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VI CUMBRE: UN PASEO COSTOSO

Publicado el 15 de abril // 06.45 horas, en Bogotá D.C.

VI CUMBRE: UN PASEO COSTOSO 

Todos en Cartagena, todos con sus cientos de acompañantes hospedados en los mejores hoteles y con sus escoltas. Todos viendo lo que no es, viendo una mentira, o mejor, varias mentiras. Parece como si estuvieron en el paraíso cuando en realidad están en el infierno. Sí, porque a pocos metros de ellos están los más pobres del continente. ¡Qué no harían ellos con los millones de dólares que se gastan en estas multitudinarias comitivas! Esas como las del elegante y humilde papa Bendicto XVI o las del rey y los príncipes o los figurones de la farándula internacional. Todos ellos están allí para recibir unas bendiciones o para oír a unos jefes de Estado que no gobiernan en este mundo de dolores y de miserias, sino en oficinas ovales o en suntuosos palacetes. 

Escribe: Luis Fernando GARCÍA NÚÑEZ 

Mientas tanto el mundo sigue igual o peor: los españoles robando y los ingleses también, ahora a los argentinos pero podría ser a cualquiera al mismo tiempo o mañana. Los industriales imponiendo precios, productos y tratados. Además, almorzando, comiendo, desayunando y bebiendo gratis, como siempre lo han hecho y lo hacen.  

Al final de la Cumbre, un documento de unas pocas páginas que no escriben ni leen los presidentes, ni los ministros de relaciones exteriores, ni los industriales, ni los vicepresidentes. Al final los abrazos y los desprecios. Todos se van y se preparan para la otra o las otras cumbres, o a sus espléndidos viajes por el mundo de las fábricas, de los gerentes, de las empresas y de los castillos en el aire.  

Al mismo tiempo, los pobres de la pobre Cartagena a buscar qué comer, qué quedó del festín de estos poderosos, justos y democráticos monarcas.  En tanto que aquí y en otras partes los titulares de los medios y los minúsculos periodistas consagrando a esta Cumbre como la más democrática, la más importante, la mejor, la única que produjo resultados y todos felices. Felices porque el rey se quedó dos días y pescó tanto como paseó, bebió y ordenó. 

Tan felices como los que viven en Miami, en apartamentos de cientos de metros cuadrados, los que no se preocupan por el desayuno, el almuerzo o la cena. Son los que se divierten, los que son cuidados por miles de celadores, aquéllos que son cuidados por miles de celadores y no tienen que pagar viajes, los que compran, venden y mandan. Los otros, nosotros, mientras tanto vemos y oímos los noticieros, los miles de extras informativos, las declaraciones y las mentiras o los chismes. Los que nos reímos de las formas adustas de vestir y de su lenguaje equilibrado y diplomático. 

Mañana, y ahora mismo, los muy bien entrenados grupos antimotines de los países de este democrático continente arremeterán en ordenadas filas con gases lacrimógenos contra manifestantes que piden un poquito de justicia, un poquito de bienestar, un poquito de educación, un poquito de salud. También piden un poquito de respeto por el medio ambiente. 

Sería bueno saber qué pensará de esto el alcalde de una populosa Cartagena que dejó vacía durante varios días a la ciudad de marginales, menesterosos y vendedores callejeros para queno se viese con la cara de todos los días, cuando no están presente los poderosos esta América y las cámaras de televisión del mundo. 

Un alcalde que a pesar de los extremos cuidados no pudo impedir que las trabajadoras sexuales se infiltraran hasta las camas de los agentes secretos del más poderoso de los poderosos. Algo que ni los guerrilleros hubiesen podido imaginar ni planear para poner en ridículo a los que se supone y se consideran infalibles, tal como lo hizo en sátira y en los años 60 el Súper Agente 86. Pero si el alcalde de Cartagena es tan ateo como lo son George Bush o Barack Obama, le debe importar poco (aresprensa).  

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CUMBRE DE CUMBRES EN CARTAGENA

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