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USA, ALIADO NADA CONFIABLE

ACTUALIDAD  //  LA TERCERA OREJA  //  Publicado el 18 de octubre de 2019  //  17.30 horas, en Bogotá D.C.

 

USA, ALIADO NADA CONFIABLE

 

Los kurdos, de nuevo, derramaron su sangre en el Medio Oriente y esta vez en contra del embrión de un califato salafista, aportando a la derrota de esos extremistas. También de nuevo fueron burlados por los poderosos del mundo, dejándolos  a merced de quienes solo pretenden masacrarlos, como tantas veces ya ocurrió en la historia reciente y mucho antes.  Esta vez el papel de Judas ante ese pueblo postergado han sido los Estados Unidos, y en particular del presidente Donald Trump.  Los turcos cumplen ahora el papel de los ejecutores de la masacre, los mismos que victimaron a los armenios en el inicio del siglo XX. Eso vuelve a mostrar lo poco o nada confiables que son los norteamericanos como aliados en los conflictos internacionales y vuelve a poner sobre la mesa aquello de que los intereses son el eje y la ética única de esta potencia mundial. Siempre ha sido así pero en la hora es una lección más para los colombianos y otros en igual disposición en Sudamérica, quienes suponen que Washington tiene una disposición inalienable de apoyarlos ante el conflicto vigente frente a la dictadura atroz que rige a Venezuela. De nada valen los llamados a  las  reuniones multinacionales y  las declaraciones de los europeos, entre otros para detener la masacre, porque  esta ya comenzó y nada indica que haya contención real a las intenciones de Ankara, salvo treguas pasajeras que en general no se cumplen por parte de quienes tienen mayor poder y están a la ofensiva.

 

El gobierno de Josip Erdogan considera terroristas a los combatientes  kurdos  asentados en tierras del norte de siria, que les pertenecen, y en la frontera con Turquía. Pero lo que se esconde detrás de la confrontación ancestral -que no es la única existente en esa zona del mundo- es la aspiración de los kurdos por su derecho a un territorio y a un país propio y soberano, que le niegan no solo Turquía. También lo hacen Irán, Iraq y Siria, no obstante que han estado desde siglos en esos territorios sobre los que hoy ejercen soberanías los otros países, esos que buscan exterminarlos. Ya lo habían intentado los iraquíes de Sadam Husein, gaseándolos -hace tres décadas-  en un intento de exterminio con el uso de esas armas no convencionales y prohibidas. También han estado enfrentados a los iraníes y los sirios, pero son los turcos los que más encono mantienen con ese pueblo que nunca se ha doblegado ante el intento de asimilación y han sido utilizados de manera indiscriminada por las potencias exteriores para afirmar sus fines geopolíticos en la región, con promesas que nunca se cumplieron. Entre ellas las del territorio soberano.

Al fin de la Primera Guerra Mundial, los aliados de entonces prometieron a los kurdos una tierra a cambio de ayudarlos en derrotar al imperio otomano, aliado con las potencias del centro de Europa, Alemania entre ellos. Así lo hicieron y fueron defraudados. Lo mismo se le prometió a la comunidad palestina y a la judía, pero solo se les cumplió a regañadientes a estos últimos y así nació el actual estado hebreo, arropado por las hegemonías vencedoras  tanto en la primera como en la segunda contienda orbital. Por eso no es extraña la ojeriza de los turcos con aquellos que están dispersos, pero no tanto, en casi todos los países de la región y también en Turquía. Ese mismo país que persiguió con la misma saña entre fines del siglo XIX y el siguiente a los armenios buscando la aniquilación y casi lo logra. En ese otro holocausto murieron más un millon y medio de armenios, en su casi totalidad civiles y sin distinción de edades o género. Turquía niega ese otro holocausto para el que no hubo retaliaciones ni justicia alguna, salvo para la memoria de los mismos armenios.

El gobierno de Ankara mantiene la consigna de que los kurdos armados son terroristas y es probable que no les falte algo de razón, puesto que de hecho sus milicias armadas están al margen de la ley en los estados en los que están habitando y el que defienden, como lo hacen con la parte del pueblo kurdo que habita Turquía, y los otros estados, incluido Siria. Pero no fueron terroristas para los Estados Unidos ni para Siria ni la misma Turquía cuando ponían el pellejo para combatir contra el califato islámico, hoy doblegado, o al menos eso es lo que parece por ahora. La visión pragmática que es sustantiva para los norteamericanos, encarnada en la circunstancia por el presidente Donald Trump, les hace ver que la alianza de circunstancia con esos irregulares ya no es necesaria y es por eso que el retiro de las tropas estadounidenses de la región pasa a ser el nuevo mandato del momento. Pero la decisión norteamericana, al margen de las consecuencias mortales para los kurdos, deja un remanente inquietante que golpea a los sudamericanos. Ese es el del real apoyo de Washington a los esfuerzos por poner fin a la dictadura venezolana.

Esa y otras dudas que generan los amores  fugaces de los gobiernos de los Estados Unidos hacia otros estados y hasta con fuerzas no legales, le plantean a la potencia hegemónica tantos problemas que altos funcionarios del gobierno de Trump se movilizaron hacia Ankara con la intención de que se detenga la nueva matanza. Un paño de agua tibia que no compensa el haber dejado sin piso la relación con los kurdos y las aprensiones que plantea su pragmatismo. No es la primera vez que lo hacen. Ya habían ocurrido situaciones similares en el Vietnam de los años 60, con Noriega en Panamá, otro tanto con los talibanes afganos que pasaron a ser sus enemigos y la lista podría ampliarse. En realidad los norteamericanos consideran que más allá de lo anudado con el Reino Unido, el Japón e Israel después de la Segunda Guerra Mundial, las relaciones para enfrentar a enemigos comunes son de circunstancia y que, ahora ocurre con los kurdos, no existen razones para prolongar siquiera un respaldo humanitario con sus fuerzas armadas cuando las circunstancias lo determinan en menos.

Aún no hay detalles de lo ocurrido a comienzos de este año cuando todo indicaba que había probabilidades de que la opción militar se encendiese para poner fin a la vigencia de los bolivarianos en el territorio venezolano. La negativa a tal posibilidad surgió primero del Brasil y después siguieron los demás, que apostaban a liquidar la preeminencia chavista y su extensión en el continente. No se trata de que a Brasilia le satisfaga la presencia de NIcolás Maduro en Miraflores o que no tenga capacidad militar para participar de una eventual intervención contra su incómodo vecino de la frontera norte. Nada de eso, el Planalto desconfía de los Estados Unidos, de su presencia y de una  eventual alianza siquiera pasajera para el caso venezolano. Desconfían en todos los planos y esa aprensión incluye la presencia de tropas norteamericanas en las cercanías de la Amazonia, que consideran de su propiedad exclusiva y excluyente. Eso además del hecho kurdo que solo puede aumentar las reticencias, para complacencia de Maduro y sus afines (aresprensa).  

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VÍNCULOS: EL NEOGORILISMO II  //  TRIBULACIONES BRASILEÑAS 
Actualizado: viernes 18 octubre 2019 17:43
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