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ACTUALIDAD
Publicado el 8 de septiembre de 2007 / 12:30 hora de Bogotá // Archivado el 11 de febrero de 2008

Realpolitik venezolana aspira a reducir el peso de Washington en la Región y también buscaría el Nobel de la Paz para Hugo Chávez 

RIGIDEZ ESTRATÉGICA Y FLEXIBILIDAD TÁCTICA EN LAS PROPUESTAS DE CARACAS A BOGOTÁ: LA COLUMNA VERTEBRAL DE LA EXPANSIÓN BOLIVARIANA 

Los movimientos de Caracas en el plano sudamericano están dirigidos con énfasis a neutralizar a Colombia, el único obstáculo de peso en la zona para la construcción de un proyecto supranacional denominado antimperialista y con vocación de perfil socialista, en términos de organización social. El capítulo de acercamiento con las FARC en la búsqueda de un reclamado proceso de humanización del enfrentamiento, entre fuerzas ilegales y el Estado colombiano, es  una parte de la estrategia que, recogiendo la enseñanza de la militancia marxista, avanza, retrocede o toma atajos, según las circunstancias. Esa estrategia no excluye la postulación probable al Premio Nobel de la Paz para el caudillo venezolano, a despecho de lo delirante que tal posibilidad pueda parecer en el momento. Aunque se presente como la maniobra de un prestidigitador, el mandatario venezolano ha ofrecido, incluso, poner sobre la mesa la vieja discusión sobre diferencias territoriales con Colombia en dirección a su solución, un tema que siempre ha sido un revulsivo para la opinión venezolana, enturbió las relaciones de ambos países y los llevó, hace dos décadas, al borde de la guerra. Lo cierto es que esta visión de largo alcance que expone Caracas, parece ser bifronte y recuerda la vieja política de la zanahoria y el garrote. En ese juego la influencia de los Estados Unidos, con base en Colombia, disminuye su espacio de maniobra por omisión. En efecto, es desde Washington, sobre todo desde el Congreso, que se alerta a Bogotá sobre lo gelatinoso del escenario geopolítico y la conducen a escuchar e, incluso, beneficiarse de la rama de olivo que le ofrece Venezuela.           

 Escribe: Kerensky II* 

Es evidente que la empatía y el respeto mutuo entre el presidente Álvaro Uribe y su colega Hugo Chávez, no  explican todo lo ocurrido en la reciente reunión de ambos presidentes. Además, los acontecimientos de las últimas semanas entre las fuerzas en juego y aún en contradictorio proceso, señalan la continuidad del reacomodamiento geopolítico en todo el ámbito latinoamericano.  

 Lo que se está viendo ratifica que la toma de decisiones entre estados es atinente a intereses nacionales y no se improvisa ni obedece a emociones circunstanciales. Existen profundas diferencias ideológicas y culturales que separan a los dos mandatarios y sugieren que el afectuoso acercamiento que ambos se prodigan es tan sólo el vehículo que le permite a Chávez, en primer término,  la exposición de un libreto preconcebido que busca la expansión y afirmación de su proyecto bolivariano con pretensión de arraigo continental. 

En este orden de ideas, el esquema de Caracas es un plan que contiene objetivos y estrategias hacia el largo plazo.  En todo caso, lo expuesto en Bogotá por Chávez, en especial la reanudación de la búsqueda de solución centenaria a la contradicción fronteriza y el enrutamiento positivo de los procesos de paz,  es atractivo para su interlocutor, por ser un negocio en el cual ganan todos.  

De hecho, de darse la negociación ofrecida sobre el diferendo limítrofe entre Colombia y Venezuela, ese avance hipotético hacia un acuerdo sería la única puerta y oportunidad de solución en el presente y en el futuro, dado que Chávez concentra todos los poderes del Estado y, por tanto, acota los anticuerpos. Estos contradictores internos y constantes en Venezuela, que incluyen a la opinión pública, siempre han echado al traste cualquier posibilidad de negociación y arreglo entre ambos países. Pero, incluso en las actuales circunstancias, debe tenerse en cuenta que negociar no es equivalente a encontrar soluciones satisfactorias. 

Entonces, sorprende la propuesta de Chávez sobre la delimitación de aguas marinas y submarinas, al no ser de “suma cero” como ha sido usual en esta disputa fronteriza. Sorprende aun más por el costo político que tendría para el caudillo venezolano el hacer cualquier eventual concesión territorial a Colombia.  

