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"WOYZECK", EL SOLITARIO

PATRIMONIOS CULTURALES  //  CINE Y ARTES ESCÉNICAS  //  Publicado el 26 de junio de 2019  //  07.00 horas, en Bogotá D.C.

 

WOYZECK”, EL SOLITARIO

 

Se trata de una presentación estelar que surgió del teatro clásico alemán y retrata un drama típico derivado de los conflictos humanos personales, surgidos a la vez de un trauma mayor: la guerra. Woyzeck es un anónimo soldado alemán que regresa de la lucha y que sufre en la retaguardia de su hogar una muerte moral y afectiva pero no física, en las antípodas pero similar a la que tuvo aquel otro uniformado de la obra de Erich Maria Remarque. El tradicional Teatro Colón de Bogotá iniciará la presentación de esta trama de Georg Büchner en un montaje que protagonizan Carolina Ramírez y Felipe Botero. La obra tiene escenas con un llamativo ingrediente: el agua, que en una piscina complementa la narrativa y señala uno de los puntos centrales del individuo  en modernidad. Eso es, la soledad ante un panorama de vida incierto, en la que los vínculos de la solidaridad como tejido de sostén y contención desaparecen.

 

La estrategia de producción para el montaje de esta puesta en escena ha evaluado un conjunto de factores que puedan asegurar el buen suceso del proyecto. Eso va desde el entorno de presentación, pues la sala tiene una carga de prestigio que es histórica como patrimonio del país, hasta el espesor conceptual de la obra que recoge la sin salida local de una sociedad derrotada en su apuesta histórica. Además,  las consecuencias en una persona cuyo sino puede proyectarse en términos universales y que, en buena medida, podría mirarse como un horizonte muy amplio del siglo XX, en el cual la guerra alteró proyectos y rumbos sociales, junto con el destino de millones de familias e individuos. Esto desde la confrontación entre estados hasta las guerras revolucionarias por cambios sociales, tal como lo ha señalado Jeremy Black. Para un país como Colombia, en el cual no menos de 8 millones de personas sufrieron la devastación y rupturas que deja la confrontación, esta historia imaginada de un combatiente anónimo -o de  un combatiente ilegal, da igual- y trabajador alemán deja moralejas ineludibles.

Si bien el ambiente de la obra original nada tiene que ver con la Alemania del siglo pasado y el vigente, pues se ambienta en situaciones vividas y propias de las primeras décadas del siglo XIX, después de las guerras napoleónicas y antes de la unidad alemana, las condiciones del personaje central del drama pueden extrapolarse a los conflictos actuales. Un barbero que asesina a su amante por una presunta traición, un médico que interviene ante la posibilidad de un desvarío mental y la oquedad de una vida al garete que profundiza el hundimiento personal al infinito. Büchner murió joven y vivió su infancia y primera juventud en el ámbito de su familia acomodada y vinculada con un ambiente de arte y refinamiento. Fue distinguido en sus logros académicos y al tiempo desarrolló una febril actividad intelectual en el campo literario y de la dramaturgia. “Woyzeck” no es su obra fundamental y dejó escritas otras como “La Muerte de Dantón” que tuvieron mayor relieve en su producción. El escrito sobre la vida trágica del soldado quedó inconcluso y fue escrito de manera fragmentaria. Las versiones póstumas han sido editadas y adaptadas.

Se la considera un cuadro del expresionismo germano, pero esa es una de las extrapolaciones caprichosas posteriores y más bien puede hablarse de un origen romántico que se proyecta hacia el expresionismo más cercano en el tiempo y en el aporte de Alemania a la estética y la política. Otra visión tensionada hacia adelante sobre lo que quiso hacer Büchner con su trabajo, es la relación de la trama con las penurias de la clase trabajadora. Es cierto que el autor militó y creó organizaciones y periódicos que hicieron hincapié en la marginalidad social y las angustias de los desposeídos, volviendo la espalda a su propio origen, además de lamentar la anarquía reinante  en la nación alemana de su tiempo, fracturada, manejada de manera feudal y distante aún en la posibilidad de una unidad anhelada, que el malogrado autor también pretendía. En todo caso Büchner fue un protorrevolucionario y eso lo vincula más con el movimiento romántico que con las visiones de izquierda posteriores a su temprano deceso.  

Carolina Ramírez

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Después de su muerte y quizá por el hecho de haber desaparecido antes de cumplir los 30 años -lo que significa el haber realizado una producción limitada- la memoria de Büchner y su obra cayó en un olvido relativo. Fue en la primera mitad del siglo XX y en del tiempo de los precursores y también de los herederos de la saga expresionista en la dramaturgia de lengua alemana, quienes rescataron lo hecho por el joven y malogrado compatriota desaparecido una centuria atrás. Entre ellos, Max Frisch y Frank Wedekind, este último es a quien se considera su redescubridor. Pero no solo ellos, también Bertolt Brecht se consideró a sí mismo como hijo de lo hecho por su predecesor Büchner y señaló que su influencia atraviesa la obra propia de Brecht, más cercana a nuestro tiempo. Ese influjo estaría presente, por ejemplo, en la famosa “Opera de tres centavos”. Quien haya escuchado temas musicales como “Pedro Navajas” de Rubén Blades o “Mack, the kniffe”, interpretado por Bobby Darin, entenderá lo que se está describiendo. La visión contestaria en su crítica al modelo social de la burguesía es el eje de toda esta narrativa en casi dos siglos.  

La alusión previa a dos canciones populares y la relación de estas con Brecht, al tiempo que de manera evocativa con Büchner, es directa. No solo porque la canción que interpretaron Darin y Louis Armstrong está referida sin paráfrasis con la trama de Brecht y la tradición popular germana del “moritat”, sino porque como agregado la letra del tema de Blades es una versión latina del mismo drama y todo va unido con aquello que sufre el personaje central de “Woyzeck”. Los protagonistas son todos hombres solitarios, marginales y acorralados por la tragedia que no les deja salida, además de la ocurrencia de un crimen que los condena. La representación que se inicia en el Teatro Colón de Bogotá está dirigida por Jimmy Rangel y es una suerte de provocación con el llamado “teatro físico” en el cual el recurso del agua resulta una metáfora de la angustia y el ahogo que producen las circunstancias incontrolables. La normatividad y el control social que alientan la sin salida de la esquizofrenia completan una imagen de un hundimiento sin piedad, remedio ni rescate. El mismo anonimato y marginalidad del personaje es parte de la condena (aresprensa). 

Actualizado: miércoles 26 junio 2019 22:10
teatro colón bogotá

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