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XX CUMBRE IBEROAMERICANA: UNA ADVERTENCIA PARA FILIPINAS

Publicado el 01 de diciembre de 2010 / 21.15 hora de Buenos Aires

XX CUMBRE IBEROAMERICANA: UNA ADVERTENCIA PARA FILIPINAS 

Próximo a cumplirse en Mar del Plata, Argentina, un nuevo encuentro de la Cumbre Iberoamericana, se espera que el nuevo gobierno de Filipinas defina allí y haga pública su política frente a la situación de la lengua española en el Archipiélago, que reimplantó de manera opcional la expresidenta Gloria Macapagal Arroyo, después de más de 20 años de ostracismo en los planes de estudios de la educación formal en las islas asiáticas. La importancia de la Cumbre en este sentido no puede pasar inadvertida para la universalidad hispana y desde este conglomerado de unos 600 millones de seres humanos que hablan español o lo tienen como segunda lengua, se deben hacer converger los medios de apoyo pero también de advertencia, a la nueva administración de Manila que encabeza el presidente Benigno "Noynoy" Aquino. La reunión 2010 de la Cumbre se cumplirá en el balneario rioplatense argentino, entre el 3 y el 4 de diciembre. 

Escribe: Néstor DÍAZ VIDELA 

En efecto, está en mora que el nuevo gobierno del Archipiélago diga al mundo, con toda claridad, si la iniciativa que dejó plasmada Macapagal Arroyo se convertirá en una política de Estado y, con ello, se deje atrás la idea generalizada de que la familia Aquino Cojuangco es enemiga abierta de la hispanidad y de su lengua global. Esta aseveración no es gratuita ya que la madre del actual mandatario, doña Corazón Aquino, eliminó durante su gobierno por acto de reforma constitucional, en 1987, la presencia del español en los planes de educación y acabó con la entonces ya precaria oficialidad tácita del habla de Cervantes en Filipinas, convirtiéndola en una suerte de "lengua extranjera". 

Un verdadero contrasentido histórico que dejó el gobierno de la señora Aquino pues Filipinas se formó como país bajo presencia española, promovida desde México, y fue lingua franca de las islas hasta bien entrado el siglo XX, aun cuando es cierto que fue una minoría de clase alta la que siempre la manejó con fluidez. 

En 2009, en la portuguesa ciudad de Estoril, la Cumbre Iberoamericana previa aceptó como miembro asociado la presencia de Filipinas en la comunidad cultural e histórica ibérica con tejido mundial. La calidad de Filipinas, como integrante pleno en el seno de esta suerte de commonwealth hispano-lusitana, quedó supeditada de manera implícita a la confirmación de que la lengua española volverá como asignatura obligatoria a los planes de estudio de la educación filipina en el año 2012. Eso fue lo que pactó con España el anterior gobierno de Manila.  

El ingreso de Filipinas a la Cumbre precipitó un extraño proceso en el seno de esta comunidad universal, al admitir a un país que tuvo a la lengua de Cervantes como idioma oficial y garantía de unidad en la diversidad, pero que renunció a ella en favor del inglés. Es una situación extraña y otro verdadero contrasentido. La lengua española no necesita del inglés para ser universal. Sencillamente, es más lengua por estructura gramatical, potencialidad y coherencia tanto léxica como fonética y semántica.  

Esta consideración sobre la relación de la Cumbre con Filipinas es mucho más relevante si se tiene en cuenta que sectores anglófilos de la élite del Archipiélago siguen intentando imponer al habla sajona como lengua nacional, a despecho de la presencia del tagalo, que lo es desde 1946 (aunque mejor sería decir desde 1939, bajo la presidencia tutelada de Manuel Quezón), y en rechazo del nuevo auge del español que impulsan los jóvenes filipinos en proceso educativo, por herencia histórica y para mejorar sus opciones de trabajo en el propio país y en el exterior. En este sentido la presencia del hijo de Corazón Aquino en el manileño Palacio de Malacañang es un atisbo de esperanza, pero es mayor el riesgo: podría echar para atrás el legado de reparación histórica con el universo hispano que dejó doña Gloria Macapagal Arroyo.  

El tema central de la cumbre de Mar del Plata es el de la "Educación para la Inclusión Social" y por eso el tema de la lengua española en Filipinas es básico en la actual coyuntura político social de de ese país. La reintroducción en condición optativa del español en el nivel secundario de la educación filipina, a partir de 2008, respondía no sólo a una demorada restauración histórica del Estado filipino con sus propios orígenes, sino también a una verdad de a puño: el joven filipino que emigre de las sobrepobladas islas estará mejor aperado en sus posibilidades laborales si, además del inglés, cuenta en su bagaje intelectual con la fortaleza del idioma español.  

Además, en el propio territorio filipino, los profesionales y gente del común que junto con la lengua anglo y su habla local tienen incorporado al idioma de Cervantes, tiene mejor reconocimiento salarial. Eso es lo que permite señalar que la ruptura que oficializaron Ferdinando Marcos primero y Corazón Aquino después, era un contrasentido histórico que comenzó a desandar Macapagal Arroyo. Es por eso que la incógnita creada por la presencia de Benigno Aquino en la actual administración central de Manila debe quedar despejada cuanto antes. La Cumbre Iberoamericana es el mejor escenario para hacerlo.  

El fenómeno que se presenta en Filipinas en su reencuentro con el español no es casual ni atípico. Ya Brasil en el año 2005 lo impuso por ley en sus planes educativos, como primera lengua extranjera. Trinidad y Tobago, país caribeño de habla inglesa, lo impondrá como lengua oficial a partir de 2020 y Belice en Centroamérica podría seguir el mismo camino pues, en este caso, la mayor parte de la población beliceña habla en español aunque el inglés es oficial en ese país limítrofe con Guatemala. Todo lo anterior, sin tener en cuenta que ya en los Estados Unidos el español es la segunda lengua en lo que hace a número de hablantes, no solo latinos sino también de ascendencia sajona.  

Si Filipinas decide profundizar su reencuentro con la lengua española, proceso que por sentido común no debería presentar dudas ni conflictos, debe convocar el apoyo de los países de Hispanoamérica. Éstos por su parte, a través de organismos como la OEA, la misma Cumbre Iberoamericana, Unasur y el Banco Interamericano de Desarrollo, entre otros, deben abrir su capacidad para brindar al país asiático todo su respaldo en ese propósito de reencuentro con el habla cervantina.  

Filipinas, bajo esa condición y por sus fundamentos nacionales basados en la cultura hispanolatina, es el espacio natural donde debe apoyarse América Latina para el desarrollo futuro de sus relaciones con el Asia. Es esa una tarea que no se le puede dejar solo a España, tal como ocurre en la actualidad (aresprensa.com).  

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