NICARAGUA, UN PEÓN DE BREGA  

Dicho lo anterior, debe precisarse un contexto de vectores positivos y pugnaces, que afirma las motivaciones del movimiento estratégico, para determinar cuáles son los factores que justifican los costos a pagar. Entre las condiciones pugnaces se introduce como cuña a Nicaragua, como se verá más adelante, en condición de peón de brega.

Pero, en  primer lugar, están los elementos que estimulan los acercamientos con Bogotá.  

  • El primer vector es la búsqueda, por parte de Caracas, del éxito en alcanzar un fin superior a la simple reivindicación o congelación de una rivalidad por territorio o mar territorial.  Neutralizada así Colombia, por una vía hasta ayer no imaginada, se disuelve  el único obstáculo regional de envergadura para la construcción de un proyecto supranacional antimperialista. Ese es el fin ut supra. Chávez  ha denominado,en sus conferencias reservadas de conducción, que existe un eje monroista que debe ser  disuelto como objetivo prioritario.  Ese eje, de acuerdo con la concepción del dirigente venezolano, estaría constituido por Washington, Bogotá y Santiago de Chile.
  • Un segundo elemento, necesario para Chávez, es la necesidad de recuperar una imagen magra en el ámbito internacional amplio, al mantener una relación fluida y con reconocimiento explícito de los países enemigos de los Estados Unidos, tales como Cuba e Irán, entre otros. Esa eventual recuperación  de imagen amplía su impacto positivo sobre las sombras que genera la reciente Reforma Constitucional venezolana, la cual extiende la apetencia de perpetuación en el poder y el recorte de las garantías para la sociedad civil venezolana.
  • El tercer aspecto desfavorable para Caracas y favorable al acercamiento con Bogotá es el evidente deterioro real de su aspiración de integración con el MERCOSUR –por encima de las simpáticas recepciones públicas en Brasilia y Buenos Aires-  lo cual le reduce el escenario de vocería internacional por la sorda resistencia de los más poderosos en ese grupo, sobre todo de Brasil. Eso lo obliga a reaceitar su presencia en la región andina y anunciar la intención de retornar a la CAN.
  • El cuarto aspecto que, en conjunto, favorece el acercamiento, es la intervención y mediación venezolana amplia y abierta en los varios aspectos de la conflictividad interna colombiana, vía liberación de  personas señaladas como paramilitares y detenidos en Caracas. Un gesto de buena voluntad al que se ha sumado su propuesta de ser interlocutor en el tema del intercambio humanitario, que incluye  un inimaginable proceso de negociación con las FARC -que tanto lo requieren-  y el impulso a las negociaciones con el ELN. Una trama de posibilidades que, si prospera, podría catapultarlo, como una  paradoja histórica, hasta el absurdo de ser promocionado para un premio Nobel de la Paz. Ya algunos círculos áulicos del presidente venezolano en América han comenzado a mencionarlo en corrillos.Aunque, es bueno señalar que, a la luz del “juego Guaicaipuro”, el acercamiento de las FARC a mesas oficiales, para abordar temas que resuelvan  la confrontación militar, es un veneno envuelto en azúcar pues genera un precedente funesto en la búsqueda que hace el terrorismo en Colombia para ser reconocido como “beligerante”, es decir, en pie de igualdad con el Estado al cual impugnan.    

GUAICAIPURO, UN JUEGO DE GUERRA 

Pero el aspecto pendular de la estrategia venezolana lleva a restar de la sumatoria previa los aspectos que se enumeran a continuación. 

  • El alentar, de manera velada, las demandas nicaragüenses ante el tribunal de La Haya sobre el meridiano 82 y revivir así un tema que se mantenía congelado, para abrirle a Colombia un nuevo frente de tensión. Este punto se refuerza con la firma de un convenio con Managua para la exploración y explotación petrolífera en aguas colombianas por parte del ente petrolero PDVSA y la simultánea  presencia de Chávez en Nicaragua el pasado 20 de julio, durante la celebración del aniversario sandinista, coincidente con la presencia de Álvaro Uribe en ejercicio de soberanía sobre San Andrés. 
  • La adquisición de armamento ofensivo que, si bien compite con el poder militar del Brasil, en realidad no tiene otra previsión que un enfrentamiento hipotético con Colombia. Las reiteradas intenciones de Chávez ante sus allegados, al comienzo de su gestión presidencial, de atacar la Guajira colombiana y el ofrecimiento reciente de 14 aviones de combate a Nicaragua, concuerdan con estas afirmaciones. 
  • El desarrollo del juego de guerra Guaicaipuro** por parte del Instituto de Altos Estudios de la Defensa Nacional, órgano dependiente del Estado venezolano.  En este juego se ordena un ataque preventivo contra Colombia con participación activa de Nicaragua, Ecuador y Cuba y el reconocimiento a las FARC como sujeto beligerante y no como terrorista. 

