hoy en reflujo e implosión como alguna otra en América Latina. Eso del título fue una situación de mala fortuna por anticipación para las pretensiones del director catalán, que se contentó con el extraño nombre evocativo de la mascota, para ajustarlo a su obra.

Se supone que en América todo se le perdona a un actor como Darín, aunque incluso para él será mejor no exagerar al respecto y el aviso ya se dio con ese premio de plata y no de oro en San Sebastián, como presagio gris de lo que podría venir con los Goya. El pretexto del perro llamado “Truman” lleva a confusiones y es un atractor engañoso de las intenciones de la película. El animal de compañía para el enfermo es un justificativo que pretende respaldar las debilidades de la historia que gira sobre sí misma hasta el último instante del filme. Tanto es así que incluso, por momentos, no es posible determinar si es el animal el que acompaña al hombre en sus días postreros, o al revés.  

Aunque también debe señalarse que hay cosas rescatables en el guión, como eso de enfatizar que incluso por encima de la familia suelen ser los amigos que llegan a la vida los seres más importantes para cualquiera, salvo aquellos familiares que al tiempo son también amigos leales.  El compartir sin pedir algo a cambio y sin reproches es lo propio de los buenos compañeros de ruta.  El conocido director Cesc Gay no solo es eso en este trabajo, también es uno de los dos autores del argumento criticado. Lo hizo en asocio con Tomás Aragay, su compañero habitual en este tipo de empeños y no es lo primero que realizan en letra para resaltar lo importante de la amistad. Acuden, como en este caso, a toques fellinescos en las historias en las que se mezclan el humor y lo absurdo (aresprensa).  

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* Especialista en cine y artes escénicas.  

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