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UN "TAXI" POR LA LIBERTAD

Publicado el 26 de abril de 2016 / 09.38 horas, en Bogotá D.C.

UN “TAXI” POR LA LIBERTAD

 

Acabo de ver esta deliciosa película que llegó de tierras persas, en la cual se mezcla la sabiduría milenaria con el fundamentalismo a ultranza. Este último como resabio que busca impedir a creadores de la talla de Jafar Panahi, que puedan recrear con total libertad su abundante caudal de ideas traducidas en ponderados filmes. Un creador mimado por la crítica, debido en parte a las condiciones tan difíciles que le ha impuesto el gobierno iraní para obstaculizar el que su obra sea vista, ya que no lleva los créditos que le confiere el ministerio de “no sé qué”, debido a que tampoco creo que una cartera de Educación tuviese el desatino de cortar las alas a un creador nato como lo es este iraní.

 

Escribe: Santiago NEMIROVSKY

 

Por una de esas cosas que nos tiene preparada la vida, Panahi filmó su obra con la ayuda de un par de cámaras muy sencillas y logró filtrar el material por las fronteras para hacerla llegar a la edición 65 del Festival de Berlín. Me conduelo con este creador, ya que el trabajo fílmico llegó para arrebatarle el Oso de Oro a sus competidores, en este festival de renombre mundial. Claro que él no es un desconocido en una muestra internacional del buen cine como el de la capital alemana.  Ya en ocasiones anteriores se había llevado de allí dos osos de plata y la Cámara de Oro.

Logró también el premio denominado “Una cierta Mirada” y la llamada Carroza de Oro del Festival Internacional de Cannes, en la Costa Azul. Este mianehs(nació en Mianeh, República Islámica de Irán) de 55 años, se hizo además acreedor al León de Oro del Festival Internacional de Cine de Venecia. Así, esta película con ese taxi que sirve de ambiente y escenario para filmar, es una radiografía de la vida cotidiana iraní que nos muestra, para empezar, una Teherán moderna con características interesantes de observar. Eso nos permite cambiar apreciaciones a priori y erradas, pues a partir de un Estado cuya política es el fundamentalismo exacerbado pasamos a suponer que el atraso debe arrasar en todas sus áreas y no es tan así.

Básicamente, el protagonista es el mismo Panahi quien hace las veces de chofer, como excusa para poder salir del aislamiento al que fue condenado por las autoridades. Se percibe de inmediato que no es un taxista propiamente dicho por su charla y el no querer cobrar su tarifa. Él, en cambio, pasa a ser un observador sistemático de las opiniones y las conductas de los personajes que se suben a su automóvil de alquiler y circunstancia. Permite en la trama que cada uno exprese lo que quiera y de la manera que mejor le guste, interviniendo sólo en algunos momentos y sin tomar partido por nadie.

Claro está que el espectador sí lo hace al observar la charla de un pasajero muy radicalizado en el tema de los robos y la forma de hacerlo en diálogo (algo sordo, pero dialogo en sí) con una maestra (muy humana) que no coincide con la aplicación de penas tan duras contra nadie. Lo que me fascina en lo personal, es el ver cómo con cuatro pesos, partidos por la mitad, logra una propuesta fresca, amena, agradable, fácil de seguir y esperanzadora. Nos muestra en síntesis que a pesar de una terrible censura un artista sigue siendo un artista y logra superar esas fronteras que son más mentales que otra cosa.

En suma, la libertad de expresión –aun si inmiscuirse en temas políticos o religiosos- se impone por encima de cualquier barrera. Si nos retrotraemos a su catálogo fílmico podemos encontrar de Panahi joyas tales como “El Globo blanco”, su primer largometraje del año 1995, que le hiciera acreedor de la Cámara de Oro de Cannes. Dos años después llegó “El Espejo”, que lo dejó con el Leopardo de Oro del Festival de Locarno en las manos. Claro que en 2000 la sacó del estadio con “El Círculo”, un fresco crítico del trato a la mujer en su Irán natal, eso incluye la falta de libertad como parte de la discriminación de género.

JAFAR PANAHI

Esa obra alcanzaría León de Oro de Venecia y el premio de la prensa FIPRESCI, en San Sebastián. Más tarde, “Sangre y Oro”, en 2003, le permitiría empatar con el afgano Siddiq Barmak por la Espiga de Oro de Valladolid. Ese filme también le permitió alcanzar el premio Especial del Jurado de Cannes, de la sección Un Certain Regard. Panahi tiene una manera de hacer cine que se acerca a una suerte de neorrealismo, pero al estilo persa. Sus obras se entrelazan mediante un conflicto entre la inmediatez del documental y una serie de normas estrictas con parámetros formales muy definidos, que se combinan con un fastidio notorio por las restricciones impuestas sobre la sociedad iraní.

Pone de manifiesto el humanismo de un modo poco sentimental frente a lo que solían hacer los realistas y haciendo caso omiso de lo panfletario en lo social o político. Es un cine de gran sensibilidad que se describe como "acontecimientos humanitarios interpretados de una forma poética y artística". El autor afirma al respecto que "…en un mundo en el que las películas están hechas con millones de dólares, nosotros hemos hecho una película sobre una niña que quiere comprar un pez por menos de un dólar. Esto es lo que quisimos mostrar en El Globo blanco…”.

Panahi fue presidente del jurado del Festival Internacioal de Cine de Montreal,  en 2009, lo mismo que del jurado del festival de Róterdam, en 2008, y del realizado en Kerala, en 2007. En esa cadena hoy casi nadie recuerda que a sus diez años escribió su primer libro y ganó un concurso literario. Fue en aquellos años que volcó su interés por el cine haciendo cortos de 8mm., actuando en uno de ellos y ayudando a completar una segunda película. Más tarde se dedicó a la fotografía y durante su servicio militar, que vivió durante la guerra Irán-Iraq (1980-88), realizó un documental sobre su experiencia en ese conflicto.

Después estudió dirección en la Facultad de Cine y Televisión de la Universidad de Teherán y partir de esa experiencia académica lanzó su verdadera carrera profesional, rodando varias películas para la televisión local. También en aquella etapa trabajó como ayudante del director Abbas Kiarostami, en la película "A través de los olivos", de 1994. A partir de entonces comenzó a dirigir. El gran tropiezo comenzó el 20 de diciembre de 2010, cuando lo condenaron a 6 años de cárcel y 20 de inhabilitación para hacer cine, viajar al extranjero o conceder entrevistas. Apeló la sentencia, pero en octubre de 2011 un tribunal de Teherán confirmó la pena. El delito imputado fue: "actuar contra la seguridad nacional y hacer propaganda contra el Estado".

Muchos actores, directores y productores iraníes firmaron una petición pidiendo su inmediata liberación. Desde el exterior un gran número de realizadores norteamericanos, entre ellos Robert Redford yOliver Stone -en suma acotada- firmaron una carta insistiendo en su liberación. La carta terminaba así: “Al igual que los artistas de todo el mundo, también los cineastas iraníes deberían de ser reconocidos y no censurados, reprimidos ni encarcelados”. Elegido miembro del jurado delFestival de Cannes, en 2010, Panahi no pudo acudir porque seguía en prisión con su país como cárcel. Así, su silla quedó vacía, al menos en lo simbólico (aresprensa).

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