UN NOBEL BIEN GANADO / LETRAS / A-P

Publicado el 10 de octubre de 2010 / 23.55 hora de Buenos Aires

Nobleza obliga: el premio a Mario Vargas Llosa mantiene al tiempo la polémica y el reconocimiento 

UN NOBEL BIEN GANADO 

Toda premiación Nobel desata la discusión sobre los méritos del premiado, en particular cuando se trata de los que corresponden a la Paz y la Literatura. La edición 2010 de las decisiones de la Academia sueca no han sido la excepción. En un continente agitado por las dinámicas políticas, como ocurre en América Latina, el anuncio del galardón a Vargas Llosa genera una dinámica especial por la radicalización que produce y produjeron siempre las posiciones ideológicas de Vargas Llosa a lo largo de su vida pública. El escritor argentino Hugo Murno refleja parte de esa sensibilidad.  

Escribe: Hugo MURNO

Es bien sabido que el Premio Nobel de Literatura, como casi todos los otros en otras disciplinas y los de novela o cuentos que se conceden por doquier, levanta siempre airadas protestas y exageradas aclamaciones de satisfacción. Sabido es también que el Premio Nobel de Literatura es esperado siempre con expectativa, aun por aquéllos que lo repudian y, sobre todo, por quienes se mueren de ganas por obtenerlo de dientes para afuera y para adentro.  

Eso más allá del millón y medio de dólares que trae consigo para ir directamente al bolsillo del ganador o ganadora. Mujeres hubo varias entre los premiados hasta el presente: el año pasado le correspondió a la rumana Herta Müller y el de 2007 fue para la británica Doris Lessing. 

Comencemos por el principio: Vargas Llosa se lo merece, nos guste o no el premio en cuestión, creamos o no que es un premio político. En verdad, todos lo son de alguna manera. Acordemos y repudiemos en el mismo giro la ideología del consagrado.  

El actual, desde la exclusiva perspectiva literaria, es justo y no puede negarse que reconoce el trabajo y el valor eminentemente literario, aunque esto sea redundante, del escritor premiado. En definitiva, es uno de los mayores exponentes de la lengua castellana y uno de los mejores de la América Latina. 

Sigamos por lo inevitable y trillado hasta el hartazgo año a año, cada vez que se emite el nombre del galardonado: "pero a Borges se lo negaron". Es verdad que, en palabras del propio Mario Vargas Llosa, a Jorge Luis Borges "el más grande escritor de la lengua castellana del siglo 20", no se lo concedieron y lo merecía más que tantos que fueron coronados por la Academia sueca y pasaron casi inmediatamente al olvido. 

Escritores buenos y no tanto hay muchos y muchísimos son desconocidos más allá del círculo íntimo o de fronteras para adentro de sus países o territorios. Los hay africanos y japoneses, israelíes y asiáticos y también americanos, del norte y del sur del fronterizo y mitológico río Grande o Bravo del Norte que separa el patio trasero del gran patio de habla inglesa que hoy tiene al español casi como su segunda lengua. Europeos también, por supuesto, que son los más. Aunque ninguno lo diga, todos o la mayor parte de esos desconocidos querría alguna vez ver su nombre al lado del ambicionado galardón Nobel de cualquier año.  

Pero esta vez ese codiciado Nobel quedó en este lado del mapamundi y a pesar de las diferencias con el feliz autor, su escritura nos subyugó allá por nuestra adolescencia, junto con las lecturas que hicimos de Julio Cortázar y Abelardo Castillo, William Faulkner (Nobel) y Ernest Hemingway (Nobel), Juan Carlos Onetti y Ernesto Sábato. 

Aunque también hubo lecturas de Ítalo Calvino y Alejo Carpentier, Henry James y Joseph Conrad, Franz Kafka y Antón Chéjov o Lev Tolstoi. Porque los rusos no pueden estar ausentes de cualquier lectura ávida primeriza o madura. En aquella primera lista que coronan los rusos debe sumarse Fiodor Dostoievski y el recuerdo de Tolstoi debe servir para recordar que fue de los que no ganó el Nobel. 

Pero en la reminiscencia de lecturas con ocasión del Nobel y de quienes lo ganaron o fueron ignorados por la Academia, debe incluirse a Gustave Flaubert (quien no fue contemporáneo del Premio) y Albert Camus (Nobel), Virginia Woolf y Norman Mailer, Truman Capote. Raymond Chandler, Dashiell Hammett, Saul Bellow, Paul Bowles o Flannery O'Connor. El recuento sigue y, por supuesto se suman otras lecturas, de esa época, más tardías y también actuales, empezando por Borges, junto con Cervantes, Sarmiento, Poe, Verne, Salgari, Mansilla, Echeverría, Viñas, Saenz, Maupassant, Hugo, Shaw, Bertolt Brecht y Philiph Roth, Julian Barnes, Antonio Tabucchi y Amos Oz.  

El ahorro de espacio obliga a interrumpir el archivo de nombres y, además, es necesario para evitar la presunción de erudición literaria. Cervantes, Shakespeare y Dante, por citar dos o tres de los más grandes de todos los tiempos, escribieron sin pensar en un Nobel que no existía y es cierto que se lo hubiesen merecido. Otros, como Jean-Paul Sartre, lo rechazaron y conmocionaron con esa actitud al orbe en su época, sin que las cosas afines y, en general nada, se alterase. 

Hoy mismo se está gestando ya el Premio del año 2011, cuando aún no salieron a la venta en librerías las urgentes reimpresiones, que exige la lógica de la demanda, de Los Jefes, La Ciudad y los perros, Conversación en la catedral, La Casa verde, La Tía Julia y el escribidor, Pantaleón y las visitadoras. Paremos ahí, porque en mi opinión la producción posterior a esos títulos del nuevo Nobel ya no es lo que fue. 

Eso no obstante que considero excelentes sus artículos periodísticos que, cada domingo, publica el diario El País de Madrid, con un sesgo político correcto -para la hora actual- de centroderecha liberal, el cual no comparto pero que no puedo dejar de leer, observar y respetar en lo personal y profesional, desde una orilla ideológica distinta. 

Me gusta el Vargas Llosa escritor o, con más precisión y parafraseando lo dicho en la Feria del Libro de Frankfurt cuando se conoció el nombre del premiado, por el editor argentino Daniel Divinsky: "Lo pensé mucho y tengo sentimientos encontrados. Creo que podría haber sido peor".  

El primer Vargas Llosa le encantaba al primer Divinsky. Después no se gustaron tanto. Ni mencionar que lo gane Juan Gelman, por una multitud de motivos. Tal vez porque esa declaración es apenas una evidencia de la polémica anual que desata el Nobel, sea de Literatura o de la Paz (aresprensa). 

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* Hugo Murno es escritor y periodista argentino. Es también corresponsal permanente de la Agencia de Prensa ARES, en la capital federal argentina.  


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