NADIE TIENE LA VERDAD CUANDO SE INVOCA  A MARX / PENSAMIENTO / A-P

Publicado el 22 de abril de 2010 / 18.50 hora de Bogotá D.C.

 

NADIE TIENE LA VERDAD CUANDO SE INVOCA A MARX 

Leer a Carlos Marx se ha convertido en muchos espacios académicos, un ejercicio de arqueología intelectual, alcanzándose a memorizar alguna que otra frase aislada. Pero ello no explica porqué Marx se convierte, a la par, en referencia habitual en muchas latitudes, y constituye, sin lugar a dudas, un clásico del pensamiento contemporáneo. Para pretender entender a Marx hay que estudiar las condiciones de su producción de conocimiento y su contexto de vida. Eso obliga al lector a descubrir los referentes que dotan de sentido a lo expuesto por el pensador alemán. Esto es, decodificar y contextualizar su obra, para "descubrir su lógica de pensamiento", asumiéndose entonces una postura de cuestionamiento fructífero que puede señalar nuevos derroteros en la apropiación de la estructura conceptual del pensamiento marxista. Pero nadie puede suponer que tiene la verdad cuando saca conclusiones sobre la obra de este crítico de la Modernidad que nunca renunció a ella. 

Escribe: René VALERA* 

Algunas claves de contexto para abordar el pensamiento marxista deben comenzar por esa noción generalizada llamada Modernidad. De manera arbitraria, es posible hacer una lista breve de esas claves.  

MODERNIDAD Y EFECTOS EN LA SUBJETIVIDAD 

El desarrollo de la modernidad ha sido el resultado de procesos de cambios sociales en la estructura económico-productiva, la organización político-institucional y en los paradigmas simbólico-legitimadores, y de sus interacciones. Se ha identificado como principios, que funcionan como rasgos generales de la Modernidad, los siguientes:  

  • El principio del individualismo. El individuo pasó a desempeñar el papel central en la sociedad, en lugar de la comunidad, la tribu, el grupo, la nación.  

  • El principio de la diferenciación. El surgimiento de una gran variedad de posiciones y opciones que se presentan ante el individuo en la producción, el consumo, la educación, los estilos de vida, entre otros. 

  • El principio de la racionalidad. Extensión del principio de la calculabilidad a todas las esferas sociales, la despersonalización del trabajo, burocratización.  

  • El principio del economicismo. La dominación de toda la vida social por actividades económicas, por fines económicos y por criterios económicos de consecución.  

  • El principio de la expansión. Sólo puede existir en la medida en que se expande en el espacio, abarcando áreas geográficas cada vez mayores, pero también en profundidad, alcanzando las esferas más privadas e íntimas de la vida cotidiana(1).  

La modernidad significó la liberación del individuo de los vínculos de dependencia personal, de los poderes absolutos, mediante la construcción de un ordenamiento jurídico basado en la primacía de la ley, en la igualdad formal y en la generalización de las relaciones monetarias mercantiles. La coacción política sobre las personas se transformó esencialmente en coacción económica, basada en la necesidad de conseguir dinero para adquirir bienes indispensables para sobrevivir(2).  

La sociedad moderna es abierta y en constante cambio constante. Esa "aceleración del presente" ejerce sus efectos sobre los seres humanos y su subjetividad. Situados en un campo de tensiones sin precedentes, las personas vivencian la ruptura y el desgarramiento como elementos permanentes de su experiencia cotidiana. 

Las exigencias que presenta ese dinamismo de cambio provocan el desarrollo de las necesidades, capacidades, deseos, aspiraciones, de los seres humanos, que -sometidos ahora a permanente presión- se ven forzados a innovar, a desarrollar su creatividad, simplemente para poder sobrevivir. 

Estos desafíos existenciales para el individuo y la sociedad deslegitiman el recurso de acudir a códigos morales afincados en la intemporalidad y la trascendencia. Se impone entonces la necesidad de pensar "criterios objetivos de valoración"; por lo que la sociedad burguesa tenía necesariamente que invocar la "racionalidad implícita en la realidad" para demostrar la pertinencia del cambio. 

Los criterios valorativos éticos, políticos y económicos, entre otros, debían inferirse a partir del descubrimiento de la racionalidad intrínseca a la propia dinámica de funcionamiento de la nueva sociedad. La nueva época tenía que evaluarse desde su propia racionalidad, desde sí misma. 

Sólo es posible valorar un objeto cuando se lo confronta con algo diferente a él. La modernidad debe fundamentarse a partir de sí misma y, para ello, el concepto de racionalidad se vuelve esencial y definitivo, pues brinda el principio de inmanencia, necesario ante el nuevo desafío.  

