EN CONTRAVÍA: UN RIESGO QUE TOMA EL GOBIERNO DE JUAN MANUEL SANTOS / GRAN TITULAR / ACTUALIDAD

Publicado el 07 de noviembre de 2010 / 21.30 hora de Bobotá D.C.

Vísperas de Cumplir 100 Días de su Mandato en Colombia  

EN CONTRAVÍA: UN RIESGO QUE TOMA EL GOBIERNO DE JUAN MANUEL SANTOS 

Aunque muchos persisten en negarlo y negárselo, en Colombia la direccionalidad que el nuevo presidente Juan Manuel Santos le está dando a su Administración es diferente en lo sustantivo a la concepción de Álvaro Uribe en temas delicados, tales como la estructura de seguridad del país y la prevención frente sus, por ahora, solapados enemigos tanto externos como internos. Por momentos pareciera que la orientación heredada y mantenida en el discurso, en realidad está en proceso de desmantelamiento. Los antecedentes universitarios en Gran Bretaña y la cercanía del Santos de esos años con la "oxbridge" londinense podrían dar claves para explicar una cierta sensibilidad populista del nuevo presidente colombiano y la por momentos desconcertante manera de mover el timón del Estado.  

Escribe: Enrique MILLÁN  

Desde el cambio de protagonistas en la conducción del estado colombiano, el 7 de agosto e incluso antes, Juan Manuel Santos comenzó a poner de relieve cuál sería su hoja de ruta y sus diferencias de visión con su antecesor, el expresidente Álvaro Uribe. Un cambio en el cual, para su proceso de construcción, era necesario de dientes para afuera manifestar respeto y consideración con el dueño de los nueve millones de votos que le permitieron ocupar la bogotana Casa de Nariño.  

Esas señales que comenzaron antes de las elecciones y que dejaron atrás tanto las pretensiones de Antanas Mockus, románticas y chapuceras en el manejo de coyunturas, como la también chapucera aspiración de reelección del entorno de Uribe, se pusieron de manifiesto con la elección de quien lo acompañaría en el primer plano del manejo del complejo estado colombiano. Sin razones aparentes, sin compromisos puntuales de clientela, sin una hoja de servicios al país que mostrase un techo coincidente que fuese aval de tal candidatura, el nuevo presidente de los colombianos le envió a su pueblo un mensaje inequívoco de su vocación populista: eligió para vicepresidente a Angelino Garzón.  

Garzón convoca el calor emotivo de su pasado sindicalista y de su capacidad para ascender socialmente rozándose con la burocracia profesional que siempre administró el país, lo que en la nuez de la actitud personal no es criticable e incluso es legítimo. El punto no es ese. Sí lo es el de los méritos personales y su equilibrio con las aspiraciones. Por ejemplo, la aspiración lograda de ser vicepresidente del país. 

En su ascenso, el hoy vicepresidente de Colombia escaló peldaños con bajo perfil y andar cansino, campechano incluso, que puede despertar cierta ternura pero que no resiste una análisis racional sobre el fuste de un candidato al segundo rango del Poder Ejecutivo. Su paso como ministro de Trabajo del presidente Andrés Pastrana fue gris, marcó su imagen en tal sentido y le dejó también aquel rótulo de perfil, por debajo de la línea de los méritos. Vale recordar que fue en la gestión Pastrana cuando Colombia se agitó con un fracasado y traumático proceso de paz con las FARC en el cual Garzón pudo haber jugado un papel diferente, incluso brillante, por su origen cercano a la crítica del statu quo. 

Después de su paso por la cartera del Trabajo hubo en Garzón un largo silencio, en algún momento ocupado en el dorado trajín diplomático y una gobernación lograda con votos en su natal departamento de Valle del Cauca, en la que impulsó unos diálogos locales con la guerrilla que lo llevaron a enfrentarse con el presidente Álvaro Uribe. El Valle es una de las regiones estratégicas de Colombia, localizadas en el centro sur del país. Rica en producción agrícola e industrial y corredor estratégico de los grupos armados ilegales que, en colusión con el narcotráfico, lo pretenden como vía de acceso al Océano Pacífico y, en reversa, como camino logístico para el ingreso de armas y materiales críticos necesarios en el procesamiento de droga. 

Los irregulares exigían el "despeje" de dos localidades de la región que gobernaba Garzón para facilitar sus aspiraciones, las inmediatas de diálogo distractor y las verdaderas: el manejo de los senderos de paso. Uribe vetó las intenciones, pero Garzón se destacó hasta hoy en la continuidad de la vocación por abrir diálogos con los irregulares, a despecho de los riesgos que contienen las reales pretensiones de los armados frente al Estado con la apertura de tales conversaciones: ganar poder estratégico, no la paz. En esa dialéctica persiste el actual vicepresidente de Colombia, un adecuado exponente del apparatchick sindical.  

