OTRA CUMBRE ENTRE AMÉRICA LATINA Y EUROPA
Concluyó, al promediar esta semana que se cierra, la llamada Cumbre entre América Latina y la Unión Europea. Un foro que, como otros similares, sirve para alentar asociaciones económicas, visibilizar nucleamientos ideológicos o políticos y calibrar los humores y tendencias de dos regiones que en Occidente son importantes, aun cuando no sean las zonas fundamentales que definen los rumbos del mundo. El encuentro multinacional que se cerró en España fue más bien una antesala de lo que se debatirá en Chile, dentro de dos años. El presidente del país anfitrión en el encuentro de 2012, Sebastián Piñera, no dejó de poner de manifiesto cierta inconformidad con la toma de decisiones para enfrentar los problemas de las regiones comprometidas y también cierta actitud paquidérmica ante sus propias crisis internas, que en la actualidad tienen como protagonistas a las situaciones económicas adversas de los europeos.
Escribe: Rubén HIDALGO
En el marco de esa crisis europea resulta optimista observar la evolución de los tratados de libre comercio entre países y bloques de ambos continentes y el retraso en el avance de otros. Entre los primeros, los acuerdos y Europa y Centroamérica, o los similares que se firmaron por parte de Perú y Colombia, anuncian una marcha favorable para otros que están en espera, incluso uno con el Mercosur que sigue sometido a la crítica por parte de los productores del viejo continente.
El bloque del Foro de São Paulo estuvo ausente en número de manera sugestiva, en momentos en que la crisis frente a los desarrollos nucleares de Irán evolucionaban hacia soluciones parciales estimuladas por la intervención de Brasil. Mientras tanto, su antiguo rival del Río de la Plata, la Argentina, hizo despliegue de protagonismo en escenario y micrófono pero con una importancia concreta menor que el Brasil de Lula da Silva.
El desborde verbal de Cristina Fernández, que fue más notorio en esta cumbre, alcanzó para el apoyo al suspendido juez Baltasar Garzón y su persecución a los mandatarios de facto y protagonistas de la represión a los grupos ilegales armados y sectores políticos de oposición en América Latina durante los años 70. Exaltación que es un subrayado a su propia política interna en ese sentido y continuidad de la de su antecesor Néstor Kirchner, sospechosa al tiempo de ser lábil y en cierta medida cómplice con las perversiones de una guerrilla que por esos años confrontó con las armas y sin esperanzas, al sistema político de la época y sumergió a las sociedades comprometidas a periodos oscuros de triste recordación.
Visión desviada la del vigente gobierno argentino, que se proyecta en suspicacias sobre una cierta tolerancia con aquellos sectores al margen de la ley que persisten en la impugnación armada a las sociedades víctimas de sus acciones y los atropellos a la población civil, tal como sigue ocurriendo en Colombia.
En la ocasión, el colombiano Álvaro Uribe se despedió de escenarios internacionales de trascendencia. También ratificó su rechazo a las formas irregulares de confrontación al Estado y a la sociedad civil, en momentos en que la justicia ecuatoriana envía mensajes de represalia por el bombardeo al campamento a las FARC, en el 2008. Ataque aéreo que, como se sabe, ocasionó la muerte del jefe irregular, alias Raúl Reyes, y de varios de sus acompañantes permanentes y circunstanciales, entre ellos jóvenes de nacionalidad ecuatoriana y mejicana.
Tanto la justicia ecuatoriana como el titular del poder ejecutivo de Quito, Rafael Correa, siguen hablando de "asesinatos" en la operación que ordenó Bogotá sobre el campamento ecuatoriano de Reyes. Pasa por alto que fue una acción militar en el marco de una confrontación en la que los armados colombianos ilegales utilizan a la frontera como resguardo y puesta a salvo de sus acciones criminales.
Lo ocurrido en aquella ocasión puso de relieve el hecho de que las FARC usan a Ecuador y Venezuela como una suerte de "aguantadero", y resulta evidente también a esta altura de las consecuencias derivadas, que funcionarios del actual gobierno ecuatoriano mantuvieron vínculos equívocos de afinidad ideológica con los violentos colombianos.
La sospecha permanente sobre la actitud del estado ecuatoriano en este terreno, no es demasiado diferente a la que existe sobre la actual conducción de Argentina y de los cercanos socios del Foro de São Paulo: una tolerancia cómplice con los crímenes de los violentos armados que ya han dejado muy atrás sus premisas ideológicas por la moneda de cambio del narcotráfico. En síntesis, tanto los violentos como los supuestos apoyos en los estados que les sirven de soporte solapado, siguen la confrontación a través de las llamadas "guerras, política, mediática y jurídica". Eso es lo que reapareció en esta cumbre Europa-América Latina.
La ausencia de Venezuela se encuentra en ese mismo marco, codo a codo con la posición de Ecuador y de otros países ligados con esa esfera de relaciones y ello se hizo evidente en esta mesa. La impugnación al proceso político que siguió Honduras después de la defenestración del presidente Manuel Zelaya aparece en idéntico encuadre, enmascarada de una defensa de la democracia en la que no suelen ser un buen ejemplo los gobiernos inculpantes.
Al cierre de cuentas y de balance de fuerzas, la firma de tratados de libre comercio entre Europa y Centroamérica o los que se rubricaron por los dos dos países de la región andina con los europeos deja una buena sensación. Es cierto que siempre aparecen con buenos argumentos sectores que rechazan esas formas de homogenización económica y productiva que siguen precipitándose en el mundo.
Pero también es cierto que esas vías de universalización son inevitables como paradigma de la evolución del mundo moderno, ya globalizado en lo tecnológico y parcialmente también en lo económico. No debe olvidarse que acaba de consolidarse el área de libre comercio del sudeste asiático, con nada menos que casi dos mil millones de habitantes y la participación de China.
Otro elemento cierto es que en ese proceso aparecen marchando en sentido inverso al giro de las manecillas del reloj, países latinoamericanos como Ecuador y Venezuela, e incluso Nicaragua. El presidente Rafael Correa fue vertical al respecto y rechazó por principios el que su país avance en el interés por sumarse a firmar tratados de libre comercio. Esto es coherente con la visión paulista -del ya mencionado Foro de São Paulo- de oposición militante a la expansión del capitalismo que contiene la visión de los tratados de libre comercio.
Esa concepción se opone incluso a la visión del propio Marx, quien en su "Discurso sobre el Libre Cambio", había manifestado -parafraseándolo- que "todo aquello que se oponga al avance del mercado es atraso". El pensador alemán hacía esa reflexión castigando, como siempre lo hizo en sus escritos, a las formas de producción precapitalistas.
Sus seguidores actuales en América Latina, algunos en función de Estado aun cuando buena parte de ellos no han leído los textos originales de la "luz guía" marxista o no citan lo que no les conviene, suponen que la esencia de lo revolucionario es caminar hacia atrás y violentar la democracia que utilizaron para encaramarse en la cúpula del Estado. Una curiosidad de esta reunión en terreno hispano fue que los latinoamericanos asistentes, incluidos los replegados y con discursos contestatarios frente a la globalización, tienen mejores cuentas vigentes y con mejores perspectivas que los atribulados europeos (aresprensa.com). Visitas acumuladas para esta nota: 00197
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