Si un patrón de evaluación puede considerarse legítimo es porque expresa la racionalidad esencial del objeto. Esto es, para evaluar un proceso económico se le confronta con las leyes de la economía, con la racionalidad económica. Los procesos y comportamientos políticos se evalúan desde la racionalidad política. 

En síntesis: la sociedad moderna es racional, sólo puede evaluarse confrontándose consigo misma. 

En respuesta a ello, surge en la segunda mitad del siglo XVIII, una forma de pensamiento, ocupada en descubrir los principios de racionalidad inherentes a las distintas formas particulares de actividad humana, las llamadas "ciencias sociales particulares". Esto es: la economía política, encargada de descubrir las leyes que rigen la actividad económica; la ciencia política, ocupada con las leyes de la actividad política, por identificar sólo a dos áreas, que redefinieron la finalidad de la reflexión teórica. 

Para los beneficiados con la realidad impuesta por la modernidad capitalista, esta reorientación del pensamiento fue asumida sin mayores sobresaltos. Pero no podía ser satisfactoria para los que rechazaron los efectos devastadores que ese sistema social imponía a los seres humanos y a la naturaleza misma, con la consecuente degradación de la valoración moral a mera especulación.  

Si la racionalidad objetiva era presentada como el obstáculo infranqueable a toda consideración moral, el pensamiento revolucionario tenía que desmitificar el reino de la racionalidad y, traspasando la apariencia, descubrir el carácter dialécticamente contradictorio de esa racionalidad. Era preciso confrontar la racionalidad del capitalismo con ella misma. Toda la obra de Marx estuvo dirigida a ese propósito. 

CRÍTICA A LA SOCIEDAD CAPITALISTA  

Recordemos que un aspecto esencial de la ideología liberal lo constituyó la aceptación ingenua de la relación entre crecimiento económico, desarrollo científico-técnico y aumento de la libertad y la felicidad humanas. Marx, confrontado con las duras realidades de la pauperización de la población obrera como resultado de la expansión de la producción industrial capitalista, destacó la falsedad de aquella idea.  

Marx no sólo rechazó esa realidad sino que se preguntó: ¿Cuáles son las causas que conllevaban a que el aumento de la capacidad transformadora de la humanidad y la profundización de sus conocimientos tuvieran como consecuencias la desdicha y el sufrimiento del ser humano? Y descubre la relación contradictoria entre los procesos de racionalización capitalista y los procesos de producción de la subjetividad humana. La expansión del capitalismo iba acompañada del aumento del alcoholismo, la anomia social y la enajenación de los individuos.  

¿Por qué el triunfo de la razón conducía a la sinrazón de un mundo desgraciado? ¿Qué características adquiere la razón y la racionalidad en la sociedad capitalista? ¿Cuál es la esencia de la racionalidad capitalista?  

Éstas fueron las preguntas que Marx se propuso responder , y para ello apeló al legado del conocimiento teórico anterior, asumiendo lo mejor del mismo, reconociéndose que de Hegel tomó la concepción del sujeto como ente que existe en la medida en que se produce, y la comprensión de la producción como objetivación(3). De Feuerbach, trabajó la idea de que el sujeto es el ser humano, pero no entendido como individuo aislado, sino como ser genérico, como ser social, y que por ende su esencia es la intersubjetividad. 

Los esfuerzos teóricos de Marx estuvieron dedicados a investigar el proceso del trabajo en el capitalismo, y se dedico a estudiar los aportes de la teoría económica, llevando a confirmarle la comprensión de que "el trabajo constituye la actividad esencial del ser humano, donde los seres humanos producen la base material de sus vidas". El estudio de las características esenciales que asumía el trabajo en la sociedad capitalista se constituía en momento esencial para poder aprehender la racionalidad de esa sociedad.  

Marx comenzó por colocarse en las posiciones teóricas desde las cuales la economía política estudiaba el proceso de producción económica, para comprobar qué es lo que esta ciencia social particular nos podría aportar. Se preguntó: si el trabajo es la fuente del valor, ¿por qué en la sociedad capitalista el trabajo tiene un valor cada vez menor? Si el capitalismo ha generado un desarrollo de la técnica que provoca un crecimiento indetenible de la riqueza del mundo ¿por qué el aumento del valor del mundo de las cosas está acompañado de la desvalorización del mundo de los seres humanos? 

Marx, utilizando el acervo teórico desarrollado por la filosofía clásica alemana, entendió al trabajo como una actividad en la que el ser humano, al producir bienes económicos, además se produce a si mismo, produce a los demás seres humanos y produce al trabajo mismo. El trabajo no es simplemente una actividad económica: es la actividad humana por excelencia, pues es en ella que se produce la esencia de los seres humanos. 