REALITY EN SANTA MARTA 

Otro paso desafiante del nuevo presidente frente a su predecesor fue la apertura del diálogo con el gobierno de Caracas, a cambio del silencio de Bogotá en lo que hace a las complicidades y apoyos de Venezuela a los impugnadores ilegales de los gobiernos y procesos democráticos de Occidente, no solo en América latina. Señalamientos que no surgen únicamente de acérrimos opositores al llamado Socialismo del Siglo XXI.  

Nadie puede decir que España sea una condenable satrapía que atenta contra su pueblo o contra otros pueblos, ni un hirsuto país negador de los cambios sociales. Sin embargo, Caracas mantiene un sórdido respaldo a los hombres de ETA, tal como antes lo hizo con Ilich Ramírez Sánchez, "El Chacal", condenado y preso en Francia por una cadena de crímenes ordenados por organizaciones terroristas del mundo islámico. El tema recobró fuerza por el lado del gobierno español, apoyado en confesiones de reclutas de la guerrilla vasca, pero el silencio pactado por la nueva Administración de Bogotá torna ominoso el discreto acuerdo alcanzado en el reciente reality de Santa Marta.  

En el asimétrico cambio de ventajas se taparon con tierra y mano de gato las denuncias que había hecho Colombia en escenarios internacionales sobre los campamentos y espacios de entrenamiento y, quizá, mantenimiento de secuestrados de los irregulares armados internacionales en territorio venezolano. En ese marco, la actitud de Colombia no solo ha sido equivocada, arriesgada y peligrosa en lo político-estratégico, sino abiertamente entreguista. 

Las ventajas del cambio de rumbo en este sentido son aún esquivas. La materialización del pago de las deudas que había acumulado Caracas, con óptica de chantaje, sobre empresarios colombianos en su mayoría pequeños y humildes emprendedores que aspiraban a salir de la probreza y marginalidad, está corriendo a cuentagotas y nadie sabe si se cancelarán en su totalidad, pues eso depende del humor variable del unicato caraqueño. 

APARATOS DE INTELIGENCIA Y JUSTICIA 

Otro aspecto del desmoronamiento de la verticalidad que ejerció Álvaro Uribe en su política de debilitamiento de los grupos armados y apoyados como "frentes de masas" por una parte de las izquierdas nacionales e internacionales termocéfalas, es el tema del manejo de la inteligencia para asegurar la estabilidad del Estado. La revolución silenciosa que dirigió el expresidente fue dirigida contra esa izquierda autoritaria y de vocación dictatorial que ha respaldado siempre de dientes para adentro la erosión vesánica que ejercen los grupos armados contra la institucionalidad, la civilidad y la democracia . 

Esos conscientes suicidas políticos inmersos en el juego de lo democrático y con acceso a los resortes del Estado se han ido fortaleciendo en centros de poder como la Corte Suprema de Justicia, la Fiscalía, también en cierta medida en la Procuraduría y en no pocos medios de comunicación del país. Esa oposición medrosa y a veces larvada, pero siempre virulenta, que fue acumulando Uribe durante su doble mandato, fue saliendo a flote a medida que se debilitaba la subversión armada. 

La larga puja de Uribe para que la Corte Suprema nombre un Fiscal en propiedad es un indicativo visible del panorama señalado y de la politización de esa Corte. En contra de la opinión pública los altos jueces han mantenido más allá de cualquier límite a un Fiscal provisorio al que suponen maleable y adecuado para continuar en esa forma de condenable manoseo y burla de los reclamos del país por un aparato de justicia transparente que garantice a los ciudadanos comunes, eso: justicia. 

Un reclamo básico y apenas lúcido en un país donde la impunidad, según las Naciones Unidas, tiene una marca del 95 por ciento. Algo vergonzoso en su simple mención, mientras su instancia máxima se entretiene en cálculos y juegos políticos, entre otras maniobras condenables, que vulneran la imaginada vocación de institucionalidad de las mayorías.  

En esa misma línea, la orquestación de medios locales para descreditar a los organismos de inteligencia del Estado ha llevado a la casi desintegración del ente civil que cumple esa función y puso en manos de Venezuela y Nicaragua información crítica sobre los riesgos que afronta el país en la coyuntura. Incluso se pretendió, a través de la Fiscalía, el apoderarse para tener acceso a los archivos del DAS que guardan los nombres de agentes en el exterior, lo que le hubiese costado la vida a esos hombres y mujeres que sirven a Colombia en escenarios externos de riesgo extremo. Algo que tiene antecedentes en lo sucedido con dos agentes de la inteligencia militar colombiana en cercanías Maracaibo, hace ya más tres años*. 

En ese mismo giro, la campaña de erosión abrió espacios para que varias ONG europeas y de los Estados Unidos, con representaciones en Colombia, incentiven sus ataques al país con el fin de reducir la voluntad de resistencia de la sociedad colombiana frente a quienes desde sus márgenes armados y discursivos pretenden disolverla. Esa es la estrategia de los manuales de guerra política que manejan las izquierdas no democráticas de todo pelaje. 