ZANAHORIA Y GARROTE 

En el cuadro de situación descrito las redes de acuerdos de Chávez, inamistosas hacia Colombia, contrastan con actitudes y propuestas conciliadoras, las cuales  por el hecho de ser antagónicas, deben tener prioridad en su ejecución.  El orden correcto del despliegue en la praxis será el de conciliación (zanahoria), sostenido en retaguardia con el poder disuasivo del arsenal en construcción y el espectro de la amenaza (garrote) que éste proyecta sobre cualquier conversación. 

De esta forma, Chávez le ofrece a Uribe una amplia gama de oportunidades, y solución de problemas que, de no encontrar salida, pueden limitar la gobernabilidad y el cumplimiento de sus metas en lo que resta de gestión para el colombiano. 

Para Uribe no será éste el primero ni el último reto del que deba salir airoso. Una de sus principales fortalezas es que nunca rehuye los desafíos y, con frecuencia, los busca.  Es un líder pragmático, coherente, de convicciones, sagaz e inteligente y, sobre todo, informado. Chávez no se muestra inferior a su interlocutor y vecino, lo que desbalancea esa relación de identidades y manifestaciones es que Chávez no sólo es audaz sino, además, temerario. Sus vínculos con la teocracia iraní así lo señalan. Ese es, precisamente, uno de los frentes de amistad que lo alejan de los potenciales aliados del Cono Sur, sobre los que Chávez había apostado, hasta hace poco tiempo, la suerte del ideal bolivariano.  

Bajo tales circunstancias y con el cuadro de situación articulado, conviene conocer cuáles son las ganancias de cada uno de los gobernantes, en términos de hipótesis descriptivas de evolución posible. 

  • El esquema que se abre para Uribe, significa gobernabilidad, prestigio, y neutralización de conflictos inminentes, y la solución al problema del intercambio humanitario.  
  • A Chávez, se le abre un nuevo escenario de construcción para sus expectativas de  liderazgo continental, buena imagen y neutralización del denominado eje monroista. Además, es una legitimación de la cabeza de puente ideológica para potenciar la capacidad de influencia interna en Colombia, con proyección hacia el año 2010 y las elecciones presidenciales. 
  • También genera un reposicionamiento en el antagonismo con los Estados Unidos y fortalece una superioridad  relativa en la disputa por el liderazgo continental con Brasil y sobre las reticencias de Lula da Silva hacia su estilo de conducción. 
  • Los beneficios que obtiene Uribe se ven limitados al tiempo restante de su gestión, puede decirse que el objetivo es de orden gubernamental y discreto por la escasez de cronómetro, pero aseguraría la dimensión histórica de su mandato.  Para Chávez el asunto es extenso, de orden estratégico y con objetivos de largo plazo: la construcción supranacional de una patria latinoamericana antimperialista. 
  • La falta de visión estratégica y de reconocimiento a los esfuerzos y sacrificios de Colombia, por parte de los demócratas estadounidenses, restringen las alternativas del presidente Uribe sobre los próximos cursos de acción y fortalecen las expectativas de que Chávez y Uribe se conviertan en “compañeros de ruta”, aun cuando sus intereses estén bien diferenciados.  

El presidente venezolano juega duro y se perfila como el ganador, en tanto, es legítimo suponer que hay un gran perdedor, en el presente de estas jugadas maestras: Estados Unidos (aresprensa.com).


* Kerensky II es el seudónimo de un acreditado experto colombiano en geopolítica y seguridad regional americana. Guarda su identidad por razones de prurito intelectual y seguirá colaborando para la Agencia de prensa ARES. El editor (070907)

** Guaicaipuro, es un nombre que identifica a un cacique indígena venezolano que resistió la presencia española y sirve de soporte a los imaginarios nacionalistas de la actual gestión política venezolana. 


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