>>>VEA: LENGUA ESPAÑOLA EN FILIPINAS

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EL LEGADO DE CORAZÓN AQUINO / ACADÉMICO-PROFESIONAL

Publicado el 27 de enero de 2010 / 22.45 hora de Bogotá D.C. 

 

EL LEGADO DE CORAZÓN AQUINO 

Al fallecer en el inicio del segundo semestre de 2009 y antes de que aparezca el olvido o la ceguera frente a Filipinas, el único país con raíces latinas en el Asia, es importante para los pueblos de América Latina poner de relieve la memoria de Corazón Aquino y el importante legado que dejó, incluso el negativo, en ambas orillas del Océano Pacífico. La saga de la primera presidenta del Asia en un país que recobraba la legalidad de las dinámicas democráticas, en el mismo momento en que idéntico proceso se producía en América Latina -al promediar la década de los años 80- fue una acabada imagen de los tiempos. Además, fue un ejemplo del cual los latinoamericanos no hemos aprendido aún a cabalidad para disolver atavismos retrógrados. Entre ellos, la vocación por el apoyo al caudillo autoritario y mesiánico. 

Escribe: Néstor DÍAZ VIDELA 

Esto es lo principal que nos dejó Corazón Aquino a quienes recibimos una visión de acceso al mundo moderno y a Occidente construida desde la sensibilidad latina e hispana, como identidad que compartimos filipinos e hispanoamericanos. Pero al tiempo, como contrapartida, debe señalarse que la señora Aquino terminó volviendo la espalda a las raíces conjuntas de esa herencia, al eliminar por el acto constitucional de 1987 al español como asignatura obligatoria de enseñanza pública y comenzar a tratarla en el Archipiélago como una "lengua extranjera".  

Un verdadero dislate cultural e histórico que inició su contradictor de la hora, Ferdinando Marcos, quien en los años 70 había marginado la oficialidad de la lengua española como instrumento de comunicación propio del estado filipino. En efecto, desde 1946 cuando el Archipiélago accedió a su independencia definitiva y completó primero una confrontación con las armas, a partir de 1896 contra España, y después contra la presencia de Estados Unidos hasta el final de la primera década del siglo XX, la lengua española compartió oficialidad en conjunto con el inglés y el tagalo. En ese sentido, fue el inglés y no el español la lengua que se impuso con la fuerza arbitraria del vencedor por la administración norteamericana. El tagalo en cambio, es un habla ancestral de las islas en conjunto con otro casi centenar de dialectos locales.

 La calmada imagen aparentemente débil al principio, de la dirigente filipina fallecida el año pasado, apareció al promediar esa década, gozne histórico -los 80- para desafiar la férrea dictadura de Ferdinando Marcos que, nimbada de corrupción y autoritarismo se había impuesto en Manila desde los años 60. Marcos había vencido en elecciones a Diosdado Macapagal en 1965 y a partir de ese momento se había atornillado de manera paulatina en el poder, como lo habían hecho antes históricos y potenciales dictadores latinoamericanos y también aspiran hacerlo ahora.  

Aquino venció a una figura literaria como Marcos -quien parecía un déspota no ilustrado sacado de la literatura de Augusto Roa Bastos o Gabriel García Márquez, como estampa del realismo mágico y tropical que pinta al dictador- con un arma propia de la filosofía oriental que en esos tiempos finales del siglo XX, ya era una propuesta universal de nuevas formas de las costumbres políticas: la no violencia.  

En efecto, la lucha sin disparos fortalecida con la potencia de la espiritualidad que fue bandera de resistencias para el movimiento de Gandhi en la India, tuvo otra manera de representación en la movilización popular que puso de abanderada a Corazón Aquino, luego del asesinato de su esposo, Benigno Aquino, y finalmente desplazó a la perversa hegemonía de Marcos. Ese fue uno de los principales legados políticos que dejó para la historia el paso de la señora Aquino por el señorial y manileño Palacio de Malacañáng.  

La representatividad de la mujer y su relieve en las sociedades asiáticas fue otro de los aspectos que tuvo en Corazón Aquino como figura histórica. Algo trascendental frente a países cercanos donde la mujer sigue ocupando un rol secundario e incluso denigrante para la visión de un occidental, pues se encuentra relegada, sigue así, y las barreras culturales le siguen negando una ciudadanía plena.  

Esa impronta es un distintivo de Filipinas frente a los otros países asiáticos y es al tiempo algo que acerca a ese país insular con nuestro continente latinoamericano y a la cultura heredada desde España, afirmada en ese mismo sentido, por el paso de los Estados Unidos en la administración de las islas. Resulta evidente que la saga histórica que inauguró Corazón Aquino no fue casual puesto que hoy Gloria Macapagal Arroyo en la primera magistratura del país, señala el primer plano social y político que tiene la mujer filipina. 

Pero esa marca indeleble para la historia del Asia y para mérito de la mujer latina tiene al tiempo la sombra de la condena a desaparición que hizo Corazón Aquino y sus seguidores a la lengua española en el Archipiélago. Nada más censurable que la decisión constitucional de 1987 dirigida a eliminar del currículo oficial de todo el espectro educativo filipino la asignatura de español y su marginalidad consecuente, tal como podría ser para los filipinos el ruso o el alemán. Una verdadera barbaridad histórica y sin atenuantes para esos dirigentes filipinos de la hora, liderados por doña Corazón Aquino.  

Algo inconcebible, pues el habla de Cervantes fue idioma oficial de las islas durante trescientos años y lengua principal de sus próceres de independencia. Un grave pecado cultural, histórico e institucional que ha comenzado a recortar su sucesora, Gloria Macapagal Arroyo y el actual ministro de Educación, Jesli Lapus.  

Descanse en paz la señora Corazón Aquino. Nosotros en América Latina no lo haremos mientras la lengua española no vuelva a afirmarse como vínculo de relación básica con el mundo y en particular con los pueblos latinoamericanos a los que Filipinas se encuentra unido por encima de cualquier acción pasada, presente o futura, en sentido contrario. Interés que, en absoluto, debe estar acompañado de la intención de marginar el inglés, ya incorparado al imaginario y uso cotidiano de los isleños. 

Esa actitud es diametral a lo efectuado por los norteamericanos cuando ocuparon las islas en 1898. Ellos prohibieron el español, tal como en la actualidad lo mantienen proscrito en California, en clara violación a los derechos humanos, antes y ahora (aresprensa.com).  


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