Una gran diferencia, contrapuesta, con lo que hace la administración de Washington donde se está librando una dura campaña para que el Estado tenga herramientas sólidas dirigidas a evitar que los organismos de seguridad sean penetrados por agentes ilegales que atenten, en definitiva, contra el mismo Estado. Valerie Caproni, consejera general del FBI, ha dicho que "...el gobierno está tratando de prevenir la erosión del poder de vigilancia..".  

Por lo tanto se exigen tanto una decisión incontrovertible, clara, como una legislación más dura que prevenga las acciones de los enemigos del país. Para dar cumplimiento a ese criterio la administración de Barack Obama, insospechable de connivencia con sectores de derecha, creó una comisión integrada por altos funcionarios del FBI, además de los departamentos de Justicia y de Comercio, con el fin de hacer efectivo el programa contenido en la ley de Communications Assistence to Law Enforcement Act. Un rumbo opuesto, diametral, a lo que ocurre en Colombia y profundiza el gobierno de Juan Manuel Santos. 

DESCENTRAMIENTO JUVENIL 

Una explicación a ese cambio de rumbo no explícito pero sí manifiesto, es posible hallarlo en antecedentes no siempre bien divulgados -o nunca divulgados- sobre los pasos juveniles del actual presidente colombiano. Durante su estancia de varios años en Londres y en condición de estudiante, Santos se codeó con la élite de izquierda londinense, la "oxbridge", que agrupa a núcleos de integrantes de las emblemáticas universidades de Oxford y Cambridge.  

El joven Santos con una mezcla de bohemia y descentramientos propios de su generación y condición social, cultivó amistades, vivencias y aprendizajes de esas comunidades universitarias que, en los pubs que frecuentaban en aquellos años, departían, cerveza de por medio, sobre los temas del Tercer Mundo, el subdesarrollo y las guerrillas. Santos vivió alrededor de una década en ese entorno universitario y debe suponerse que algún sustrato psicológico y valorativo le dejó la confraternidad con la izquierda condescendiente, clasista y radical en la medida que puede serlo ese ínfimo sector de la élite británica, de alguna manera opuesta a la racionalidad inglesa y representativa de la vieja mentalidad imperial, ordenadora del mundo. La oxbridge ha sido el foco de los contestarios ingleses más militantes y agresivos. 

Allí se gestaron los más resonantes escándalos de espionaje de la Guerra Fría. El caso "Kim" Philby** descorrió el velo que tapaba a estudiantes y profesores de esa comunidad, algunos de cuyos miembros habían ingresado al MI6, el servicio de inteligencia exterior británico, y desde esa trinchera de seguridad transmitieron al Kremlin información crítica tanto de Londres como de Washington.  

Otra perla de esa fraternidad universitaria fue el "episodio MacLean", el curador de arte de la Reina y el de varios agregados británicos en embajadas de la OTAN, que le pasaron a Moscú durante años información confidencial. Una buena parte de ellos escapó a la Unión Soviética y eso los pinta en buena medida como parte de una comunidad universitaria que trabaja con las ventajas y las libertades que le brinda su país, pero en contra del mismo, de manera suicida en lo político y estratégico***.  

En este punto debe decirse que una cosa es un bar frecuentado por los universitarios radicales londinenses y otra cosa es el frío del páramo cundiboyacense y la barbarie de los ilegales armados en los campos colombianos, apoyados por la barbarie suicida de sus aliados en la vocería política abierta o solapados en los organismos del Estado. El cambio de rumbo que Santos le está dando a su Administración permite pensar que Uribe, tal como hace cien años lo hizo Theodore Teddy Roosevelt, deberá iniciar una campaña popular para poner sobre la mesa la tergiversación de su trabajo.  

En efecto, el viejo wasp norteamericano, aquel portador del "gran garrote", debió después de su retiro salir a la palestra para combatir los errores de William Howard Taft, quien había llegado al poder a la sombra del mismo Roosevelt. De tal manera que también debe decirse sin dudas que podría cumplirse en Colombia el viejo aforismo de aquel que no aprende la lección de la historia. Ese que por su propia responsabilidad está obligado a repetirla (aresprensa.com).

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*Fueron el capitán Camilo González y el cabo Gregorio Martínez, quienes a comienzos de 2007 habían logrado penetrar las estructuras de las FARC en Venezuela, pero fueron descubiertos por la organización al margen de la ley internacional y entregados a la Guardia Nacional en Santa Bárbara, Zulia. Allí sufrieron la tortura para ser luego asesinados y descuartizados, en una acción conjunta de los irregulares colombianos y efectivos oficiales venezolanos. El hecho atroz fue manejado con condenable mutismo por los dos gobiernos, en abril y mayo de 2007. 

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**Harol Adrian Russell "Kim" Philby fue el más destacado del grupo de dobles espías conocido como "cambridge cinco", quien sirvió junto con Donald McLean en la labor de enviar información crítica de los aliados occidentales a la Unión Soviética, en la postguerra.

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*** En sentido estricto el estudiante colombiano Juan Manuel Santos Calderón no fue parte de la comunidad de las universidades de Oxford o Cambridge. Su casa de altos estudios fue la London School of Economics.  


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