LOM / LA TERCERA OREJA / MASACRE DE EL TÁCHIRA: ¿PARAMILICIAS BOLIVARIANAS?

Publicado el 07 de noviembre de 2009 / 19.20 hora de Bogotá D.C.

 


Aquello que se escucha aunque se diga en voz baja 

(El chisme no es la verdad, pero sus elementos implícitos pueden ayudar a reconstruirla)

Esta sección le debe su nombre a un famoso programa radial de misterio que se emitía en Chile por los años 60. Esa es única deuda que tenemos con la prestigiosa radiofonía chilena. Hecho el ajuste de cuentas, debe decirse que, aquí, el espacio está destinado a la picaresca que disuelve nuestra seria política editorial. El único misterio es el propio que encierra todo chisme. 


  • La paja en el ojo ajeno es un ejercicio con alto contenido erótico y la evidencia de una pésima puntería.  


 

MASACRE DE EL TÁCHIRA: ¿PARAMILICIAS BOLIVARIANAS? 

Las muertes -con carga de sospecha hacia las autoridades de Caracas- sobre inmigrantes ilegales y menesterosos acusados de ser espías colombianos o de ser paramalitares que operarían en el interior del territorio venezolano, se han multiplicado en los últimos meses y semanas en zonas cercanas a la frontera entre ambos países. Los antecedentes al respecto ya tienen más de dos años y una de las manifestaciones protuberantes de esa marea criminal fue el asesinato bajo tortura y sevicia de dos hombres de la inteligencia militar colombiana que operaban en Maracaibo, en la búsqueda de jefes guerrilleros.  

Los recientes hechos trágicos de El Táchira en Venezuela, en los cuales fueron masacrados jóvenes extranjeros y venezolanos, marginales y en condiciones laborales deplorables -además de haber sido varios de ellos colombianos- han despertado en el plano internacional mayores sospechas sobre lo que ocurre puertas adentro en la Venezuela bolivariana del presidente Hugo Chávez. Los asesinatos y las respuestas del estado venezolano son al menos displicentes y sospechosas ante la evidencia de la masacre. De manera rápida los voceros oficiales señalaron que los occisos eran "paramilitares".  

Excluyeron en la veloz consideración de condena hacia las víctimas, el señalar que la racionalidad de cualquier Estado moderno que no pretenda encubrir crímenes de lesa humanidad, es ordenar una rápida investigación, buscar y capturar a los responsables de asesinatos múltiples o de cualquier crimen. La actitud de funcionarios de primer rango en Caracas parecieron justificar el ajusticiamiento múltiple de El Táchira. 

Esto hace recordar a que una consigna del nazismo y del fascismo de los años 30 y 40 en Europa era que el mejor enemigo -o que sea sospechoso de serlo- "es el enemigo muerto". Claro, una ecuación perversa, haciendo a un lado cualquier figura de aparato y formalidad de justicia, como corresponde a un Estado que pretenda reconocimiento de sus pares en el mundo y no el aplauso de sus iguales parias. En otras palabras, la actitud de los representantes de la autoridad venezolana ante la masacre ha sido la barbarie del discurso y la acción disfrazada en consignas revolucionaria. 

Muchos detalles señalan que los asesinos múltiples de Venezuela no fueron cuadros de las FARC o el ELN, la otra tenebrosa organización colombiana que junto con los llamados "paramilitares" de ese país compiten en crueldad y sevicia para ejecutar crímenenes masivos. Los rituales de muerte que se supo ejercieron los asesinos de Venezuela los diferencian de manera evidente. 

En operaciones, la guerrilla colombiana no combina indumentaria. Los responsables de la masacre de El Táchira usaban prendas militares en la parte baja y camisetas estampadas con imágenes de "El Che" Guevara, algunos de ellos y otros de simples paisanos. Las FARC en los últimos tiempos utilizan prendas negras completas en cada pieza, además de las tradicionales botas "pantaneras". El llamado ELN tampoco mezcla prendas y usa, en general, camuflado completo.  

Eso mismo ocurre con las formaciones de antiguerrilla ilegal y de custodia y responsable de producción de alucinógenos o cultivos ilícitos, conocidos como paramilitares. Estos últimos, después de la desmovilización que promovió el presidente Álvaro Uribe, han constituído pequeños grupos señalados por el estado colombiano como BACRIM (bandas criminales).  

Lo cierto es que lo ocurrido y ampliamente divulgado sobre el asesinato de una decena de jóvenes inmigrantes pobres de América Latina a Venezuela tiene antecedentes y parece ser un aviso: cualquier persona que ingrese a ese país y se sospeche de él, puede ser muerto con la indiferencia cómplice del gobierno o con una doble muerte, si se le suma al asesinado la responsabilidad de ser un sujeto -el muerto- un potencial peligro para el estado venezolano. 

Al parecer la similitud "bolivariana" del gobierno de Caracas con su predecesor en las acciones de independencia del siglo XIX es la de la condenable "guerra a muerte" que en nada favoreció a la imagen del prócer que se pretende emular. Por lo pronto, puede decirse al margen de lo señalado que estas muertes no son las primeras y por su secuencia, pareciera que no serán las últimas.  

Ya se sabía que el principal precedente fue el asesinato y descuartizamiento en Maracaibo, hace dos años, de dos integrantes del ejército colombiano que hacían seguimientos de jefes de la guerrilla, quienes se sospecha tienen su retaguardia y refugio en territorio venezolano fronterizo con Colombia. A principios de 2007 el capitán de inteligencia del ejército de Colombia, Camilo González y el cabo Camilo Martínez fueron asesinados después de varios días de tortura y devueltos a Colombia como cadáveres, con relativo sigilo. De tal forma que lo ocurrido en El Táchira es un eslabón en la cadena de crímenes que, se supone, no concluirá en la última masacre referida. 

Expertos han señalado que estos asesinatos son responsabilidad de grupos especiales de las milicias del vecino país que hacen el "trabajo sucio" que las fuerzas institucionales no podrían realizar -o no deberían- dentro de los márgenes de la moderna juridicidad nacional o internacional, producto de la vieja experiencia humana para construir en Occidente el estado de derecho. Una represión clandestina extremista que cabe determinar si se realiza con la aprobación abierta o sorda de mandos medios a altos de la institucionalidad venezolana.  

Si así fuese, se estaría en presencia de grupos de "acción directa", para definirlos en el lenguaje que se utilizó en Italia en tiempos de Mussolini, de fuerzas paralegales o "paramilicias". Las milicias bolivarianas han sido promovidas como formaciones paralelas a las fuerzas armadas y policiales tradicionales, dentro de la concepción imaginada como revolucionaria en la manifiesta termocefalia del presidente Hugo Chávez (aresprensa.com)


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