En el trabajo se produce el sistema de relaciones sociales, es la actividad en la que los seres humanos realizan su humanidad en sentido estricto. En el trabajo el ser humano se objetiva: el objeto producido en el trabajo es expresión de las necesidades, deseos, capacidades, y sensibilidad de los seres humanos que lo han producido. El objeto producido es instrumento de la realización del ser humano, medio de su existencia.  

Pero plantea que en la sociedad capitalista ocurre todo lo contrario: el ser humano no se realiza en el trabajo, sino fuera del trabajo. El trabajo se ha convertido en una actividad embrutecedora, monótona, que los individuos realizan bajo el imperativo de la coerción económica, pues necesitan vender su fuerza de trabajo para obtener dinero con el cual pueden satisfacer sus necesidades.  

El objeto producido ha dejado de ser medio de la realización de la subjetividad del individuo, de su ser esencial, y se alza ante él como un obstáculo a su realización. El trabajo en la sociedad capitalista deviene en algo hostil al ser humano, algo que se le enfrenta y lo subyuga. El trabajo en el capitalismo se ha convertido en trabajo enajenado. 

La formulación de la categoría de "trabajo enajenado" fue un resultado de la reflexión teórica desarrollada por Marx, y a la vez un punto de partida para resultados posteriores. Fue desde la valoración de los efectos negativos que el proceso de producción en el capitalismo ejerce sobre la subjetividad humana, que Marx fundamentó su rechazo a esa sociedad. 

De acuerdo con la visión relacional de la realidad social, se puede llegar a las siguientes conclusiones del pensamiento de Marx, siguiendo con las reflexiones de J. Luis Acanda: 

  • En la modernidad, el mercado se convierte en el objetivo de la economía. La economía capitalista, más que una economía de mercado, es realmente una economía para el mercado.  

  • Al contrario de lo que es propio de los modos históricamente anteriores de existencia del mercado, el mercado capitalista no tiene como finalidad las necesidades humanas, sino exclusivamente su propia expansión ilimitada. Su objetivo no es el ser humano, sino él mismo.  

  • El propósito del proceso de producción capitalista no es la creación de bienes para satisfacer las necesidades de las personas, sino la creación de la plusvalía.  

La aparición del capitalismo implicó la transformación en mercancías de los tres bienes fundamentales para la sociedad: la fuerza de trabajo, la tierra y la moneda. Las consecuencias de esto para la sociedad han sido y continúan siendo dramáticas. Para decirlo más claro: la mercantilización de la vida, de la naturaleza y del símbolo abstracto creado para medir el valor(4).  

Marx destacó el carácter internamente contradictorio de la racionalidad capitalista, y con ello pudo anclar en la inmanencia su crítica a la realidad existente. La tendencia al libre desarrollo del individuo es una posibilidad generada por la propia realidad, es un elemento constituyente del ser, que es aplastado por la tendencia a la unilateralización del ser humano, tendencia que se expresa en el carácter esencial de la plusvalía.  

Marx pudo constituir el deber-ser desde el ser, porque demostró el carácter internamente contradictorio de este último, y se apoyó en una de estas tendencias dialécticas para la fundamentación objetiva de los principios de valoración. El rechazo de Marx al capitalismo no es una condena de carácter fundamentalista. No consideró que cualquier forma de organización social pre-capitalista hubiera sido mejor o preferible al capitalismo 

Para Marx, el capitalismo ha sido lo peor que le ha ocurrido a la humanidad, pero a la vez también es lo mejor. Al imprimir un dinamismo de cambio, al abrir paso a la universalización de las relaciones sociales, al desarrollar el sistema de necesidades humanas, el capitalismo sienta las bases para el desarrollo de la intersubjetividad, fundamento de la subjetividad humana. Pero esa tendencia es subordinada a los imperativos de la producción de plusvalía, que conduce a la unilateralización del individuo. 

La divisa del capitalismo es: "compro, luego existo". En la propia racionalidad capitalista existen dos tendencias dialécticamente contradictorias: la tendencia al desarrollo del individuo y la tendencia a su aplastamiento. Esta última tendencia es la que Marx consideró irracional. Es decir: consideró irracional un momento constitutivo de la racionalidad capitalista (aresprensa.com).

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*René Valera es PhD. en educación, de la Universidad de La Habana.

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BIBLIOGRAFÍA 

(1)ACANDA, Jorge Luis y ESPEJA, Jesús. Modernidad, ateísmo y religión. La Habana: Convento de San Juan de Letrán, 2004. 

--------. La preocupación Ética. Apuntes de un curso. La Habana: Aula Fray Bartolomé de Las Casas, 2006. 

(2)MARX, Carlos . Manuscritos económicos y filosóficos de 1844. La Habana: s./n.,1965.  

(3)STZTOMPKA, Piotr. Sociología del Cambio Social. Madrid: Alianza, 1995.  

(4)BARCELLONA, Pietro. Postmodernidad y Comunidad. Madrid: Trotta, s./d.


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