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VENEZUELA: ILEGÍTIMIDAD BUSCA AFIRMARSE

Publicado el 31 de marzo de 2018 // 19.30 horas, en Bogotá D.C.

Doxa *

VENEZUELA: ILEGÍTIMIDAD BUSCA AFIRMARSE

Mientras crecen las denuncias  sobre la generalización de la tortura en las mazmorras del régimen de nostalgia nazi-estalinista en la otrora dorada Venezuela, los voceros y protagonistas de la camarilla gobernante se preparan para atornillar presencia y métodos a partir de las medidas de la rechazada asamblea constituyente y de unas “elecciones” en abril, que aspiran a eternizar el modelo. La intención desembozada parece por ahora sin retrocesos, en tanto que se siguen agitando desde las tribunas oficiales las amenazas de aplastamiento a toda forma de oposición y se alienta a la ficción opositora, que incluso participará del presunto proceso electoral en marcha.  Nada parece detener la aventura con mascarón revolucionario, con pies de paquidermo al interior de una cristalería y con masacres carcelarias incluidas. Ya está destruida la economía en la mayor parte de sus pilares, al tiempo que se mantiene la irrealidad multiplicada, con la suma de un hilarante -con contracara en la tragedia cotidiana- ministerio de la Felicidad.  El factor cubano insertado en el país de Bolívar sigue impertérrito en el centro del derrumbe, controlando buena parte del aparato de inteligencia y otros espacios del dispositivo militar. Se mantienen además las misiones de médicos y de otro personal de la isla, en el marco de un servicio de salud que carece de lo elemental para operar, y de los especialistas que envía La Habana, muchos de ellos esperando también el momento para  migrar en escape por el camino que lleva  a Colombia.

Dentro de ese marco el éxodo masivo al exterior continúa. Se calcula que un 25 por ciento de los nativos ya ha emigrado, ante el acoso de las carencias, lo invisible del futuro y el pronóstico de que todo lo malo del panorama persistirá y se profundizará. El vociferante, amenazante y autoexculpador discurso de los voceros oficiales, en especial el del propio presidente Maduro y el de la extensión llamada Diosdado Cabello, no alcanzan para ocultar el desastre, que crece a partir del proyecto disolvente aplicado. No se trata de la constante sacada de cuerpo que le hace el gobierno dictatorial a las culpas propias y el echarlas sobre las espaldas de los otros -sea el presidente Santos o de los otros mandatarios regionales que lo tienen aislado-  para evitar ver las colas en fronteras, los estantes vacíos de los mercados o la gente hurgando la basura para obtener el esquivo bocado. La voz en alto, en definitiva, no alcanza  para tapar la tragedia que incluye las masacres seriales en las cárceles, porque también y en especial allí, los presos son objetivo especial en  lo que hace a carencias de lo elemental, violación de derechos humanos y muerte asegurada en anticipo. 

El discurso hirsuto, al tiempo que descabellado, tampoco puede hacer cerrar los ojos sobre cifras alucinantes: una inflación de casi un 2 mil por ciento que obliga a modificar la estructura de los billetes, eliminando tres ceros, ni la emisión de una criptomeda que pueda amenguar la carencia de moneda fuerte y consistente. Nada es suficiente para echar una luz sobre el sombrío panorama que no promete mejora alguna y se mantiene en dinámica inversa a la de una mejoría anhelada. La caída en  el suministro de energía diaria y en aumento -que se agrega a los otros males estructurales- impacta con mayor ímpetu al hogar del ya castigado ciudadano común. Ese que, en una proporción de uno a cuatro como buena parte de las familias venezolanas, ya tiene un familiar en el exterior. El deterioro de  la infraestructura tanto eléctrica como de la explotación petrolera, son parte de los indicadores de desastre por la acumulación de años de desinversión y falta de mantenimiento.

La respuesta al hundimiento son los manotazos evidentes de la caterva gobernante y su acostumbrado elusión en lo retórico, que apenas se limita a lanzar culpas sobre la espalda del fantasma imperialista, presente para ellos incluso en la gran amenaza interna  y a la presunta guerra económica, tal como lo hacen esos malos arqueros que no pueden evitar los goles y salen de su área de manera infructuosa a cazar mariposas. La negación de la autocrítica y del mesianismo en paralelo, son costumbres perversas de este tipo de regímenes y de la ideología que portan, ante la carencia de explicaciones coherentes sobre la disolución que crean en las sociedades de las que se apoderan. Son hacedores de imposibles porque aquello que es posible hacer para transformar la condición asimétrica de sus pueblos lo vuelven en algo contrario a sus esperanzas históricas. En otras palabras, aquello que es posible cuando lo tocan lo convierten en un imposible absoluto. Los ejemplos en el siglo XX sobran al respecto como para suponer que en el siglo XXI las cosas hubiesen podido ser diferentes.

Lo cierto en otras cifras vigentes es que la población de Venezuela está casi en un 90 por ciento por debajo de la línea de pobreza, en tanto que un 60 por ciento se acuesta con hambre. En términos promedio la misma población mensurada ha descendido 11 kilos de peso y por persona en los últimos 5 años. El problema sin solución en el horizonte dice que quienes llevan la peor parte son los niños y la repercusión que tendrá hacia el futuro el impacto de la asimetría mental por la baja alimentación y las dificultades para el pensamiento abstracto que sufrirán esas nuevas  generaciones de venezolanos. Ese cuadro delirante es una suerte de condena a muerte anticipada, que no solo está reservada para quienes apenas se están asomando a la vida. También están condenados más de tres mil transplantados de órganos vitales, que carecen de fármacos inmunosupresores o los atacados por la fiebre amarilla y el sarampión que reapareció en el país,  al igual que la fiebre amarilla. Algunos de los afectados llevan más allá de las fronteras vecinas a sus enfermos ante la imposibilidad de tratamiento en el propio patio. Lo más repugnante del cuadro es el silencio al respecto de las izquierdas de América Latina y de las ONG, que le hacen vocería oficiosa y son frente social de esos sectores políticos.

El partido de las desmovilizadas Farc en Colombia sigue afirmando, a través de algunos de  sus dirigentes y relacionados, que en Venezuela está vigente un proceso “democrático”, eludiendo hacer mención al drama social y humanitario de la sociedad cercana, gobernada de forma brutal por sus aliados y pares políticos. Nada más parecido a lo que ocurrió en su tiempo con los partidos comunistas latinoamericanos, frente al régimen de José Stalin o a la Alemania nacionalsocialista, mientras esta fue aliada de la Unión Soviética. En esa línea de coherencia funesta y, al tiempo, se ratifica por parte de Perú, que Nicolás Maduro no está convocado a la cercana reunión continental de mandatarios. En paralelo, el Palacio de Miraflores y los restantes organismos cooptados del Estado avanzan en la mascarada electoral del mes que se inicia, asegurando procesos que ratifiquen lo que se sabe de manera anticipada: Nicolás Maduro seguirá al frente del hundimiento de la “revolución” que inició Hugo Chávez hace casi dos décadas y que sus herederos y socios externos suponen exitosa en un desconocido universo paralelo (aresprensa).  

EL EDITOR

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La columna Doxa expone la posición editorial de la Agencia de prensa ARES

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VÍNCULO DIRECTOCOLOMBIA: GRIETA Y APRENSIÓN

      

Actualizado: sábado 31 marzo 2018 19:56
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venezuela nicolás maduro

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